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Musulmanes en Europa: ¿Es posible la integración?
Una encuesta en cinco países del viejo continente ofrece un panorama general positivo. Los puntos flojos son la educación y el mercado laboral. Otros estudios arrojan más sombras.
Actualizado 10 septiembre 2017  
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Fernando Rodríguez-Borlado   

Después de cada atentado yihadista, aflora nuevamente la pregunta de si las sociedades occidentales están consiguiendo integrar a la comunidad islámica. Según un informe reciente de la Fundación Bertelsmann, la respuesta a esta pregunta es “sí”: los musulmanes se sienten ciudadanos del país donde viven, y se relacionan con la población autóctona. En cambio, en ámbitos tan importantes como la educación y el empleo, los datos no son tan positivos. Otros informes completan el balance.

La Fundación Bertelsmann, con sede en Alemania, elaboró el año pasado su tercer informe sobre el papel de la religión en Europa, con más de 10.000 encuestados. Utilizando esa base de datos, acaba de publicar un estudio que analiza la integración de los musulmanes en cinco países: Alemania, Austria, Suiza, Reino Unido y Francia.

 

El uso del idioma nacional como primera lengua es, en general, alto entre los musulmanes encuestados, salvo en Suiza

 

No se ha tenido en cuenta a los llegados a Europa después de 2010. Aunque esto impide conocer qué ha pasado con la última ola de refugiados venidos fundamentalmente de Oriente Medio, permite conocer cuál es la capacidad de adaptación de la comunidad musulmana con el paso del tiempo.

El informe analiza varios factores. Algunos de ellos se pueden medir con parámetros objetivos, como la tasa de empleo, el sueldo medio o el porcentaje de abandono escolar de la comunidad islámica. Otros, más subjetivos, solo pueden medirse preguntando a los musulmanes (como el sentido de pertenencia al país o el grado de relación con la población autóctona), o al resto de ciudadanos (por ejemplo, cómo ven desde fuera a la comunidad musulmana).

Rasgos diferentes por países

Por motivos históricos, la población de religión islámica es distinta en cada uno de los países analizados. La de Francia es la más numerosa en relación al conjunto de la población, de la que representan aproximadamente un 7,5%. Le siguen Austria (6,2%), Alemania (entre el 5% y el 6%), Suiza (5%) y Reino Unido (4,4%).

La proporción de musulmanes de primera y segunda generación también varía. Alemania es el país con menos musulmanes nacidos dentro de sus fronteras (solo uno de cada cuatro). En el lado opuesto está Reino Unido, donde el porcentaje supera el 50%.

Un primer aspecto importante para conocer el grado de integración es el conocimiento de la lengua oficial. Sirve especialmente fijarse en los musulmanes de segunda generación, es decir, los nacidos en el país donde viven. Mientras que en Francia o Reino Unido la gran mayoría ha crecido con el idioma nacional como primera lengua, en Suiza solo lo ha hecho un 57%.

Otro hecho diferenciador es el grado de religiosidad de las distintas comunidades. La más devota es la de Reino Unido (casi dos de cada tres musulmanes encuestados se declaran como “muy religiosos”); la menos, la de Suiza, donde la proporción apenas supera el 25%, aproximadamente la misma que entre el resto de la población. En cambio, en Reino Unido existe una diferencia de más de 50 puntos.

 

La gran mayoría de los musulmanes se siente del país de residencia y comparte tiempo de ocio con personas de otras creencias

 

En general, los musulmanes más devotos, incluso los que alcanzaron estudios superiores, cobran menos y su tasa de paro es mayor que la de los menos religiosos.

Sentido de pertenencia y relaciones sociales

También parece existir una cierta relación entre religiosidad y sensación de arraigo en el país. En las comunidades musulmanas de Reino Unido y Austria, las más devotas, se da también la mayor proporción de personas que dicen no identificarse con la nación donde viven (11% y 13% respectivamente, lo que sigue siendo una pequeña minoría). En Suiza, en cambio, el porcentaje es de solo el 2%.

Alemania es un caso curioso: con una población musulmana casi tan religiosa como la de Austria, el sentimiento de no identificarse con el lugar de residencia es mucho menor. Francia sí responde a la norma en términos generales (poca religiosidad y alta identificación con el país), pero allí se da un hecho particular: el porcentaje de desarraigo es mayor entre los inmigrantes de segunda generación que entre los nacidos en el extranjero, aunque este sigue siendo bajo.

