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CARLOS GOEDDER

¿Qué es la Libertad? Responde: Hannah Arendt
La filósofa Hannah Arendt (1906-1975), estudiosa entre otros temas del totalitarismo en el Siglo XX, ofreció una aguda meditación sobre lo que es la libertad en "Entre el Pasado y el Futuro"
Actualizado 22 octubre 2012  
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Carlos Goedder   
                 A la eminente filósofa Gloria Comesaña Santalices, por su Arendt

Los liberales ponemos el acento en la libertad como valor y si bien esa libertad nos parece intuitivamente clara, la meditación sobre el concepto por filósofos e historiadores de las ideas la coloca en una perspectiva más amplia y ayuda a cimentar el concepto en la práctica.

Algo que sorprende es que parece no existir “una” libertad. El historiador de las idea Isaiah Berlin legó definiciones sobre libertad “negativa” y “positiva”, sobre la cual hice una entrega precedente y la citaré al final. Ahora abordo a una filósofa quien hace también su propia distinción entre “libertades” – por cierto, Berlin dijo de ella: “Debo admitir que no respeto demasiado las ideas de esa dama. Muchas personas notables admiraron su obra. Yo no puedo.” (C.f. CONVERSACIONES CON ISAIAH BERLIN, de Ramin Jahanbegloo, citado en www.alcoberro.info ).

Se trata de Hannah Arendt (1906-1975), filósofa germana de raza hebrea y quien tuvo que huir de su país primero a Francia (1933) y luego hacia los Estados Unidos (1941) por el exterminio nazista contra su pueblo. Conocí a esta pensadora gracias a una notable filósofa venezolano-hispana, la profesora Gloria Comesaña S. (sobre quien prepararé un trabajo en breve). La señora Arendt produjo un cuerpo de obras filosóficas donde lo político ocupó lugar clave. Entre sus mejores trabajos están: Los Orígenes del Totalitarismo (1951); La Condición Humana (1958); ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO (1961), objeto de esta reseña; Eichmann en Jerusalén (1963); Sobre la Revolución (1963) y Hombres en tiempos de oscuridad (1968). El estilo expositivo de Arendt cuenta con profunda erudición grecorromana y una prosa elegante, realmente grata estéticamente, por mucho que nos ponga en esa complicada tarea de pensar y repensar.

Una meditación de Arendt sobre Libertad está presente en un ensayo precisamente con el título ¿QUÉ ES LA LIBERTAD?, el cual fue publicado como parte de ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO. Allí Arendt también plantea dos conceptos para libertad y al final insinúa incluso un tercero. Luego, quienes valoramos la libertad tenemos que reflexionar sobre lo escurridizo del concepto y estos pensadores nos muestras que ni siquiera teóricamente es sencillo ser libre. Para este trabajo uso como fuente: ARENDT, Hannah. BETWEEN PAST AND FUTURE. Penguin Books, 2006. Pp. 142-169

Arendt nos señala que el concepto de libertad dista de estar presente en la filosofía grecorromana. Puede resultar sorprendente, mas el concepto de libertad nace con los cristianos, especialmente los conversos San Pablo y San Agustín. Siguiendo a Arendt (traducción propia):

“No hay preocupación con la libertad en la historia de la gran filosofía desde los presocráticos hasta Plotino [205-270 D.C.] el último filósofo antiguo. Y cuando la libertad hizo su primera aparición en nuestra tradición filosófica, fue la experiencia de conversión religiosa – primero de Pablo, luego de Agustín- la que le dio nacimiento.” (p. 144)

Para complicar más el tema, hay al menos dos conceptos de libertad que se pueden rastrear en filosofía. Una viene a ser la “libertad política” y otra la “libertad filosófica”.

