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LLUIS FOIX

Confusión y lenguaje bélico
El tipo que más se impone en esta época de prisas y un cierto matonismo es el que más chilla y el que no siente escalofrío en las contradicciones de su propio discurso.
Actualizado 20 abril 2017  
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Lluis Foix   

Las redes sociales deberían avergonzar a personajes que hoy están haciendo lo contrario de lo que decían hace unos meses. La memoria es sepultada por la actualidad expresada contundentemente. El personaje con más contradicciones es Donald Trump.

Pero hay más. El candidato Macron parece no conocer a Hollande, de quien fue ministro de Economía hasta hace un año. Theresa May era partidaria de quedarse en Europa y hoy es la más estricta defensora del Brexit. Erdogan ha calificado de golpistas a decenas de miles de turcos, ha privado libertades y se ha convertido en un presidente autoritario. Turquía se encuentra partida en dos mitades con la duda de si la democracia parlamentaria es compatible con el islam político. Donald Trump llamó personalmente a Erdogan el lunes por la noche para felicitarle por la victoria de un referéndum cuestionado por los observadores internacionales. Turquía es parte principal de los intereses geoestratégicos de Estados Unidos y de Europa desde los tiempos de la guerra fría.

El problema de la política democrática de hoy es que cada vez es interpretada por los propios actores que desprecian o ignoran a los medios de comunicación hostiles. Se da la paradoja, sin embargo, de que las cabeceras más prestigiosas de la prensa norteamericana han aumentado en decenas de miles en nuevas suscripciones desde el momento en que Trump los llamó mentirosos y que no los necesitaba porque podía llegar a millones de americanos a través de Twitter. La crítica no importa porque la piel de la política es demasiado dura. El problema es la capacidad y la poca vergüenza con que se miente sin que se pidan disculpas a nadie.

Donald Trump ganó las elecciones con un programa proteccionista que acabaría con los efectos de la globalización y volvería la grandeza a Estados Unidos. Envió cientos de tuits sobre la manipulación monetaria de China y ahora es uno de sus aliados para fortalecer el comercio con Pekín y para que no ponga obstáculos ante una probable confrontación con Corea del Norte si el dictador Kim Jong Un sigue jugando con misiles nucleares que se pierden en el mar o no explotan por defectuosos. El problema será el día en que uno de esos artefactos explote en un objetivo surcoreano o en un buque de Estados Unidos.

Los 59 cohetes Tomahawk lanzados sobre Siria mientras se tomaba un chocolate con el presidente chino en su Casa Blanca de Florida recibieron la aprobación de los aliados. Pero la madre de todas las bombas arrojada unos días después sobre zonas controladas por los yihadistas en Afganistán ya hicieron fruncir las cejas de muchos políticos mundiales.

Trump está demostrando ser un presidente intervencionista sin complejos. El secretario de Estado, Rex Tillerson, manifestó en su gira asiática: “Vamos a pedir cuentas a todos los que cometan crímenes contra inocentes en cualquier parte del mundo”.

El tono bélico del lenguaje ha subido. El vicepresidente Mike Pence dijo en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas que “la era de la paciencia estratégica se ha agotado”, y que el dictador de Pyongyang no pusiera a prueba la determinación del presidente Trump.

Son palabras fuertes que suelen preceder una etapa de negociaciones para resolver un conflicto pero que si no surten efectos pueden desembocar en una confrontación abierta. Somos los mejores, los más fuertes y los más grandes, dijo Trump el lunes de ­Pascua.

Un portavoz del Kremlin afirmó ayer que Trump es más peligroso que Kim Jong Un y desde la capital de Corea del Norte se proclamaba que la guerra termonuclear puede estallar en cualquier momento. Se seguirán lanzando cohetes con cabezas nucleares de forma periódica. La retórica no tiene mayor importancia, pero sí que es una señal que esconde intenciones políticas de fondo.

Trump ha dado un golpe con misiles en Siria y otro con una gran bomba en Afganistán. Un portaaviones y su flotilla se encuentran en aguas cercanas a Corea del Norte. El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, bromeó diciendo: “No enviaremos un telegrama a Corea del Norte sobre lo que vamos a hacer”.

Lo más inquietante es que no sabemos cuál es la política de Trump en el mundo. Los ataques sobre Siria parece que fueron una reacción inmediata después de ver en Fox News los niños muertos por gases lacrimógenos. Una reacción en caliente que no consta que esté sustentada en una estrategia. La fuerza parece tener más importancia que la diplomacia, los acuerdos y las negociaciones para resolver problemas. Habrá quien piense que esta es la manera más expeditiva para acabar con los tiranos y para terminar guerras que perjudican nuestras vidas y nuestros intereses. El mundo es muy complejo y precisa de más diplomacia y menos retórica bélica.

Publicado en La Vanguardia el 19 de abril de 2017

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