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CARLOS GOEDDER

España como desafio económico y político
La situación económica en España presenta un desafío a la teoría económica y las políticas públicas convencionales
Actualizado 1 mayo 2012  
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Carlos Goedder   

Se está debatiendo mucho sobre España en los foros internacionales de economistas. Quizás las lecturas más interesantes han sido un anticipo del libro más reciente de Paul Krugman, cuyo extracto fue publicado en El País el día 29 de abril de 2012 y donde por fin Krugman retoma el rigor analítico;  otro texto esclarecedor está en el Financial Times del 30 de abril de 2012 y es la columna del Sr. Mohamed El-Erian – gestor del fondo Pimco, un auténtico gigante en instrumentos financieros, especialmente bonos-

Mis conclusiones sobre España apuntan en esta dirección: se está queriendo resolver un problema sobre el cual las interrogantes aún no han sido planteadas inteligentemente. Abordar un asunto complicado demanda, primero, tomar los aspectos relevantes para plantearse buenas preguntas. Y la pregunta lleva asociada, en algún grado, la respuesta. El principal desafío de un problema es hacerse las preguntas adecuadas sobre el mismo.

Me temo que nadie en España está planteándose con inquietud propia y auténtica qué significa el desbarajuste económico que hay. Los síntomas ya son tan recurrentemente nombrados que apenas vale la pena repasarlos:

1. El desempleo ya es de casi 25%, lo cual significa que de 4 españoles sólo trabajan 3; entre jóvenes es peor, de cada 4 trabajarían 2. En este contingente de casi 5 millones y medio de personas que quieren trabajar y estarían sin encontrar empleo, alarma que hay 1,7 millones de hogares donde nadie consigue trabajar.

2. Unos Bancos donde, de los más de 300.000 millones de EUR en créditos  asociados a proyectos inmobiliarios e hipotecas, al menos la mitad ya está dando problemas para pagar.

3. Una perspectiva de decrecimiento económico alarmante: caída del PIB en 1,5% en 2012 y ya al cabo del primer trimestre del año se entró en recesión – el último trimestre de 2011 y el primero de 2012 fueron de decrecimiento.

4. Incumplimiento fiscal: el objetivo de déficit público, ya ajustado a la baja por el Gobierno del Sr. Rajoy al 5,3% del PIB en 2012 – y aceptado a regañadientes por el eje Bruselas/Berlín – tampoco se cumplirá: se superará el 6% del PIB.

Al verse todos estos indicadores, el error es que se ha puesto el foco en el cuarto punto. El déficit público español es donde se ha concentrado la energía, porque se cree, siguiendo una lógica que tiene cierto toque puritano y hasta pueril, que España merece sufrir por haber gastado mucho. Tal lógica en este caso está desapegada a los hechos. El endeudamiento público español alcanza en torno al 65% del PIB en plena crisis y en el peor escenario se estimaría que llegue a un 90% del PIB (incluso El-Erian cree que sólo llegará a ese nivel en 2015; otros dicen que ya está por encima del 80% si se ponen en blanco deudas potenciales). Incluso un 90% del PIB de deuda es admisible en este momento internacional. El déficit español, incluso si llega al 6%, no es peor que el de la mayor parte de naciones desarrolladas tras esta Gran Recesión.

Donde hay que poner el énfasis en España es en cómo retomar el crecimiento, el empleo y la solvencia bancaria. Lo primero es admitir que sí hubo un endeudamiento importante en el ámbito privado. El endeudamiento de los hogares se disparó y el síntoma de ello es el desbarajuste en las importaciones, al punto que la Cuenta Corriente en Balanza de Pagos tuvo un déficit, superior al 10% del PIB, entre las mayores del mundo al comenzar la Gran Recesión; por otro lado se incrementó el precio de la vivienda, cuya caída media del 20% desde 2008 en valor ya ha empobrecido a hogares y bancos que tienen esos activos como principal patrimonio o significativa garantía. Así que hay tres medidas sanas: un poco de inflación, lo cual haría caer el valor real de esas deudas acumuladas; admitir la dación en pago – hoy la Ley Española no se conforma con que el ciudadano le entregue la casa hipotecada al banco, sino que aquel tiene que responder con todos sus bienes al banco, lo cual es absurdo - y por otro lado sanear definitivamente los balances bancarios, reconociendo el valor de mercado para activos inmobiliarios dados en garantía y ofreciendo financiación pública para cubrir el agujero patrimonial resultante en balance en los bancos más perjudicados – la mejor vía es agilizar aún más las absorciones por bancos sanos, concediéndoles deuda pública en garantía.

El problema es que la inflación es incapaz de administrarse por la política monetaria española, la cual se cedió al Banco Central Europeo, tenaz combatiente contra este desorden monetario. Y por vía fiscal, el gobierno español está bajo estricta vigilancia por Bruselas en cuanto al déficit fiscal actual. Sólo quedaría como opción emitir deuda nueva, con rentabilidad suficientemente alta para conseguirle comprador y el mayor plazo posible, empleando estos recursos en los años inmediatos a expensas de generar déficit para el futuro.

