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El caso de Harvey Weinstein: la ley del silencio en Hollywood
El caso de Harvey Weinstein
El caso de Harvey Weinstein está siendo un blockbuster en la taquilla mediática, tal vez porque se trata de un personaje no solo poderoso en la industria cinematográfica sino también abogado de las causas progresistas.
Actualizado 17 octubre 2017  
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Ignacio Aréchaga   

Y en ese Hollywood que en la pantalla ha enarbolado las banderas feministas es particularmente escandaloso que uno de los productores más influyentes se comporte en la vida real como un depredador sexual.

Por eso cuando el New York Times publicó su documentado reportaje con acusaciones de que Weinstein había estado acosando a actrices en Hollywood durante tres décadas y que había llegado a acuerdos financieros con ocho a cambio de su silencio, se abrió la veda. Dos días más tarde, The New Yorker recogía también testimonios de mujeres que decían haber sido acosadas o asaltadas por Weinstein, Y cada día surgen nuevas revelaciones en este sentido.

 

Si antes en Hollywood lo importante era presumir de que uno era amigo de Weinstein, ahora resulta que ninguno de sus amigos sabía nada de su vida oculta

 

Ahora se sabe que la conducta de Weinstein era un secreto a voces, sometido a la ley del silencio. El propio NYT publicó otro mordaz artículo en el que contaba que en los primeros días desde que se publicó la historia había hablado con más de 40 figuras importantes de la industria cinematográfica y casi ninguna había querido ser citada para comentar la conducta de Weinstein. Después, cuando el magnate estaba ya fuera de combate, todo el mundo se puso a hacer leña del árbol caído. Hasta la Academia de Hollywood le ha expulsado de la institución. Y si antes en Hollywood lo importante era presumir de que uno era amigo de Weinstein, ahora resulta que ninguno de sus amigos sabía nada de su vida oculta.

Aunque, en realidad, no era tan oculta. De hecho, actrices como Jessica Chastain han dicho que todo el mundo había oído rumores sobre este asunto. “Las historias estaban en bocas de todos. Negar eso es crear un ambiente en el que podría volver a suceder”. También George Clooney reconoce que “he escuchado rumores sobre Weinstein y las actrices jóvenes durante largo tiempo… Pero parecía una forma de manchar a algunas actrices y humillarlas, diciendo que no habían conseguido sus trabajos por su talento”.

Muro de silencio

Pero lo que realmente ha humillado a las víctimas de Weinstein es el muro de silencio con el que tropezaron al exponer sus quejas. La actriz británica Sophie Dix, que sufrió el acaso del productor cuando tenía 22 años, recuerda que cuando quiso protestar “la gente de la industria cinematográfica no quiso saber nada, no querían escuchar”.

Con el paso de los días, los antiguos amigos de Weinstein se han prodigado en declaraciones de condena. Los Obama, Hillary Clinton, y otros políticos del partido demócrata, del que Weinstein fue un generoso donante, se han apartado del que antes aparecía con ellos sonriente en numerosos eventos. Por supuesto, nadie sabía nada. Aunque más bien habría que decir que todo el mundo había oído algo pero prefirió no saber más. Weinstein era un amigo demasiado influyente, tanto en la carrera de los Oscar como en la movilización política de Hollywood.

 

Weinstein era un amigo demasiado influyente, tanto en la carrera de los Oscar como en la movilización política de Hollywood.

 

Algunas de las mujeres que hablaron para el NYT, se quejan de que Weinstein ha contado con mucha complicidad en el mundo de Hollywood. Rose McGowan, una de las actrices mencionadas en el reportaje del NYT, escribió en su cuenta de Twitter la semana pasada: “Señoras de Hollywood, vuestro silencio es clamoroso”. Después las lenguas se han desatado.

Adalid de las causas feministas

Pero ¿cómo iban a criticar a Weinstein si este era un adalid de las causas feministas que Hollywood ha abrazado? Había organizado una fundación dotada con 5 millones en la Universidad de California Sur para estimular la formación de mujeres cineastas. En mayo pasado había soltado 100.000 dólares en la cena de gala de Planned Parenthood, en la que compartía mesa y mantel con Hillary Clinton y Meryl Streep (aunque luego la organización ha dicho que no hizo efectiva su donación). Por supuesto, había hecho campaña a favor de Hillary Clinton, había participado en la Marcha de las Mujeres y denunciado a Trump por ir contra los derechos de la mujer. Podemos decir que Weinstein estaba a favor de “la mujer”, aunque atropellara a mujeres concretas. Pero Hollywood estaba demasiado ocupado descalificando a Trump por unos comentarios groseros sobre las mujeres, como para ocuparse de los actos abusivos de uno de los suyos.

Quizá el problema es que la conducta de Weinstein no es tan extravagante en Hollywood. La oscarizada actriz británica Emma Thomson ha declarado a la BBC que, “aunque no sabía nada de la conducta de Weinstein, no me sorprende en absoluto, ya que es endémica en el sistema”. Weinstein sería solo la “punta de un iceberg particular” dentro de la cultura de Hollywood.

En la declaración en la que la Academia del Cine de Hollywood comunica la expulsión de Harvey Weinstein, asegura que ha tomado esta decisión “no solo por separarnos de alguien que no merece el respeto de sus colegas, sino también para enviar un mensaje: ha terminado la época de acoso sexual en nuestra industria”. Y eso no se arregla solo con la cabeza de un magnate.

Por el momento, podría ser la historia de una película sobre abusos sexuales, como lo fue la premiada Spotlight. Tenemos abusadores crónicos, unos directivos que prefieren mirar para otra parte y un periódico que se decide a tirar de la manta. A lo mejor gana el Oscar. // aceprensa 

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