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Miércoles, 01 de diciembre de 2021 |
ALEJANDRO A. TAGLIAVINI
Elon Musk, Maestro
"...dentro de este mundo en donde de momento y por mucho tiempo, sospecho, existe fuerte intervención estatal Elon se destaca por combatirla mientras que sus pares ultra millonarios se destacan por aprovecharse del Estado."
Actualizado 5 noviembre 2021 - 0:0  
Alejandro A. Tagliavini   

                       Como he explicado en notas anteriores, sucintamente, hoy se dan tres corrientes económicas. El keysianismo, que lo conocemos por ser gran armador de burbujas, emiten y emiten creyendo que así mueven la economía y lo que logran es un globo artificial que al final se pincha y la onda expansiva empora las cosas. Luego, la teoría económica neoclásica -la preferida de los operadores de mercados que desconfían de la emisión exagerada- cuya característica consiste en creer en el equilibrio -de la curva de oferta y demanda- del mercado, lo que implica que se ha llegado al conocimiento perfecto y, por tanto, que éste es estático y rígido: la empresa es solo una función productiva, un medio para transformar insumos en productos.

                  Y, finalmente, la teoría del mercado natural (“libre” de intereferencias artificales desde el Estado), iniciada por los escolásticos españoles de la Escuela de Salamanca de los siglos XV y XVI, y retomada, en alguna medida, por la Escuela Austríaca de Economía que sabe que no existe el equilibrio -porque no hay conocimiento perfecto, estático- sino un entorno puntual en permanente movimiento, que tiende al equilibrio al ritmo en que los actores del mercado encuentran nuevos conocimientos que siempre son perfectibles y plantean nuevos horizontes, mueven el punto de equlibrio.

                Y, por ello, el mercado es imprevisible e imposible de planificar de antemano, mientras que una empresa es, precisamente, una función creativa, en búsqueda del conocimiento perfecto al que nunca se llega, y por tanto, imprevisible y espontánea.

                Por cierto, vale una aclaración antes de empezar a elogiar a Elon Musk. En un mercado natural, rige la curva de oferta y demanda para todo, insisto, para todo el cosmos. También para la riqueza personal. O sea, al contrario de lo que muchos creen, las fortunas exageradas en comparación con el resto de la sociedad no son propias de un mercado donde rige la curva de oferta y demanda, por la simple razón de que, cuando otros observan que una persona está ganado mucho dinero, lo copian y compiten con él.

              Las fortunas exageradas, por el contrario, son propias de sistemas intervenidos por el Estado -como con los keynesianos y neo clásicos- que impiden que otros copien a estos multimillonarios. Un caso típico son las leyes de “propiedad intelectual” -como si las ideas tuvieran dueño- que crean verdaderos monopolios como Amazon, Microsoft, Facebook, etc. enriqueciendo a sus monopolistas de manera artificialmente exagerada.

              Así, podría decirse que, mientras que el socialismo iguala hacia abajo empobreciendo a todo el mundo con las coactivas imposiciones de los burócratas, el mercado natural, por el contrario, iguala hacia arriba al no existir barreras para la expansión y creatividad de cada persona.

              Y Musk no escapa a esta definición. De no existir las leyes de “propiedad intelectual” tendría mucha más competencia. Pero, dentro de este mundo en donde de momento y por mucho tiempo, sospecho, existe fuerte intervención estatal Elon se destaca por combatirla mientras que sus pares ultra millonarios se destacan por aprovecharse del Estado.

                El dueño de Tesla, entre otros tantos logros, desafió la cuarentena impuesta por el Estado y ganó, “privatiza” la actividad espacial -y su infinito potencial- haciéndola mucho más eficiente. Y, casi sin quererlo, es el hombre más rico del plantea con un patrimonio neto de más de USD 311.000 M, a partir de que su empresa insignia tiene una capitalización de mercado que supera en mucho a las automotrices más grandes del mundo sumadas, aun cuando ni de cerca produce tantos autos.