El tema bancario es más complicado y el posible sucesor de D. Miguel Ángel Fernández Ordoñez en el Banco de España, D. José Manuel González-Páramo, se pronuncia a favor del llamado “Banco Malo”, el cual no sería otra cosa que colocar todos los activos inmobiliarios desvalorizados, ejecutados y en construcción paralizada de la banca en el balance de un nuevo banco único financiado con capital público. Yo me inclino por privatizar esto y dar deuda pública en garantía a instituciones bancarias que administres estos activos para darles salida en la próxima década.

Estas dos medidas tienen tres efectos inmediatos: mejoran el balance patrimonial en el sector privado (dando espacio al crecimiento del crédito bancario), generan gasto público necesario para impulsar la demanda agregada y – es triste esto último – abarata en algún grado los salarios reales (el salario ajustado por inflación), lo cual podría aumentar en algo el empleo.

Hay salidas más radicales. Una es seguir el ejemplo argentino de 2002 – España se parece peligrosamente al escenario argentino con tipo de cambio fijo, si bien sus cuentas fiscales están en orden -: salirse del euro, volviendo a una peseta devaluada (actualmente 1 euro vale 167 pesetas); el resultado de devaluar es renegociar la deuda externa – lo más probable es que los acreedores acaben aceptando una pérdida sobre sus activos españoles, como tuvieron que hacer quienes prestaron a Grecia y en su día a Argentina – y ver dispararse la inflación. Por supuesto habría que instalar un control de capitales, porque de lo contrario todo ahorro español se irá al exterior. Eso sin mencionar el desbarajuste de cómo revisar las deudas en euros a pesetas, si bien el problema con los acreedores externos se resolvería como mencioné y en las deudas entre españoles necesariamente habría una transferencia de riqueza a definir entre acreedores y deudores. Lo que sí es inmediato es algo: España se tornaría más barata para los turistas y compradores extranjeros, algo que, a su manera, dinamizaría el empleo y rescataría la competitividad perdida. Este escenario “a la argentina” y con matices “a la griega” es lo que se podría vender como “peor escenario” y serviría de herramienta para negociar ante Bruselas mayor flexibilidad, porque sí que hay acreedores europeos y exportadores europeos hacia España que se resentirían con semejante medida.

Está claro que hay solución a plazo inmediato para comprar tiempo. Esa solución, si se opta por el camino sencillo, es endeudar al gobierno, generando carga financiera para el futuro. ¿El camino de la austeridad fiscal? Ahora carece de sentido. Más que un problema de cuánto se gasta, el tema acá es cómo se gasta. Lo que hay que hacer en España no es racionar gasto público, sino racionalizarlo. El tiempo que se compra ahora, cargando de deuda a las generaciones futuras, sólo tiene sentido si es para hacer reformas de calado.

¿Eso qué significa? Primero, romper una ecuación mental en España: la salud es gratis y es de todos. Tal equidad carece de sentido porque es difícil defender que a quien vive en una chabola o carece de techo se le dé el mismo subsidio y servicio público que a quien reside en un chalé en el exclusivo barrio de La Moraleja. La salud cuesta dinero y es inviable y hasta injusto que sea la misma y gratis para quien puede pagarla y para quien carece de medios para hacerlo. Otro mito asociado a la salud es considerar que el Estado debe financiarla y suministrarla; ¿Por qué no darle el subsidio al ciudadano para que elija entre hospitales y clínicas manejados por el sector privado?

Segunda ecuación mental problemática: España es una suma de naciones. Este enredo autonómico ha hecho que en un pequeño territorio de 500.000 km2 haya el equivalente a 19 Estados Federales y, dentro de ellos, una treintena de provincias, donde Cataluña habla su propio idioma y cuenta con representaciones internacionales autonómicas y el País Vasco tiene un fuero jurídico propio. Si bien en las autonomías no es donde está el grueso del problema deficitario, sí que hay un tema conceptual importante: se entorpece el desplazamiento de ciudadanos entre autonomías por ¡Barrera del Idioma! y peor aún, se pierde la noción de bien público sobre recursos hídricos escasos. Si España quiere ser competitiva, sin dejar de respetar diversidad, el primer paso crucial es una enmienda constitucional en que cada ciudadano valga un voto, para evitar que los grandes partidos hayan de ceder ante pretensiones demagógicas de las organizaciones políticas autonómicas, empeñadas en crear taifas lingüísticas, ineficiencias productivas y duplicidades en gasto público. España precisa unificar su educación en lengua castellana primordialmente o perderá posicionamiento internacional en el idioma donde posee más mercados. Cataluña ha perdido competitividad, como polo industrial y de innovación, por este afán secesionista fundamentado en el idioma. Es un dispendio crear barreras al capital humano por un dialecto con pretensiones idiomáticas como el catalán, sobre el cual se puede dar educación para añadir riqueza local a la cultura nacional, mas siempre como un matiz en lugar de un eje.

