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Martes, 22 de junio de 2021 |
GEORGE CHAYA
Irán: proscripciones y disputas entre conservadores y reformistas frente a las próximas elecciones presidenciales
La República Islámica tiene un presidente y un parlamento, pero también un consejo superior de guardianes y clérigos que no sólo examina la legislación sino también a los candidatos políticos
Actualizado 7 junio 2021 - 0:0  
George Chaya   

El hundimiento del buque más importante de la marina de guerra de Irán, ocurrido el pasado martes en aguas jurisdiccionales de Omán debido a un incendio que no pudo ser extinguido según el comunicado oficial de jefatura naval iraní ha puesto de manifiesto no solo la vulnerabilidad militar de la República Islámica sino que expuso un síntoma más de la crisis económica y política que transita el régimen.

Sumado al incidente del buque, al día siguiente, el miércoles, se desató un incendio de proporciones en una refinería al sur de Teherán, el fuego afectó el tendido principal de tuberías de transmisión de gas licuado. De acuerdo a lo informado por la agencia de noticiosa Mehr, las instalaciones quedaron fuera de servicio con la consiguiente pérdida económica que ello significa

Los problemas para el régimen son cada vez más graves y la cercanía de las elecciones presidenciales configuran un punto crítico, particularmente en lo político y económico dado el convulsionado presente de una sociedad civil agobiada por la falta de empleo, los índices inflacionarios y el rumbo negativo de una economía estrangulada por las sanciones que impacta de forma extremadamente negativa en el pueblo iraní.

En esa dirección, el ex-presidente del Majlis (parlamento) Alí Larijani, reconoció esta semana a la prensa que el crecimiento económico no fue el esperado y necesario para solucionar los problemas de la ciudadanía, Larijani también declaró que el gobierno no tuvo éxito en la lucha contra el desempleo y que debe trabajar mucho más para que la juventud iraní no emigre como sucede actualmente. Al mismo tiempo, el lider moderado justifico que la economía del país no creciera en índices positivos por el rigor de las sanciones a las que se encuentra sometida la República Islámica. Los comentarios de Larijani, enfurecieron a la maquinaria teocrática que de inmediato lo eliminó como candidato para participar en la elección presidencial del próximo 18 de junio.

De nada valió que Alí Larijani haya apoyado siempre las negociaciones del régimen con Occidente en materia del levantamiento de las sanciones o su alineamiento incondicional con el derecho que exige su país por obtener autorización para producir energía nuclear. Sus declaraciones lo excluyeron de la carrera presidencial por orden directa del Líder Supremo Ali Khamenei.

Otro aspirante a la presidencia, el representante de línea dura Ibrahim Raisi, se desmarcó de los dichos de Larijani y expresó su posición sobre la forma que cree adecuada para alcanzar el levantamiento de las restricciones estadounidenses que generaron el congelamiento de miles de millones de dólares a Irán. Raisi declaró que es un error estratégico buscar negociar con el enemigo y que lo prioritario es resolver los problemas económicos del país. Para ello, según Raisi, se debe gestionar de forma adecuada los recursos humanos y naturales de Irán, priorizando los intereses  nacionales y no las condiciones que imponga Washington y Occidente.

Sobre la descalificación de Larijani, no fue la única, otros candidatos moderados del sector reformista también quedaron en el camino de cara a las elecciones. Tal situación ha dejado el camino a la presidencia prácticamente allanado a Raisi. Ese escenario es la prueba irrefutable que el núcleo duro cercano al líder supremo ha operado para eliminar a cualquier aspirante moderado de la carrera presidencial para debilitar a los elementos contrarios a la linea dura del régimen. Así, resulta cada vez más claro que no habrá un presidente fuera de la línea teocrática y fuertemente anti-estadounidense.