En cualquier caso, en todos los países analizados la gran mayoría de los musulmanes se siente del país donde vive (desde el 88% de Austria, con el porcentaje más bajo, al 98% de Suiza), aunque una buena parte de ellos se identifique también con su lugar de procedencia.

 

Aunque a pocos autóctonos les importaría tener un vecino musulmán, la percepción general sobre esta comunidad y sobre el islam como religión no es buena

 

Otro indicador de la integración de la comunidad islámica es su grado de relación social con el resto de la ciudadanía. El informe desmiente la idea de que los musulmanes funcionen en guetos, sin contactar con la población autóctona. En los cinco países, una mayoría de ellos dice pasar tiempo de ocio con no musulmanes “frecuentemente” o “muy frecuentemente”. Una vez más, Suiza (87%) está en cabeza y Austria (62%), en último lugar.

Confianza hacia los musulmanes, una realidad compleja

La cuestión de cuál es la confianza de la población autóctona en los musulmanes depende de cómo se pregunte. La mayoría de los encuestados en los cinco países señala que “no le importaría” tener como vecino a un musulmán, desde el 86% de Francia al 72% en Austria.

No obstante, un informe del Pew Research Center publicado el año pasado muestra un panorama menos halagüeño. Tres de los países analizados en el estudio aparecen también en el de la Fundación Bertelsmann (Francia, Alemania y Reino Unido), junto con España, Italia, Grecia, Polonia, Hungría, Holanda y Suecia.

En general, se aprecia una importante brecha de confianza entre el norte y el resto del continente. En Italia, Grecia, Hungría y Polonia, los que dicen tener una visión “desfavorable” de la comunidad musulmana son entre el 65% y el 72%. En España, el porcentaje se queda en el 50%. En Suecia y Holanda, responde así uno de cada tres encuestados.

Son precisamente los tres países que también aparecen en el informe de Bertelsmann los que muestran porcentajes más bajos, todos ligeramente inferiores al 30%. Aun así, la proporción supera claramente la de los que en esos mismos lugares decían que se sentirían incómodos con un vecino musulmán. Esto puede indicar que la aceptación de la comunidad islámica en global es menos favorable que la del musulmán en particular.

Una adaptación difícil

Más homogénea es la respuesta a la pregunta de si “los musulmanes quieren adoptar nuestras costumbres”. En ninguno de los países esta contestación es mayoritaria. Los porcentajes solo llegan al 40% en Francia, Suecia y Holanda. En cambio, el sur de Europa se mueve entre el 11% de Grecia y el 26% de Italia.

También es en esta región –con la excepción de España– donde un mayor número de ciudadanos autóctonos considera que “muchos” o incluso “la mayoría” de los musulmanes simpatizan con el Estado Islámico, aunque en ningún país esta opinión llega a ser mayoritaria. En cambio, menos de un quinto de los encuestados piensa así en Francia, Suecia, Alemania, Holanda o Reino Unido.

 

Los musulmanes se gradúan menos en la escuela, tienen más problemas para entrar en el mercado laboral y, cuando lo hacen, cobran menos

 

Este último país aparece entre los más tolerantes con los musulmanes tanto en el informe del Pew Research como en el de Bertelsmann. Sin embargo, un reciente estudio de la asociación británica Hope Not Hate arroja algunas sombras. Si bien es cierto que la mayor parte de los encuestados dice que “no se puede culpar a toda una religión por unos pocos fanáticos” (así lo señala el 77%), en otras preguntas la percepción cambia: más de la mitad considera que “el islam supone una amenaza para Occidente” y uno de cada cuatro considera que se trata de una religión “que incita a la violencia”.

Peor educación y más paro

Una de las ventajas del informe de Bertelsmann es que permite conocer, además de la percepción subjetiva de los musulmanes y el resto de la población, algunos datos objetivos sobre la integración de la comunidad islámica en Europa. Los datos no son positivos: su situación educativa y laboral no es la mejor, y amenaza con profundizar una segregación socioeconómica que ya se da en mayor o menor grado.

Aunque en algunos países su tasa de empleo es similar a la del resto (Alemania y Suiza), en todos ellos sus ingresos medios son claramente inferiores. Donde menos acusada es esta situación es en Alemania, por la flexibilidad de su mercado laboral; donde más, en Francia.

Paradójicamente, en el ámbito escolar Francia va claramente por delante. Mientras que allí apenas un 10% de los musulmanes abandonan prematuramente las aulas, el porcentaje casi llega al 40% en Alemania. Según el informe, esto se explica por la separación prematura por itinerarios (académico y profesional) propia del sistema alemán. / aceprensa.

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