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CARLOS GOEDDER

EEUU quiere imitar a Venezuela
La nación más rica y competitiva del orbe apunta la mirada con admiración hacia un país latinoamericano severamente castigado por la opinión pública mundial -dado el autoritarismo que le gobierna-. ¿De qué va esto?
Actualizado 5 marzo 2012  
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Carlos Goedder   

A D. César Peña Vigas y la Segunda Promoción del Programa Galileo (1992)

En EEUU se invierten como media, por estudiante de la escuela primaria, 46 horas anuales en educación artística. Es una magnitud sorprendentemente baja en comparación con los países europeos nórdicos y Japón, donde la magnitud alcanza 300 horas anuales. Al mismo tiempo, cotidianamente, cerca de 400.000 niños y jóvenes venezolanos están expuestos a horas diarias de formación en música académica, la mal llamada “música clásica”. Se trata del Programa de Orquestas Juveniles, liderado por D. José Antonio Abreu desde 1975. Un programa de formación iniciado en un humilde garaje, con 11 músicos y el cual ha alcanzado esta sorprendente escala. Es la envidia de naciones desarrolladas. El Programa ha recibido el Premio Príncipe de Asturias, así que España también ha reconocido este logro venezolano, aunque sus noticiarios y periódicos se empeñen en reseñar únicamente a Hugo Chávez como sinónimo para Venezuela.

Es tal el deleite mundial con este programa, que ha ganado un libro recientemente publicado en EEUU (febrero 2012). Lo escribe la profesora de arte Da.  Tricia Tunstall y se llama “Changing Lives. Gustavo Dudamel, el Sistema and the transformative power of music” – “Cambiando vidas. Gustavo Dudamel, el Sistema y el poder transformativo de la música -. La Editorial es W.W. Norton & Company Ltd. Es una lectura deliciosa. Primero: identificar a los protagonistas de la historia. El mayor logro del Sistema está personificado en un joven director nacido en 1981; se trata del barquisimetano D. Gustavo Dudamel. Recientemente ha ganado el Premio Grammy por su grabación de la Cuarta Sinfonía de Brahms a cargo de la Filarmónica de Los Ángeles. Su llegada a EEUU para asumir esta orquesta estuvo rodeada de un marketing poderoso y se ha ganado una merecida popularidad. “The Dude”, como le llaman, es capaz de compartir este trabajo con la dirección de la venezolana Orquesta Simón Bolívar y con la Sinfónica de Gotemburgo. Su primer recital a cargo de la L.A. Philarmonic fue dedicado a la población latina de EEUU en el Hollywood Bowl y luego sorprendió a la crítica más especializada en un recital más conservador con la Sinfonía “El Titán” de Mahler (la primera). En 2005 reseñé su incorporación al sello Deustsche Grammophon – con su célebre logotipo amarillo -, en el cual han estado los mejores intérpretes de música clásica. Atesoro sus grabaciones y la verdad es que sospeché que este joven alcanzaría cimas, mas creo que aún está por coronar mayores cumbres reservadas para los mejores directores en la historia del podio.

La hija del célebre director y compositor D. Leonard Bernstein (1918-1990) ha adoptado a Dudamel como el continuador del legado creado por su padre, ícono estadounidense y global. La revista BBC Music Magazine considera a Bernstein el segundo mejor director de la historia, tras el introvertido Carlos Kleiber y por encima de Claudio Abbado y mi favorito, Herbert von Karajan (1908-1989). En fin, Bernstein es una figura más afín a Dudamel, especialmente en cuanto a su interés por hacer accesible la música, por difundirla entre los jóvenes, sus lecturas de Mahler, su carisma y su suprema entrega al arte musical. Aún Dudamel están sin composiciones difundidas – Bernstein siempre será el padre de West Side Story -, mas nada disuade sobre pensar que ya las tenga o que las hará. En fin, Dudamel es la estrella del Sistema. Brilla junto con otros solistas venezolanos de estatura global en el exigente mundo musical clásico: Gabriela Montero, Clara Rodríguez, Edicson Ruíz, Alexis Cárdenas, Natalia Luis-Bassa, Pedro Eustache, Christian Vásquez, Diego Matheuz, Rafael Payare, Diego Guzmán y Joshua Dos Santos. Todos herederos de El Sistema, este Programa de Formación Musical mencionado. Viena ahora El Sistema. Es la marca para el proyecto capitaneado por el economista petrolero y músico venezolano José Antonio Abreu. Integran el Sistema las agrupaciones juveniles venezolanas de música clásica, sus fábricas de instrumentos, conservatorios… Toda una red logística destinada a ofrecer acceso musical a los más niños y jóvenes.

