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Sábado, 23 de octubre de 2021 |
ALEJANDRO A. TAGLIAVINI
Gato por liebre o negro por verde
Como señala el prof. Steve Hanke, tienen en común los apagones en China, el pánico en las gasolineras del Reino Unido y el alza de los precios de la gasolina en Europa el que todos son el resultado de políticas e intervenciones "verdes".
Actualizado 11 octubre 2021 - 0:0  
Alejandro A. Tagliavini   

El equipo macro del muy prestigioso Nordea Bank ve un futuro global con bastante volatilidad. Y señala algunos factores importantes. Menor liquidez lo que implica, irónicamente, menor inflación, esto es, menos impulso a la burbuja de Wall Street, “menos dinero para impulsar las valoraciones al alza”. El crecimiento global se desacelera, entre otras cosas, debido a las interrupciones en la cadena de suministros -como rezago de las cuarentenas y demás violaciones al mercado- más los últimos problemas con la energía que “podrían forzar un escenario más negativo a corto plazo”.

                Problemas de costo/margen de beneficios ya que todo se está volviendo más caro, precisamente, como consecuencia de la inflación dada la monstruosa emisión, desde que comenzaron las cuarentenas y demás restricciones al mercado, y la desacertada política de la Fed que pretende apagar el incendio con gasolina.

               Obviamente, a medida que el SP 500 baja el VIX sube, o al revés, en cualquier caso, el miedo aumenta y Wall Street baja, como puede verse en el siguiente gráfico donde se dibuja la inversa del VIX:

 

                   Se puede observar que el evento Evergande, aun cuando es importante en China y China lo es cada vez más en el mundo -como puede verse en la curva siguiente-, fue solo un susto. Luego el mercado se recompuso, pero volvió a caer ya por los motivos que vimos:

 

          Entretanto, los bonos del Tesoro a 10 años de EE. UU. han subido casi 25 puntos básicos en unas pocas sesiones. Evergrande captó la atención, pero estos bonos siguen siendo el activo más importante del mundo y, normalmente, su rendimiento va inversamente a las acciones ya que el temor en el mercado provoca que se refugien en estos títulos soberanos subiendo su precio y, por ende, bajando su rendimiento.

          Sin embargo, la incertidumbre y volatilidad ha provocado que, con el bono a 10 años alcanzando un rendimiento del 1,54% al momento de escribir (1,55% es un “gran nivel”), esa conexión con el NASDAQ parece inestable. Y, por cierto, la última vez que los rendimientos se negociaron al nivel de 1,55%, el NASDAQ estaba un 5% más bajo:

 

                 Por cierto, los principales perjudicados cuando el rendimiento de los bonos del Tesoro sube tanto suelen ser las poderosas tecnológicas, las del índice NYFANG, entre otras cosas porque les absorbe fondos. Como se ve en la figura siguiente, la última vez que el rendimiento estuvo en 1,55% las cosas se pusieron bastante mal para los NYFANG:

 

                  Como ya sabemos, la inflación -el exceso de emisión respecto de la demanda de dinero- distorsiona todo en un círculo vicioso sin fin. La subida de los rendimientos en EE.UU. provoca flujos hacia el dólar que sigue su carrera alcista de fondo. Los analistas del Deutsche Bank avisan que están “mejorando modestamente” sus previsiones en dólares para fin de año: “la dinámica estanflacionaria persistente -un crecimiento más bajo pero una Fed agresiva – deja poco espacio para una tendencia bajista del dólar”.

 

                 El informe semanal de la Comisión del Comercio de Futuros sobre Materias Primas (CFTC por sus siglas en inglés) presenta un desglose de las posiciones netas de los operadores “no comerciales” (especulativos) en los mercados de futuros de EE.UU. (en USD) y allí se ve que aumentan:

 

                      Al mismo tiempo, mientras también aumentan los administradores de activos (asset managers), caen los fondos apalancados: 

 

                     En otras palabras, lo que se ve aquí es un mercado inestable por todos lados básicamente por astronómico exceso de emisión por parte de los bancos centrales con excusa de salir de “la pandemia”. Esto al principio produjo un aumento generalizado en el precio de las materias primas, pero ahora está provocando una recesión y con ello la bajada en los precios por falta de consumo y por la fortaleza del dólar.

Fuente: FMI

 

               Sin embargo, para empeorarles la situación a países como Argentina, no todos los precios de las materias primas caen. La energía se dispara: los precios del petróleo superaron los USD 80 el barril hace pocos día por primera vez en tres años, y el gas natural y el carbón también escalaron picos de varios años.

 

                Como señala el prof. Steve Hanke, tienen en común los apagones en China, el pánico en las gasolineras del Reino Unido y el alza de los precios de la gasolina en Europa el que todos son el resultado de políticas e intervenciones “verdes”. “No hay almuerzos verdes gratis. Solo grandes subidas de precio”.

                 Lo cierto es que los “líderes globales” y, con ellos, una enorme proporción de medios y de la opinión pública, están comportándose de modo muy incoherente. Por caso, es insólito que en el mundo se haya propagado con tanta fuerza una “cultura verde” que propicia que los gobiernos impongan de manera coactiva regulaciones para “evitar la destrucción del planeta” por parte del hombre. Venden gato negro por liebre verde.