Tercera ecuación mental española mayoritaria: pagan impuestos y trabajan los tontos. Salta a la vista que debe haber más gente trabajando que la reportada por las estadísticas oficiales o ya estaría España entera insubordinada. Es más, esta locura de desempleo ha sido recurrente en la breve historia democrática española. Lo que está ocurriendo son dos efectos perversos de la cultura hispana: una, la economía sumergida, en la cual se mueve el 21% del PIB y donde está trabajando mucha gente sin que el Gobierno lo sepa, incentivada por unas prestaciones al desempleo que disuaden a ocuparse en la economía formal. Otra contención en España es una solidaridad familiar malentendida, porque consiste en cercenar iniciativa prolongando un subsidio a jóvenes quienes se independizan de sus padres bien entrados los 30 ó 40 años. Es una cultura donde la solidaridad se vuelve una virtud privada y un vicio público. Por ser solidarios, se termina creando estafa a los bienes públicos, una cultura de nepotismo y desincentivo a la individualidad creadora.

Cuarto asunto: España quiere ser competitiva y protagonista internacional. Hay dos caminos. Uno es asumirse como la Florida o Jamaica de Europa, eligiendo ofrecer un turismo asequible para la Europa Industrializada del Norte, especializarse en ocio de lujo para clientes más sofisticados e invertir duro en ser una potencia turística. Eso significa, por ejemplo, educar en servicio al cliente e idiomas, dos aspectos deficientes en España. Y motivaría fortalecer la agricultura y pesca para potenciar la gastronomía e industria vitivinícolas españolas al máximo. España ya ha superado a EEUU en visitantes extranjeros y la meta sería superar a Francia. En ese afán cobra importancia compartir recursos hídricos nacionales. Ese es un camino.

¿La alternativa? Empeñarse en la industrialización y la creación de servicios fundamentados en la informática y ciencias. Primer paso hacia eso: usar energía nuclear, en un país donde se carece de petróleo. Siguiente avance: revertir la política actual, la cual ha recortado los subsidios públicos a investigación velozmente y ha elegido empeorar la calidad educativa. Se trataría de pasar recursos públicos de Salud y Gasto Autonómico estéril a una educación con fuerte componente de castellano, inglés, matemáticas, ciencias aplicadas y por supuesto humanidades (siempre España tendrá turismo y tanto mejor si cualquier español conoce bien su arte, historia y geografía para mostrar los monumentos locales al extranjero).

Esta trayectoria significa, en resumen, hacer un endeudamiento actual y sobrevivir haciendo buen marketing nacional, mientras se potencian los cimientos para, en un plazo de 10 años, sacar a España de una enquistada cultura de riqueza fácil, quietismo y desprecio por el esfuerzo. La reforma laboral emprendida aún es tímida y hay que avanzar radicalmente hacia un contrato único, con indemnización lineal por año trabajado, sin más penalización hacia los jóvenes. Esto demanda un coraje tal que sería preciso implementar enmiendas constitucionales y alcanzar un relanzamiento democrático comparable al lapso 1978-1986, en el cual España apostó por la democracia y la europeización. ¿Ventajas de partida? España tiene unas cuentas públicas comparativamente sanas y ya ha recibido mensajes claros de que su austeridad nadie se la está creyendo ni quizás demandando. Hay multinacionales españolas con buena posición internacional en la emergente América Latina. Existen compradores para deuda española todavía y el coste de financiación, aunque roce el 6% anual en euros para 10 años de plazo, es tolerable para deuda nueva.  El problema es darle salida a los activos malos de la banca, centralizar manejo de bienes públicos y acordar grandes reformas estructurales en el ámbito jurídico. Se le pide a España un espíritu nuevo, en lugar de un simple maquillaje de cuentas. Si por un milagro España volviera hoy al año 2002, se armaría la misma burbuja inmobiliaria y dispendio en importaciones alemanas. Así que se demanda una verdadera transformación nacional, un marketing convincente y un liderazgo político inspirador. El Sr. Rajoy habría de potenciar en ello a una dama con capacidad para ayudarle decisivamente: Da. Esperanza Aguirre, liberal, experta en gestión pública, convincente, firme; el Sr. Rajoy la  ha tenido relegada por las suspicacias políticas y la malentendida ecuación hispana según la cual lealtad y conformidad son equiparables al talento. En ella tiene el baluarte para vender su transformación a los mercados.

        
Por: Carlos Goedder
carlosurgente@yahoo.es
www.carlosgoedder.com
Madrid, Abril de 2012

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