Abreu concibió El Sistema como un proyecto social. A diferencia de limitarlo a un ámbito cultural, consideró desde el comienzo que es un programa para desarrollo humano. El objetivo es integrar a los más jóvenes y especialmente a los más pobres, a la sensibilidad artística. El lema de Abreu es que una cultura para los pobres dista de ser una pobre cultura. Ha creado un sistema de calidad, el cual ahora se está emulando en naciones más desarrolladas. Para Abreu la dicotomía entre un arte para las masas y un arte de calidad tampoco existe; en su Sistema, se hace seguimiento y se presta atención a los más talentosos, amparándolos y capitalizando su talento. Ciertamente, está claro que este mundo artístico es selectivo y competitivo en extremo. Los solistas con talla mundial alcanzan una veintena en un sistema que actualmente atiende a 400.000 jóvenes. Así que sin duda, más que un proyecto para crear músicos, el objetivo de El Sistema es crear ciudadanos. La meta es generar una onda concéntrica de valores y un civismo gracias a hacer música. ¿Resultado mensurables? La tasa de deserción (abandono) escolar entre los estudiantes venezolanos del secundario alcanza 26%, mientras entre quienes forman los núcleos de El Sistema es 7%. Además, al menos el 70% de los muchachos atendidos por El Sistema viven en pobreza.

Las orquestas sacan al muchacho del anonimato, de esa cruel reducción espiritual que puede acompañar la pobreza material entre los más humildes. Muchos niños y jóvenes venezolanos ceden al peligroso mundo del “barrio”, ese conglomerado de miseria donde imperan narcotráfico, violencia criminal, embarazo precoz y asesinato prematuro. Alternativas como la Orquesta Juvenil abren al niño y joven un motivo por el cual vivir. Genera además una noción comunitaria: la agrupación orquestal funciona como un microcosmos social en el cual se entretejen relaciones humanas bajo un código común de respeto, culto al arte, autodisciplina y trascendencia. De allí que muchos hagan de El Sistema una forma de vivir. Muchos de los pioneros en el proyecto persisten en él.

¿Es una Orquesta el mejor modo de construir valores y sociedad? Un trabajo reciente de Daniel Kahneman, “Thinking, Fast and Slow” (Pensando, Rápido y Lento), señala como la intuición y el análisis  pueden tornarse egoístas si los estímulos son continuamente materiales y económicos. Esta época de la Gran Recesión está colocando a las sociedades ante mensajes económicos muy adversos: desempleo, desigualdad en la distribución de renta, embargos, peores servicios públicos… Sería ingenuo creer que esto es un vicio del capitalismo; es simplificar demasiado las cosas, porque hay muchos tipos de capitalismo y es preferible un sistema en el cual el individuo puede alcanzar nivel de vida material más elevado según sus capacidades y esfuerzo, lejos de estar encasillado por motivos como títulos nobiliarios, clan o padrinazgos. Ahora bien, algo deseable bajo cualquier sistema económico es armonizar las condiciones desde las cuales partimos; si todos tenemos acceso a una buena educación, salud, alimentación y vivienda, ya queda a merced de cada quien hasta dónde llegar. Lo valioso en El Sistema es que ofrece a sus participantes un punto común desde el cual edificarse.

