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"En la cabeza de Marine Le Pen", de Michel Eltchaninoff
El último libro del filósofo francés Michel Eltchaninoff, Dans la tête de Marine Le Pen es un ejercicio de introspección en las influencias ideológicas de la candidata presidencial del Front National (FN).
Actualizado 20 abril 2017  
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Antonio R. Rubio   

Se centra de modo particular en la respuesta a una pregunta: ¿Ha cambiado realmente el FN? ¿Se ha alejado de los planteamientos habituales de la extrema derecha representados por el fundador del partido, Jean-Marie Le Pen?

La respuesta de Eltchaninoff, después de una exhaustiva investigación en la que se combinan lecturas de libros, asistencia a mítines y entrevistas personales, es negativa. Marine Le Pen no se ha distanciado de los cuatro pilares tradicionales de la extrema derecha francesa: la tierra, el pueblo, la vida y el mito. La candidata ha alterado las formas de su discurso, pero no podría cambiar el fondo sin renunciar a las esencias fundacionales de su partido. Tiene, sin embargo, la ventaja de dirigirse a un electorado más amplio, que sobrepasa los límites del ultranacionalismo y sabe hacerse eco de las frustraciones de la clase trabajadora. Por lo demás, Marine tampoco tiene todo el bagaje intelectual de su padre, Jean-Marie Le Pen, con quién rompió políticamente hace unos años, si bien le reconoce una cierta influencia moral.
 

¿La desideologización del FN?

Marine Le Pen fue abogada penalista, pero su apellido parecía distanciarle de sus posibles clientes. No era fácil ser hija de un líder de la extrema derecha, aunque este llegara a reunir casi un 20% de los sufragios en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2002.Un apellido estigmatizado solo podía ser redimido por la política, aunque no en una formación diferente a la de su progenitor.
Marine, que –según uno de sus asesores– nunca había oído hablar de la marcha de Mussolini sobre Roma, abrazó una versión de la política más basada en la imagen y en las emociones suscitadas entre el público que en una brillante oratoria intelectual. Por otra parte, la futura líder del FN nunca pudo gozar de una influencia más directa de Jean Marie Le Pen porque no vivió a su lado tras el traumático divorcio de sus padres. De hecho, las referencias clásicas de la extrema derecha francesa están ausentes en sus intervenciones públicas: no aparecen los grupos agitadores de la década de 1930, los monárquicos de los Camelots du Roi, y las Croix de Feux del coronel François La Rocque, ni mucho menos la Action Française, el movimiento intelectual de Charles Maurras, defensor de una monarquía sin rey y de un catolicismo sin Iglesia. Tampoco encontraremos ninguna referencia al mariscal Pétain o a la Francia de Vichy, cuya relación con la Alemania nazi no quiere ser recordada por ningún partido francés.

Estas ausencias convierten paradójicamente a Marine Le Pen, según subraya Eltchaninoff, en una defensora de la República, que no se priva, llegado el caso, de citar a De Gaulle por su nacionalismo, e incluso juega, en ocasiones, a ser la candidata de la razón, con alusiones a Montesquieu o a Tocqueville. Es una muestra de la progresiva, al menos aparentemente, desideologización del FN que parece haber fomentado la presidenta del partido.

Sin embargo, las citas anteriores no deberían sorprendernos, ni incluso otras de Hugo, Clemenceau, Péguy, Camus, Bernanos, Cocteau, Eluard… Cualquier escritor, filósofo o político francés, del signo que sea, y que se deje llevar por el entusiasmo por la nación o el Estado, o bien que adopte una actitud de espíritu de resistencia a lo establecido, puede ser citado, sin ningún prejuicio, por Marine Le Pen. En la candidata del FN resucita ese nacionalismo integral francés, del que tantos han hecho uso a lo largo de los siglos, y que es capaz de reunir en el mismo bloque toda la historia de Francia, de Clodoveo a De Gaulle, pasando por Juana de Arco, que no es tanto una santa católica sino un icono elevado a los altares de la República y la Nación.

Y si en otro tiempo pudo existir una cierta afinidad del FN con un catolicismo tradicionalista, esto ya no existe porque Marine Le Pen no oculta su distanciamiento de la Iglesia, aunque afirme ser creyente. Ella solo asiste al templo en las solemnidades de la Navidad o la Pascua, o en algunas ceremonias sacramentales, aunque no se identifica con la Iglesia posterior al Vaticano II, considerada, en parte, responsable de la progresiva pérdida de la práctica religiosa. Se diría que su concepto de la religión responde a la identificación de esta con la moral o la tradición, pero la propia Marine que nació en 1969, como nos recuerda el autor del libro, no dejaría de ser una hija del mayo del 68, divorciada y vuelta a casar tras haber tenido tres hijos en su primer matrimonio. De hecho, no se muestra demasiado propicia, tal y como hacen otros militantes de su partido, a las críticas al aborto, a las relaciones fuera del matrimonio o a la homosexualidad. No cabe duda de que son temas de moral tradicional, pero poco influyen en un discurso impregnado de nacionalismo y estatolatría.

