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Post Production Life
Tal vez lo que ha ocurrido mientras desarrollaba este trabajo es que, liberada mi intuición de la cárcel del raciocinio, he recorrido esas habitaciones, cual aventurero Príncipe de Serendipia, haciendo casuales hallazgos que han hecho emerger algo de mi inconsciente que espero empape estas obras y en alguna medida transmita cierta inquietud al espectador.
Actualizado 19 noviembre 2017  
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Alfonso Batalla   

Hace unos años emprendí una búsqueda personal a través de espacios vacíos, habitaciones de soledad, en las que, de algún modo que entonces no supe identificar, el ruido mental (ese subproducto nocivo de nuestro cerebro) desaparecía para verse sustituído por la presencia y por la consciencía del entorno y de uno mismo.

Surgió así la serie "Rooms of Solitude" y mi afán de completar este trabajo me llevó a Prypiat, antigua ciudad dormitorio de Chernovyl, desalojada desde 1986, situada en un área de exclusión sin virtualmente presencia humana.

Fue todo un hallazgo desde el punto de vista creativo.
Había algo terriblemente especial en esos edificios prefabricados, viviendas concebidas como idénticas unas a otras, en esas habitaciones en las que sus moradores introdujeron mínimos elementos decorativos que, conjugados con la aleatoriedad del deterioro, parecían contradecir la utopía comunista de la absoluta igualdad entre humanos.

Este choque entre la planificación estricta de la vida de sus habitantes y la aleatoria inevitabilidad del destino me llevó a titular esta serie "Prefabricated Life", jugando con la técnica construcción repetitiva de los edificios y con la pre-fabricación de la conducta de sus moradores.

Mi siguiente destino, al que responden las obras de este trabajo, ha sido Pyramiden, otra ciudad de concepción soviética, abandonada en la Noruega ártica. Pyamiden es muchísimo más pequeña que Prypiat, pero, como ella, fue construida de la nada para una actividad muy concreta (la minería de carbón) también bajo la planificación e igualitarismo forzado propio del sistema. Del mismo modo esta ciudad era "state of the art" dentro de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y, pese a la dureza de la vida a 80º Norte, era uno de los más deseados destinos de los trabajadores cualificados. A diferencia de Prypiat, fue la economía de mercado y no un accidente nuclear lo que la dejó en la despoblación, cuando, desaparecida la URSS, no era económicamente viable el transporte del carbón para el que, durante gran parte del año, era necesario el uso de rompehielos. Hay un excelente y poético libro de Kjartan Fløgstad (Pyramiden, retrato de una utopía abandonada) sobre esta distopía.

Los edificios de Pyramiden no sólo no son prefabricados sino que son una obra colosal si partimos de la base de que nada (salvo hierba) crece a 80º Norte por lo que el mismo transporte de la madera necesaria para la construcción era un esfuerzo formidable.

Pero, pese a la diferente técnica constructiva, los escasos edificios de viviendas son tambien virtualmente clones unos de otros. Dormitorios con idéntica distribución, mismos pasillos y zonas comunes, escaleras iguales... Y, como no podía ser menos, restos de mobiliario homogéneo dentro de una mínima variedad, media docena de tipos de papel pintado con el que, con imaginable ilusión y dudoso gusto, forraban paredes y techos, un puñado de suelos plásticos imitando materiales más nobles...

He bautizado este trabajo "Post Production Life" en una alusión a la vida de esta ciudad tras la extracción de carbón y con un guiño al término postproducción, un barbarismo contemporáneo que ha sustituido al clásico "revelado" o "procesado" y que nos dirige a las propio elmentos de la producción y terminología fotográficos.

En algún momento expondré conjuntamente ambos trabajos. Configuran un conjunto coherente y consistente de forma y contenido.

Mi obra casi nunca está relacionada con una determinada localización, sino que mis series relacionan fotografías indepedientemente del cuando y del donde de la toma.
Posiblemente en este caso ocurra lo mismo, aunque el hilo conceptual conductor de ambos trabajos sea especialmente potente en ambos lugares.

Algunas fotografías de estos edificios en su entorno me parecen una obra de Land Art. ¿Será cierto que las disciplinas artísticas como tales han muerto y no existe una división clasificatoria en el arte?.

Pero, la fotografía, como técnica, que no como disciplina, nos dota de una serie de herramientas que van mucho más allá de camaras, lentes, encuadres, enfoques, velocidades de obturación o diafragmas.

La fotografía elimina completamente la dimensión temporal y reduce las otras tres dimensiones perceptibles a dos. Genera con ello un objeto artístico que no refleja lo real pero lo parece y, con ello, permite al lenguage artístico el uso de unas metáforas caraterísticas:

En primer lugar, la metáfora de la ventana. Contemplar una fotografía sería como ver la realidad a través de una ventana.
En segundo, la del espejo, que es un elemento que refleja la realidad pero desde la percepción del sujeto que se ve reflejado, con lo que contiene una autoexpresión del artista.
En tercero, la metáfora de la plasticidad. En sentido positivo, cuando se pretende utilizar las herramientas para crear un objeto bello. En sentido negativo, cuando el artista prescinde del atractivo plástico para poner el acento en otros elementos.

En cuarto, una combinación de las tres anteriores: la metáfora del registro puro. Estas fotografías se adscribirían a la escuela del registro puro en cuanto pretendiendo una estética, y una corrección formal aparentan ser una captación desprovista de artificio o emoción.

Finalmente, una metáfora del propio dispositivo fotográfico que contiene una reflexión sobre la capacidad de la fotografía para transmitir al espectador a partir de una aparentemente verosimil captura de lo real. Habla así la fotgrafía de ella misma como lenguage y del empleo de las herramientas semióticas propias del mismo.

Estos, a la postre, fragmentos  pigmentados de aluminio y madera que cuelgan de las paredes, o estos papeles impresos en color que conforman un libro, son palabras y frases no escritas que transmiten, catalizan o motivan sentimientos (o al menos lo intentan). El uso de la plasticidad se une al empleo de técnicas formales propias de la fotografía de arquitectura diseñadas para resaltar tanto la belleza como las características representativas de la obra arquitectónica. Utilizadas en espacios en decadencia, totalmente ajenos a esta motivación, crean un extraño registro aparentemente puro de ellos que, perecisamente por esta extrañeza, producen una sensación de misterio, tal vez desasosiego, que estimula la curiosidad y permite a la mente de quien las contempla la formulación de lecturas alternativas.

Tal vez lo que ha ocurrido mientras desarrollaba este trabajo es que, liberada mi intuición de la cárcel del raciocinio, he recorrido esas habitaciones, cual aventurero Príncipe de Serendipia, haciendo casuales hallazgos que han hecho emerger algo de mi inconsciente que espero empape estas obras y en alguna medida transmita cierta inquietud al espectador.
 
 
14/11/2017
 
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