               Tesla vale ahora unas 16 el valor de Ford, pero solo tiene el 33% de las ventas. Pocos días atrás, a raíz de los resultados del tercer trimestre mejores de lo esperado, MS Research elevó su precio objetivo para la acción del fabricante de autos eléctricos a USD 1.200 y se quedó corto, aunque luego por un tuit de Musk, hubo una corrección. Y la acción sube casi 900% desde la crisis de febrero de 2020 cuando personalmente ya recomendaba su compra:

                 Claro que para los neo clásicos Tesla está sobrevaluada ya que los “fundamentales” -ingresos, ventas, rentabilidad o cualquier otra cosa que determine el valor actual descontado de sus flujos de efectivo futuros- no cierran y así, desde hace meses, auguran equivocadamente su desplome ya que no entienden que el mercado es imprevisible, que no se mueve al antojo de los operadores o planificadores estatales sino a su propio aire. Y, sobre todo, no se mueve por costos, es decir, el público nunca decide cuánto quiere pagar por un producto según cuánto le cuesta al fabricante, decide comprar si considera que el precio le conviene.

                    Así, el mercado no compra las acciones en base a los fundamentales de las empresas sino cuando intuye que esa acción tiene potencial para subir, por distintas razones. A muchos les gusta hablar de “expectativas”, pero se parece más a “esperanza” porque las expectativas hacen referencia a la previsión de que esos fundamentales se superarán en el futuro, mientras que la esperanza hace referencia a que unas ideas claras, progresistas, con avances importantes y un liderazgo firme pueden obtener logros hoy impensables, y Elon Musk es uno de esos líderes. 

                 Por cierto, otro caso notable es el del Bitcoin cuyos “fundamentales” también asustan a los neoclásicos. ¿Cuáles son las similitudes entre Tesla y Bitcoin? ¿Mejoran los “fundamentales”, son grandes coberturas contra la inflación, hay “trampas gamma” o es pura especulación?

                   Pero Elon, además de enfrentar abiertamente al estatismo, enfrenta también sin complejos de inferioridad a la corrupción y la demagogia. No tengo la menor duda de que fue sincero cuando ofreció vender acciones de Tesla “ahora mismo” si la ONU demuestra que USD 6.000 M resuelven el hambre en el mundo.

                    Así desafió al director del Programa Mundial de Alimentos (PMA) quien pidió que multimillonarios como el empresario sudafricano “den un paso al frente ahora, por única vez”. Pocos organismos son más corruptos que las Naciones Unidas y Elon Musk lo sabe y así compartió una nota del diario británico Express sobre el caso de niños de nueve años presuntamente obligados a dar sexo oral a funcionarios de la ONU para conseguir comida y preguntó: “¿Qué pasó aquí?”.

                  Si el PMA, utilizando una contabilidad transparente y abierta, “puede describir en este hilo de Twitter exactamente cómo USD 6.000 M resolverán el hambre mundial, venderé acciones de Tesla ahora mismo y lo haré”, escribió Musk en Twitter. “Pero debe ser una contabilidad de código abierto, para que el público vea con precisión cómo se gasta el dinero”, agregó.

                  El burócrata del PMA le respondió diciendo que podía asegurar que tenían los sistemas establecidos para la transparencia y la contabilidad de código abierto. Tengo mis serias dudas, pero aun cuando fuera cierto, lo que no dice es que cuanto más grande sea el presupuesto del PMA más se benefician los burócratas como él ya que se quedan con buena parte en sueldos, viáticos, gastos de representación y otras lindezas.

                    Luego el burócrata reculó y dijo que “USD 6.000 M no resolverán el hambre mundial, pero evitarán… una tormenta perfecta debido a covid/conflicto/crisis climática”. Si claro, lo que no aclaró es que, en rigor, no es el covid el culpable de la crisis sino, precisamente, las restricciones -cuarentenas, protocolos, etc.- que aplicaron sus colegas burócratas de los gobiernos en casi todo el mundo.

                  Y finalmente, Elon ha criticado los intentos de imponer impuestos a multimillonarios. Otra medida demagógica que, por supuesto, a los ricos es a quienes menos perjudica -por ello Bill Gates no tiene empacho en promoverla- ya que tienen mil recursos -aumentar precios, bajar sueldos, reinvertir en países menos onerosos, etc.- para derivar los impuestos hacia abajo. Es decir, cuando los políticos se llenan la boca con la demagogia de “que paguen los ricos” es para disimular que le van a cobrar a los pobres.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com