Desde su origen la República Islámica fue concebida por su creador, el ayatollah Ruhollah Khomeini, como una mixtura entre la filosofía política-chiíta y el modelo republicanista occidental. Su sistema de gobierno es un maridaje de soberanía popular y autoridad suprema religiosa y las instituciones que representan a ésta última tienen poder absoluto sobre la primera. La República Islámica tiene un presidente y un parlamento, pero también un consejo superior de guardianes y clérigos que no sólo examina la legislación sino también a los candidatos políticos y es el líder supremo religioso el máximo arbitro en los asuntos de alto nivel como en las decisiones finales sobre ellos.

En ese marco, el principal debate al interior del sistema político-religioso de Irán esta dado entre los defensores de preservar el dominio de las instituciones teocráticas del estado y aquellos que se inclinan por reformarlas para mostrarlas como instituciones con sentido y características republicanas, mientras los defensores rígidos de la teocracia buscan preservar una suerte de statu-quo político-religioso cerrado contra el sector reformista que trata, o al menos declara, su deseo de abrir el país.

Ambos sectores difieren en la política exterior, los teocráticos duros proponen políticas aislacionistas oponiéndose a mejorar las relaciones con Occidente; contrario a ello, los reformistas abogan por el acercamiento con Occidente a través de la diplomacia para resolver los temas que generan controversias a nivel regional o internacional. Así, través del tiempo ha sido una constante dentro de Irán que los sectores teocráticos neutralizaran a los reformistas para evitar que alcancen una posición dominante dentro del sistema político instrumentado por la revolucion de Khomeini. El ejemplo de ello se mostró con las implicancias de la sorpresiva victoria del reformista Muhammad Khatami en las elecciones presidenciales de 1997, de allí en adelante el Consejo de Guardianes de la Revolución evito que ocurra el mismo error y prohibió a la mayoría de los reformistas participar en las sucesivas elecciones futuras.

Lo cierto es que hay un patrón reiterado y constante en la política interna iraní, los moderados suelen ganar las elecciones cuando se les permite postularse. Por esa razón, los de línea dura tienden a bloquear la participación de los moderados. La elección de este año es el ejemplo mejor acabado del accionar de la línea dura del régimen que no solo ha descalificado y bloqueado a sus rivales, sino que busca eliminar su línea de pensamiento del escenario político para imponer los postulados teocráticos más rígidos de la revolución khomeinista.

Aunque Larijani no es un reformista genuino sino un pragmático que proviene del establishment conservador igual fue descalificado para postularse a la presidencia. Sin embargo, a pesar de haber sido bloqueado por el régimen en la última semana, Larijani dejó en claro que seguiría trabajando por una agenda centrada en el crecimiento económico a través de una mayor y más amplia integración con la economía mundial y que buscara mejorar las relaciones con las potencias mundiales, incluido EE.UU. e hizo hincapié en que si el presidente Biden regresa al acuerdo nuclear y cumple sus compromisos de levantar las sanciones, entonces sería posible una negociación amplia y abarcativa de otros asuntos.

No obstante, para la línea dura, la agenda de Larijani es peligrosa. Tras el acuerdo nuclear de 2015, el líder supremo Ali Khamenei advirtió sobre los esfuerzos por infiltrar políticas ajenas a los intereses de la revolución por parte de los enemigos del país para subvertir a la República Islámica desde adentro y Larijani fue sindicado como uno de esos enemigos. Las palabras de Khamenei fueron tomadas como una luz verde por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica para arrestar a muchos de sus seguidores, incluso aquellos con doble nacionalidad a los que acusaron con cargos fraudulentos de infiltración para conspirar en favor de un cambio de régimen.

Por otra parte, la salida del acuerdo nuclear por parte de la administración Trump jugó directamente a favor de los iraníes intransigentes de línea dura. Sin embargo, si Irán hubiera cumplido sus compromisos, el acuerdo nuclear habría tenido éxito y el gobierno de Rouhani pudo haber alcanzado un fuerte crecimiento económico. Pero en las actuales circunstancias es difícil imaginar un escenario de prosperidad para el país.