Existe un matiz. Sería también simplista quien crea que EEUU es una nación espiritualmente pobre, dado que allí está la mayor cantidad de premios Nobel en ciencias y una suma nada despreciable en el ámbito literario.  Hay un valor supremo entre los estadounidenses: la LIBERTAD. ¿Es una orquesta la mejor escuela para la libertad? Allí hay fértil debate, porque bajo la Unión Soviética florecieron orquestas y solistas brillantes. La orquesta tiene dosis jerárquicas y existe mucho el término disciplina. Mas El Sistema tiene un punto importante: la afiliación a él es libre, el instrumento que se interpreta es elegido por el estudiante… En suma, aunque quien entra se afilia a cierto tipo de vida comunitario, para nada se cercena la necesaria dosis individualista, lo cual reconoce la Sra. Tunstall cuando entrevista a quienes acompañan a Abreu. Comparten su filosofía, sin renunciar por ello a su personalidad individual.

¿Un problema de El Sistema? Lo sostiene esencialmente el sector público. Su presupuesto anual es 120 millones de USD; con 400.000 estudiantes, la cuenta es que por año cuesta 300 USD por estudiante. La suma es baja. La pena es que se depende totalmente del gobierno y esto puede generar incentivos perversos. El primero, que haya menos rendición de cuentas que bajo un sistema con cierta dosis de fondos privados; de hecho, parece que una debilidad de El Sistema, excusada por su crecimiento exponencial, es que tiene cierta fragilidad en sus metodologías estadísticas. Esto abre las puertas a oportunistas, por más que El Sistema cuente con un código de valores sólido.

El segundo punto débil: se crea cierta noción asistencialista – el gobierno da todo y hay que serle leal. Este último punto parece también contradecirse con la evidencia, aunque los jóvenes de El Sistema han pasado cautelosamente respecto al tema Chávez; es más, han usado en sus conciertos en los Proms londinenses el estilo de vestimenta con chaquetas tricolores (por la bandera venezolana) empleado por el primer mandatario venezolano, algo que se puede tomar indulgentemente como un marketing nacional, mas es inusual entre orquestas serias. En fin, el deseo sería que El Sistema dependa lo menos posible de caudillos políticos, consignas demagógicas y fondos supeditados a la afiliación partidista. Un negociador de primera como lo es Abreu parece haberlo conseguido; el asunto es que El Sistema sea sostenible sin Abreu. Todo apunta a que sí; hay sucesores y filosofía compartida. Además, parece que quizás el gobierno se amedrenta respecto a politizar El Sistema porque este último es fuerte, demasiado fuerte en sí mismo. Lo que sí queda claro es que El Sistema ha sabido usar positivamente los incentivos que otros han manejado perversamente en Venezuela: la dependencia respecto al sector público – y su renta petrolera -, los fuertes liderazgos personales –Abreu es un caudillo benevolente, sin duda – y la desigualdad social. Quizás es el único proyecto de desarrollo humano que ha sido capaz de crear sosteniblemente la Venezuela Petrolera. Otros como Fundayacucho, la Universidad pública y las Fundaciones Estatales han capitulado.

Una gran ventaja de El Sistema es su apertura internacional. Esta capacidad para vincularse con otras sociedades y ser global ayuda también a escapar de riesgos perversos. Hace de la Orquesta una institución que da mundo a sus participantes, les expones a otras sociedades y culturas. Y muchos visitantes internacionales están examinando en Venezuela y difundiendo este programa social. Es una historia de éxito. La pena es que disten de haber otros Abreus en ámbitos como el deportivo, científico o el artesanal, por ejemplo. Parece que el único escape de los jóvenes es la música, mas no todos tenemos habilidades para ella. Hay otras artes, otras áreas del saber, otras disciplinas en que puede realizarse un individuo y quizás haya un exceso de músicos porque se carecen de otras áreas en las cuales construir también valores. En fin, es un trabajo pendiente, mas el precedente exitoso es claro.