Como tema político, la libertad es la razón de ser para la política. Toda coexistencia política aspiraría a la libertad como principio. Siguiendo a Arendt:

“La libertad, además, no es solamente uno entre los muchos problemas y fenómenos del ámbito político propiamente hablando, tales como la justicia, o el poder o la igualdad; la libertad, la cual raramente –en tiempo de crisis o revolución- se convierte en el propósito principal de la acción política, es precisamente la razón por la cual los hombres viven juntos en organizaciones políticas. Sin ella, la vida política carecería de significado. La raison d’ètre de la política es la libertad, y su campo de experiencia es la acción.” (p. 145)

En esta esfera política, la libertad es algo que se vive externamente, es algo de alguna manera observable y con consecuencias políticas. Arendt aterriza esta parte “práctica” del concepto: “…La libertad era entendida como el estado del hombre libre, la cual le habilitaba para moverse, irse de casa, salir hacia el mundo y encontrar otras personas en acción y palabra.” (p. 147) Bajo esta condición, la libertad es experiencia política y por tanto es tanto personal como colectiva. Arendt agrega sobre la necesidad de un espacio político para vivirla: “Sin un ámbito público políticamente garantizado, la libertad pierde el espacio mundano para hacer su aparición.” (p. 147)

Ahora bien, la “libertad filosófica”, la cual se consolida bajo el pensamiento cristiano y también con  el estoicismo –Arendt menciona a Epicteto (55-135 D.C.)-, es un concepto individual. Bajo esta visión, aunque viva en un entorno opresivo, el ser humano se hace libre a sí mismo mediante su pensamiento. Mientras los antiguos enfocan como meta humana la presencia en el mundo, el ganar un espacio en él y tener tanto dominio como poder allí, Epicteto “descubrió que ningún poder es tan absoluto como el que el hombre tiene sobre sí mismo” (p. 146) y es libre quien “se limita a sí mismo a lo que está bajo su poder” (p. 146). Este concepto de una filosofía “interna”, “no política”, fue una novedad y se enlazará con la teología cristiana. Siguiendo a Arendt: “Para la historia del problema de la libertad, la tradición cristiana se ha convertido en el factor decisivo. Casi automáticamente igualamos la libertad con la voluntad libre, esto es, con una facultad virtualmente desconocida para la antigüedad clásica.” (p. 156) Si los griegos y romanos apelaban a la razón para dominar a las pasiones, el cristiano identifica que la razón misma está dividida, que podemos desear tanto lo bueno como lo malo y es la fuerza de voluntad libre la que decide. Aquí surge un concepto de razón dividida, una experiencia interior y la libertad viene a ser una suerte de poder sobre uno mismo para elegir lo bueno. Siguiendo a Arendt:

“Sólo cuando los primeros cristianos, y especialmente [San] Pablo, descubrieron una clase de libertad que no tenía relación con la política, pudo el concepto de libertad entrar en la historia de la filosofía. La libertad se convirtió en uno de los principales problemas de la filosofía cuando fue experimentada como algo ocurriendo en el intercambio entre yo y yo mismo, y fuera de la interacción entre hombres. La voluntad libre y la libertad se convirtieron en sinónimos y la experiencia de la libertad fue experimentada en completa soledad…” (p. 156)

Un pensador moderno quien identifica estas dos visiones sobre la libertad como algo “interno” o “externo” es el barón de Montesquieu (1689-1755). Dice Arendt sobre él:

“Uno de los grandes representantes de este secularismo filosófico fue Montesquieu, quien, aunque indiferente a los problemas de naturaleza estrictamente filosófica, estaba profundamente consciente de la inadecuación del concepto de libertad de los cristianos y los filósofos para propósitos políticos. Para deshacerse de él, expresamente distinguió entre libertad filosófica y política, y la diferencia consistía en que la filosofía demanda no más libertad que el ejercicio de la voluntad (l´exercice de la volonté), independientemente de las circunstancias y la obtención de los objetivos que la voluntad ha establecido. La libertad política, por el contrario, consistía en ser capaz de hacer lo que uno debería desear (.) Para Montesquieu, al igual que para los antiguos, era obvio que un agente no podía seguir siendo llamado libre cuando carecía de la capacidad para hacer -siendo irrelevante si esta carencia es causada por circunstancias exteriores o interiores.” (p. 159)