                 Esto es increíblemente irónico, en primer lugar, porque el Estado impone estas regulaciones en base a su poder policial, es decir, a su monopolio de la violencia cuando la violencia es precisamente -según ya lo definía Aristóteles- aquello pretende desviar coactivamente el curso normal, espontáneo de la naturaleza. Es decir, destruir a la naturaleza. Y en segundo lugar porque, precisamente, los organismos más contaminantes son los estatales empezando por las fuerzas armadas y policiales que con sus armas y movimientos son altamente nocivas.

                Ergo, los primeros hombres que están destruyendo al planeta, por sus intereses creados, son los políticos y burócratas internacionales que se benefician directamente del aumento de los presupuestos y poder estatal.

              Cuenta Richard Valdmanis que, si bien existe un repunte de la demanda de energía desde los mínimos alcanzados durante las restricciones con excusa de “la pandemia”, no es la falta de recursos la culpable de la crisis sino las imposiciones coactivas de los gobiernos, básicamente, para “resguardar la naturaleza”. Además de las restricciones de suministro en curso por parte de la OPEP -que se reunirá en los próximos días para discutir un aflojamiento- y los cuellos de botella del transporte global a raíz de regulaciones estatales que complican la distribución existen infinidad de regulaciones “verdes”.

                 Beijing ha comenzado a racionar la electricidad para las empresas dada una escasez en el suministro de carbón provocada por los controles intensificados en las minas chinas que arrastraron la producción hacia abajo. Debido a que Beijing fija los precios de la energía, las centrales eléctricas de carbón no han podido operar económicamente con costos de carbón tan altos y están cerrando. Goldman Sachs estimó que hasta un 44% de la actividad industrial china se ha visto afectada por la escasez de energía.

                 La razón del aumento de los costos en Europa es una confluencia de factores locales, que van desde las escasas reservas de gas natural y los envíos al extranjero, la producción mediocre de los “verdes” molinos de viento y las granjas solares de la región, y el trabajo de mantenimiento que ha dejado fuera de servicio a los generadores nucleares y otras plantas. Por cierto, insólitamente, el problema en Gran Bretaña no es la falta de gasolina, es la falta de camioneros, precisamente, por regulaciones estatales como las relativas a la inmigración.

                En fin, entretanto en Argentina…

                Relatan desde Invecq que, durante agosto, según el Indec, las exportaciones alcanzaron USD 8.093 M, un aumento del 63% respecto a igual mes de 2020. Fuerte incremento debido a un crecimiento de los precios de 30% y de las cantidades de 25%. Todos los rubros aumentaron: combustibles y energía, 182%; productos directos del agro, 70%; manufacturas industriales, 60%; y manufacturas agropecuarias, 47%. En el acumulado de 2021, las exportaciones aumentaron 35% como resultado principal del salto en los precios internacionales, aunque hubo un pequeño aumento de cantidades.

               Entretanto, las importaciones alcanzaron los USD 5.754 M, se incrementaron 64% respecto a igual mes del año pasado, como consecuencia de una suba de 33% en las cantidades y de 23% en los precios. Todos los rubros registraron variaciones positivas: los bienes de capital aumentaron 38%; los bienes intermedios 60%; combustibles y lubricantes, 223%; piezas y accesorios para bienes de capital 88% y bienes de consumo 19%.

               De esta manera, la balanza comercial registró un superávit de USD 2.339 M, USD 893 M superior al registrado en igual período de 2020. El saldo acumulado por este intercambio en los primeros ocho meses del año alcanzó ya los USD 10.649 M, nivel similar al del año pasado y superior al de todos los años desde el 2009.

              Pero ahora, un desglose permite intuir que, dado el bajón en el precio de las materias primas agrícolas y el aumento de los productos industriales como consecuencia de la inflación y la subida del crudo, se perjudicará la balanza argentina a la vez que se fortalece el dólar.

              En el siguiente gráfico de Invecq, se observa la dinámica de las reservas internacionales netas del BCRA. A lo largo del mes de agosto, con ese gran superávit comercial que mostró el Indec, las reservas netas del BCRA bajaron en unos USD 1.000 M en gran parte para contener la brecha con el CCL. Y, como dijimos, este superávit podría empeorar.

 

                     Así las cosas, con reservas yendo para peor, corre riesgo la política cambiaria de devaluar la moneda solo al 1% mensual. Sobretodo, si sumamos la creencia en buena parte del oficialismo de que es necesario un déficit más grande para contener la caída electoral, aumentando la emisión monetaria para financiarlo, esto es, provocando la depreciación real -más allá del cambio oficial- del peso.

                   Desde fines de la semana pasada el BCRA ha vuelto a tener que vender dólares en el mercado oficial, el CCL intervenido ha aumentado la brecha con el oficial y el “CCL” libre superó los $ 190 aumentando la brecha de la brecha. Y todo podría empeorar, aunque lleguen fondos del FMI (al final del show del tira y afloje, siempre se acuerda porque ese es el negocio de los burócratas de este organismo multi estatal).

                   No sorprende pues que muchos grandes inversores estén haciendo una movida hacia el dólar. Se observa que los depósitos ligados a la suba del IPC – “inflación”, según el Indec- cayeron un 10% en el último mes, y se estarían volcando a bonos soberanos en dólares que hoy tienen tasas de más del 20% anual de rendimiento.

*Asesor Senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com