Los pilares de la tierra y del pueblo

Michel Eltchaninoff dedica buena parte de su libro a desmontar los cuatro pilares de la extrema derecha, tras rastrear previamente en sus orígenes ideológicos. El primero es el de la tierra, que, sin embargo, en la candidata del FN no se identifica tanto con la geografía, la historia o la civilización francesas. No hay lugar para sutilezas intelectuales como las de Jean-Marie Le Pen. Lo que importa es el amor al terruño, y esto explica que el partido vaya a la búsqueda de votantes en una Francia rural, elevada a la categoría de idílica, y amenazada por el totalitarismo sin rostro de Bruselas y de la globalización.

La Francia campesina, la de las regiones y no la de los departamentos, es “la Francia olvidada, generosa y trabajadora”, un país que sufre en silencio en su alma y su corazón. Es el escenario adecuado para una fiesta popular, de las que le gustan al FN, en la que los discursos pueden cerrarse con gritos que proclaman a Marine como salvadora de Francia. Un ejemplo de cómo los populismos suelen caracterizarse por la nostalgia de una Edad de Oro que seguramente nunca existió, aunque la presenten como un modelo para el futuro.

El segundo pilar ideológico criticado por el autor del libro es el del pueblo, no en el sentido de Rousseau sino en el de una identidad exclusiva. A finales del siglo XIX, esto dio lugar a toda una serie de teorías racistas, como las desarrolladas por el conde de Gobineau en su ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, y propició la búsqueda de chivos expiatorios por medio del antisemitismo. Ahora, en cambio, Marine Le Pen ha renunciado públicamente a las actitudes antisemitas. Ya no son necesarias, pues lo que amenaza a la identidad de Francia es la inmigración o el islamismo, capaces de alimentar los temores de muchos miles de franceses.

La vida y el mito

El tercer pilar, el de la vida, podría equivaler a una exaltación del heroísmo y del valor frente a cualquier racionalismo jurídico, y se presenta hoy en la llamada a luchar contra la opresión, la de los banqueros, no necesariamente judíos, y la de los artífices de la globalización capaces de vender a su patria. Se trata de un espíritu de resistencia que paradójicamente pretendería calificarse de republicano. Lo sería en el sentido de que el FN quiere ser el refundador de la República que los políticos corruptos han traicionado.

Pero este discurso no es nuevo. Históricamente, está representado por el general Georges Boulanger, el hombre que lideró un movimiento populista entre 1886 y 1889. Arrastró muchos votos en París, si bien al final no se atrevió a dar el golpe de Estado contra la Tercera República que sus partidarios esperaban. No es extraño que algunos identifiquen a Marine Le Pen como una continuadora de Boulanger, aunque el nuevo populismo aspira a utilizar las urnas, en un discurso muy desideologizado, como el resorte para la conquista del poder.

El cuarto pilar de la extrema derecha es el mito. Según Eltchaninoff, debe mucho a ese sentido pesimista de la Historia representado por La decadencia de Occidente de Spengler. Y es sabido que el pesimismo es caldo de cultivo para toda clase de teorías de la conspiración. Marine Le Pen se alimenta de ellas y propone como solución a la decadencia, en este caso de Francia, un Estado fuerte, capaz de garantizar la libertad y la seguridad de los ciudadanos. Es el Estado estratega, con poder de influencia sobre los individuos, la sociedad civil, los grupos y asociaciones.

Son ideas de corte hobbesiano, completadas con un nacionalismo que arremete contra el mundialismo que, para ella, es el auténtico totalitarismo. También sería totalitaria la Unión Europea, considerada como una especie de prisión de pueblos, en paralelismo con el Estado soviético. De ahí los elogios de la dirigente del FN a los nacionalismos emergentes: los EE.UU. de Trump, el Reino Unido del Brexit, la Rusia de Putin, China, India, Hungría, Polonia… La victoria electoral de Marie Le Pen debería marcar el renacimiento de Francia y del pueblo francés.
En definitiva, Marine Le Pen no ha liquidado la extrema derecha, según el autor del libro, sino que le ha dado mayores impulsos con la renovación de las formas de su discurso. Esto explica el ascenso de sus expectativas electorales en un tiempo de desencanto de los ciudadanos con los partidos tradicionales y con Europa. Un tiempo más adecuado para las vibraciones emocionales que para la razón.
Dans la tête de Marine Le Pen
Leyenda


Dans la tête de Marine Le Pen
Michel Eltchaninoff
Actes Sud.
Arles (2017).
208 págs.
19 €.



© Aceprensa
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