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Rusia amenazada por el déficit de nacimientos y una esperanza de vida mejorable
Rusia es el país más grande del mundo y casi duplica la superficie de China, pero tiene un hándicap que está justo en el reverso del país asiático.
Actualizado 30 septiembre 2017  
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Según la agencia estadística Rosstat, la Federación Rusa cuenta 146,8 millones de habitantes, 3 millones más que en 2012, pero 2 millones menos que en 1993, en el momento posterior a la desintegración de la Unión Soviética.
 

En el primer cuatrimestre de 2017 se registraron 70.000 nacimientos menos que en igual período de 2016

 

Vistos en comparación, los números parecen señalar una tendencia: el decrecimiento poblacional se estaría revirtiendo, con lo que ya se recogen los frutos de la política familiar formulada por el presidente Vladímir Putin en 2006, año en el que, en un discurso ante el Parlamento, calificó el descenso demográfico como “el problema más agudo de la Rusia contemporánea”.

Precisamente para darle solución, aquel año se puso en marcha un programa de apoyo a las familias, por medio del cual se concedieron beneficios económicos a aquellas que tuvieran más hijos (hasta el equivalente de 7.500 euros por el segundo) y se creó una condecoración estatal, la Orden de la Gloria Parental, para los progenitores con 7 o más descendientes.

Los tiempos, sin embargo, han cambiado, y a las turbulencias económicas de finales de la pasada década se le suman al país los efectos de las sanciones occidentales tras la anexión de Crimea en 2014 y el abaratamiento de los hidrocarburos (su principal exportación). En consecuencia, la recuperación demográfica parece haberse detenido justo en este momento. Según Rosstat, en el primer cuatrimestre de 2017 se registraron 70.000 nacimientos menos que en igual período de 2016. Si se mantuviera la tendencia, se confirmaría lo que Putin señaló en 2012 en un artículo en Pravda: que en 2050 la población se vería reducida a 105 millones de personas.

La salud de la población, esa espinita

¿Cómo ha llegado Rusia a este punto? Nicholas Eberstadt, investigador del American Enterprise Institute, se aproximaba al tema en un artículo publicado en 2011 en Foreign Affairs y que titulaba “El oso moribundo”.

El experto en demografía señala que en los tiempos en que Mijaíl Gorbachov dirigió la Unión Soviética (1985-1991), el número de nacimientos en Rusia superaba en 800.000 el de fallecimientos. En 1992, sin embargo, la balanza se inclinó al otro lado, y en las dos décadas siguientes murieron 12,5 millones de rusos más que los que nacieron. Después de la II Guerra Mundial solo se había dado un caso así: en China, entre 1959 y 1961, con el funesto Gran Salto Adelante.

 

En 2015, un bebé ruso podía esperar vivir 70,5 años, menos que uno boliviano o uno salvadoreño

 

En 2016, cinco años después de publicado el texto del investigador norteamericano, la diferencia volvía a favorecer ligeramente al número de decesos: 1.888.700 nacimientos frente a 1.891.000 muertes. Igual ocurre en los países de Europa occidental, pero la diferencia estriba en los sistemas sanitarios, que mientras en estos estados mantienen la salud de la población en altos niveles, en Rusia se deterioran aceleradamente.

Según Eberstadt, en ese país, en 2009, la esperanza de vida al nacer era menor que en 1961. Por su parte, la última actualización de la base de datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) refleja que, en 2015, un bebé ruso podía esperar vivir 70,5 años, algo menos que uno boliviano (70,7) o norcoreano (70,6) y notablemente menos que uno salvadoreño (73,5), esrilanqués (74,7) o bosnio (77,4).

Tras esta desfavorable realidad, Eberstadt hacía notar la grave incidencia del sida y la tuberculosis en el país, pero casi que le restaba importancia al compararla con la de las enfermedades cardiovasculares, tras las cuales estarían los altos niveles de alcoholismo y tabaquismo. Según la OMS, actualmente el 31% de los rusos fuma cigarrillos, no mucho más que los alemanes (28,2%) y franceses (30,1%). Pero en consumo de alcohol puro, con 22 litros por persona y año, los rusos dejan bastante atrás a germanos y galos, con 14,7 y 12,4 litros, respectivamente.

Un obstáculo para el desarrollo

El deterioro de los niveles de salud, sin embargo, es solo uno entre varios factores que apuntalan el descenso poblacional. También estaría la disminución de las uniones matrimoniales, que en 2015, según Rosstat, fueron 1,1 millones, y en 2016 cayeron a 985.800. Se añade a esto el menor número de madres potenciales, debido al retroceso de la fecundidad en los años 90; y el descenso de la inmigración desde países que formaban parte de la URSS, pues además de lo poco atractivo que se ha vuelto el panorama económico ruso, en sus países de origen ya no se enseña el idioma ruso, que fue lengua vehicular de las repúblicas soviéticas.

Una Rusia con población a la baja puede esperar problemas económicos. La escasez de mano de obra conjuga mal con el objetivo de garantizar altos niveles de vida y desarrollar el país, tan rico en recursos naturales.

 

“Los recursos humanos son lo que, en última instancia, cuenta para la riqueza nacional en la economía global de hoy”

 

“Los recursos humanos son lo que, en última instancia, cuenta para la riqueza nacional en la economía global de hoy –apunta Eberstad–. Los recursos naturales pueden aumentar el caudal en sociedades ya relativamente ricas en capital humano, como pueden atestiguarlo Canadá, los Países Bajos y Noruega, pero no son el sustituto del capital humano. En los tiempos modernos, no hay un solo ejemplo de superpotencia de materias primas. Y en cuanto a toda su riqueza energética, Rusia recibe menos por concepto de exportaciones anuales que Bélgica”.

Para conjurar el peligro de quedarse aun más atrás, ya puede el Kremlin buscar fórmulas para darle un nuevo impulso a la natalidad, toda vez que, según informa Moscow Times, con las estrecheces económicas de los últimos tiempos, Putin se ha propuesto “optimizar” algunos servicios –esto es, meter tijera–, de modo que varias iniciativas médicas y sociales en pro de ese objetivo pueden verse interrumpidas. De momento, como se ha visto, el año comenzó con un déficit de nacimientos. // aceprensa.

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