Lo importante es que quienes participan en estos Programas Sociales disten de creer que el coste social es cero. Es preciso cierto compromiso de disciplina y sería deseable que el participante se sienta de alguna manera copropietario del proyecto. Mientras evitemos crear a unos músicos mendicantes de El Estado y  el Gobierno renuncie a emplear con fines proselitistas algo tan sublime como estos proyectos de Desarrollo Humano, se alcanzará un óptimo.

Está claro que El Sistema tiene sus enemigos también en otro grupo pernicioso: quienes creen que el arte es algo elitista y reservado a cierto círculo. Ahora que Dudamel vuelve a visitar España en marzo 2012, la revista Scherzo (Año XXVII – No. 272) dice sobre él: “Es un músico diferente y eso no gusta a los puristas, que creen que aquí hay mucho marketing y poca seriedad: Dudamel (vienen a decir) está ahí no por su talento y su preparación, sino porque así lo han querido Claudio Abbado y Simon Rattle, y todo lo demás ha sido vender la imagen de un muchacho carismático que cae simpático y que puede personificar los logros de un proyecto social, cultural e incluso político a todas luces encomiable. Sus primeras grabaciones para DG, la Quinta y la Séptima de Beethoven (2006) y la Quinta de Mahler (2007), siempre con la Simón Bolívar, dividieron a la crítica, pues donde unos vieron pura propaganda otros vieron una oportunidad de llevar la música clásica hasta el último rincón del planeta. Pero después grabó ese fantástico disco llamado Fiesta (2008) con música de autores latinoamericanos (…) y aquella torrencial explosión de alegría y ganas de vivir nos descubrió todo lo que Dudamel podía aportar a nuestro tiempo: la música necesita nuevos aires y él nos los trae desde Venezuela…”. El autor del artículo, Asier Vallejo Ugarte, capta lo revolucionario de Dudamel y El Sistema: han hecho popular la música clásica.

En su libro, Tunstall se pregunta si Caracas pudiera ser para el Siglo XXI lo que Viena fue para el Siglo XVIII y XIX. Ciertamente, desde allí está emergiendo un mensaje claro: se puede construir ciudadanía mediante el arte y este dista de ser excluyente, Acá estamos ante un proyecto que, económicamente, es perfectamente defendible: sus externalidades, esto es, sus consecuencias indirectas, son impactantes y duraderas entre los jóvenes, sus familias y comunidades. Acá el tema es elevar las miras y adquirir valores que son compatibles con el éxito tanto individual como colectivo.

Jóvenes delincuentes y marginados han visto reconstruidas sus vidas gracias a El Sistema. EEUU, el país con más presos del mundo, quizás alcanzaría la anhelada reinserción social y la inclusión ciudadana respaldando proyectos como El Sistema. Sólo hace falta agallas, perseverancia y producir resultados que hagan sustentable la iniciativa. El Siglo XXI precisa estos proyectos sociales. Son más baratos que las alternativas punitivas y disuasorias. Acá todo es constructivo e invita a lo perdurable. Por esto creo en El Sistema, mientras se mantenga abierto, bajo observación internacional y genere historias exitosas. Eso sí: tiene que haber la máxima transparencia en estadísticas y preparación para generar recursos propios. Sin duda acá se precisa gobierno, mas también apoyo privado vía Fundaciones, Apoyo Empresarial y contribuciones particulares.

El Sistema es el tipo de programa social indispensable para sostener los valores que engrandecen una sociedad libre y democrática. Ha abierto a los jóvenes latinoamericanos y pobres del orbe unas alternativas al partido político, la pandilla o la agrupación religiosa fanática. Demuestra que se puede salir de la pobreza con esfuerzo, que se puede comulgar en valores sin sacrificar la personalidad y, en suma, que se puede brillar en una competencia limpia e inspirada como es la musical.

Ojalá que tras dirigir Dudamel una orquesta sueca, se abran las puertas hacia el Nobel de la Paz que su mentor Abreu merece.

Madrid, 5 de marzo de 2012
Por: Carlos Goedder
carlosurgente@yahoo.es
www.carlosgoedder.com

 

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