El divorcio entre libertad y política está presente en el pensamiento contemporáneo, especialmente tras la experiencia totalitaria. Los filósofos de la modernidad, interesados por la libertad, consideraban –y en esta línea estamos los economistas liberales-, que “mientras menor la política, mayor la libertad” (p. 148) y a entender “la definición de libertad política como una libertad potencial respecto a la política” (p. 148). El Estado, el Gobierno y la Política sólo cobraban sentido en la medida en que consiguiesen seguridad para la vida ciudadana y “aquí la libertad no es ni siquiera el fin no político de la política, sino un fenómeno marginal – de alguna manera, la frontera que el gobierno no debería traspasar…” (p. 149). Ahora bien, Arendt tiene una visión más positiva sobre la política, es optimista sobre sus posibilidades e insiste en que la razón de ser de la política es la libertad (para ella es algo evidente, un “truism”, c.f. p. 149), insistiendo en que “Los hombres son libres – lo cual se distingue de que ellos posean el regalo de la libertad – en la medida en que actúan, nunca antes y no después; ya que ser libre y actuar son lo mismo” (p. 151). Arendt valora la libertad como interacción, como existencia conjunta, en lugar de limitarla a una experiencia interior; por ello señala: “No es el hombre sino los hombres quienes viven en la tierra” (p. 163)

En su exposición, Arendt alerta sobre la asimilación individual de libertad con fuerza de voluntad, ya que lleva a equiparar libertad con soberanía. La dominación sobre uno mismo para ser libre se acaba transformando en control sobre los otros bajo la política, llevando a un extremo individual respecto a la libertad. Este razonamiento lo encuentra ella en Jean-Jacques Rousseau (1712-1778). Alerta que en la práctica, todo valor, como la libertad, demanda concesiones individuales: “Todo asunto político es, y siempre ha sido, transacción bajo un marco elaborado de restricciones para el futuro –tales como leyes y constituciones, tratados y alianzas- todos los cuales derivan, en última instancia, de la facultad para prometer y de mantener las promesas ante las incertidumbres del futuro.” (p. 162). Si algo se concluye con Arendt, en suma, es que no somos simplemente libres; somos libres con.

En su cierre, Arendt asoma una noción adicional respecto a libertad. Es casi metafísica. Se refiere a la libertad como fundación, como comienzo. Se resume en su afirmación según la cual “el hombre es libre porque es un comienzo” (p. 166). Cada ser humano marca un cambio para el mundo, una interrupción de los automatismos en el mundo tanto natural como histórico. En este sentido, la facultad para la libertad es “esta capacidad para comenzar, la cual anima e inspira todas las actividades humanas y es la fuente oculta de la producción de todas las cosas grandiosas y bellas.” (p. 167) Esta noción de “fundar” es cara para la tradición romana; al reflexionar sobre la Autoridad en otro capítulo de ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO, Arendt rescata como la fundación de Roma es algo clave para la tradición política romana, un hecho hacia el que siempre se apunta (Capítulo 3 de ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO).

Es el comienzo que supone la libertad lo que transforma el mundo para bien, ya que “es el desastre, no la salvación, lo que siempre ocurre automáticamente y por ello siempre parece irresistible.” (p. 169). Con esta bella imagen, el ser humano libre construye milagros en el mundo, añadiendo con su vida una “infinita improbabilidad”, una novedad absoluta a valorar en cualquier sociedad pluralista.

Nota: El artículo previo sobre los conceptos de libertad para Isaiah Berlin tiene esta referenciahttp://www.eldiarioexterior.com/mario-vargas-llosa-habla-de-41401.htm

Sobre la profesora Arendt publiqué un artículo previo en el diario venezolano EL UNIVERSAL: UNIVERSAL http://www.eluniversal.com/opinion/120625/la-responsabilidad-personal-en-una-dictadura
                                              

Madrid, Octubre de 2012
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