Al mismo tiempo, el sector político moderado y reformista de Irán carece de un apoyo significativo frente a la abierta toma del poder de la línea dura. De esa manera, Raisi se mantiene como el gran candidato en las encuestas de opinión. Al tiempo que encabeza una campaña anti-corrupción utilizando su investidura como presidente del órgano político  religioso más alto del poder judicial.

Según agencias de prensa árabes del Golfo y grupos de expatriados iraníes en Europa, las aspiraciones de Raisi no terminan en la presidencia, su ambición va más allá y se especula que aspira a suceder al líder supremo Alí Khamenei en la conducción más alta de la República Islámica.

Así, como paso previo, en las próximas elecciones presidenciales Raisi competirá con otros seis candidatos aprobados por el Consejo de los Guardianes de la Revolución. Pero la campaña está destinada a ser “una mera formalidad”. Tres de los otros candidatos, el ex negociador nuclear Saed Jalili y los legisladores Alireza Zakani y Amir Hossein Ghazizadeh, son de la línea dura, con lo que es muy posible que apoyen a Raisi y bajen sus candidaturas antes de la elección. Solamente dos de los candidatos son del sector moderado, ellos son el gobernador del Banco Central Abdolnaser Hemmati y Mohsen Mehralizadeh, un ex gobernador provincial a priori sin ninguna chance. Ninguno de los dos tienen fuerza políticamente o apoyo público para plantear un desafío serio a Raisi.

Las figuras que rodean a Raisi pertenecen a la facción más radical de Irán, conocida como el Frente de Estabilidad de la Revolución Islámica o Frente de Resistencia. Jalili, Zakani y Ghazizadeh están estrechamente identificados con esta agrupación al igual que el director de campaña de Raisi, Ali Nikzad. El Frente de Resistencia ha buscado durante años eliminar a los moderados de la escena política de Irán. Figuras como Zakani y Ghazizadeh pidieron de manera explícita que se expulse a todos los partidarios de la diplomacia con Occidente y ambos apoyan un modelo similar al de Corea del Norte en referencia al programa nuclear de Irán.

El sistema teocrático iraní generalmente se ha deglutido a sus propios políticos. Khatami, el ex presidente reformista fue eliminado por el sistema y hoy está prohibido mencionar su nombre por orden del régimen. El ex-primer ministro Mousavi y candidato presidencial de 2009, permaneció arrestado en su casa hasta finales de 2013. Pero también el ex-presidente Mahmoud Ahmadinejad, el mayor exponente de la línea dura, se enfrento al sistema en los últimos años y esta semana fue descalificado para postularse en las elecciones del proximo 18 de junio.

Al negar a los moderados cualquier posibilidad de disputar la presidencia. La elección presidencial de éste mes promete una nueva frustración para los iraníes, pero también para la comunidad internacional que tiene alguna expectativa de reforma en Irán.

Hassan Khomeini, nieto del fundador de la República Islámica, ha criticado duramente las descalificaciones de candidatos por el Consejo de los Guardianes de la Revolución. El jueves se conoció una declaración suya en la que criticó fuertemente la negación de derechos al pueblo y el desprecio por las instituciones republicanas por parte del régimen por considerar ese accionar completamente opuesto al sistema que estableció su abuelo. Mientras que el actual presidente Rouhani acompaño la posición  de Khomeini declarando que tener elecciones con aspirantes vedados es un acto estéril.

Los partidarios de la línea dura han sabido empoderarse enormemente utilizando las presiones estadounidenses de la administración Trump y pareciera que hoy buscan consolidar el poder de forma total. Su objetivo final puede ser establecer a Raisi como el próximo líder supremo. Al hacerlo, están vaciando de legitimidad a la República Islámica y alejándola de su propio pueblo, el mismo pueblo que ayudo a mantenerla en el poder desde el primer día de su nacimiento en 1979.