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Sábado, 27 de febrero de 2021 |
ALEJANDRO A. TAGLIAVINI
Bitcoin, moneda y peso
¿Es creíble que el gobierno logre un dólar a $102 a fin de año? Imposible saberlo, sobre todo en Argentina donde los políticos cambian cada cinco minutos las reglas, del mismo modo que lograron algo impensable, la deflación.
Actualizado 18 febrero 2021 - 0:0  
Alejandro A. Tagliavini   

Una semana después de que Tesla anunciara su inversión de USD 1.500 M en Bitcoin (BTC), el activo digital ha seguido ganado terreno en las finanzas tradicionales. Una unidad de inversión de Morgan Stanley está considerando apostar por BTC. BNY Mellon formó un nuevo equipo que está desarrollando una plataforma de custodia y administración para activos tradicionales y digitales. Mastercard Inc. ha dicho permitirá que los titulares de tarjetas realicen transacciones en ciertas criptomonedas. Así llevaron al Bitcoin a nuevas alturas, superando los USD 51.000 por primera vez. Solo en febrero, subió un 42%:

Sin dudas existe un exceso especulativo en este mercado alcista debido a las astronómicas inyecciones de dinero por parte de la Fed, junto con las “acciones de centavos” -baratas- y las empresas de cannabis. En cualquier caso, la tendencia sigue alcista y ya supera ampliamente su subida de 2017:

Por cierto, continúa el feroz debate sobre si Bitcoin es un activo legítimo, con algún propósito o valor real, y acerca de si es moneda o no. Y, recientemente, Nassim Nicholas Taleb, autor de “The Black Swan” (El Cisne Negro), dijo que se está deshaciendo de sus Bitcoin. Dada su volatilidad, según Taleb, no se pueden poner precios a los bienes en la criptomoneda. Los detractores dicen que, a diferencia del oro que tiene valor industrial y de joyería por sí mismo, el BTC solo sirve mientras la gente lo quiera, pero no tiene valor propio.

Sin embargo, sí tiene un valor cada vez más útil en un mundo donde los gobiernos están abusando fuertemente de su control sobre las personas: nadie puede rastrearlos. A tal punto no se puede rastrear que, con la obvia intención de intentar controlarlo, los políticos y burócratas están haciendo mucho ruido diciendo que es muy utilizado en el lavado de dinero y las estafas.  

Pero tampoco tiene valor propio el peso argentino, es solo papel que no sirve para nada sino fuera que tiene una demanda artificial al ser su curso forzoso, demanda que, básicamente, se relaciona con la productividad de la economía. Y, justamente, porque no sirve para nada es que su cotización depende exclusivamente de su oferta y demanda como moneda forzada, artificial, siendo que un exceso de oferta provoca su devaluación, inflación.

Ahora, uno de los dos mecanismos que el BCRA tiene para intervenir en el mercado de cambios -es decir, la cotización internacional del peso- es la venta de dólar spot, es decir, las intervenciones diarias. El otro es la venta de contratos de dólar futuro, con lo que la entidad monetaria va intentando alinear las proyecciones de devaluación con el mercado.

El error generalizado de confundir inflación con aumento del IPC ha llevado a errores como una sobrerreacción, unas exageradas expectativas, de muchos inversionistas al momento de pactar los contratos. Con un IPC que se disparaba, creyendo que eso es inflación, proyectaron que el gobierno no podría evitar una devaluación oficial. Desde el pico de tensión cambiaria de octubre, cuando el dólar CCL tocó los $180 y el blue los $195, con la brecha en 150%, se profundizó el endurecimiento del cepo cambiario y muchos creyeron que al gobierno le resultaría imposible evitar una devaluación, y yo mismo tenía serias dudas.

Sin embargo, muy sorprendentemente, el Gobierno en alguna medida moderó el gasto público, pero, sobre todo, lo licuó fuertemente y logro financiarse con éxito en el mercado local. Así logró bajar la inflación, esto es, el exceso de emisión monetaria lo que se tradujo en una baja del blue quitándole presión al mercado cambiario oficial.

Los contratos de dólar futuro tuvieron su auge el año pasado, cuando la brecha entre el dólar oficial y el blue superaba el 100%. En enero, con la brecha en torno a 70%, las tasas que representan las expectativas de devaluación empezaron a caer. Y la tendencia se profundizó en febrero, cuando el ritmo de la devaluación se fue acotando.

Expectativas de devaluación, gráfico publicado por Clarín

Así, con las expectativas exageradas por muchos que descontaron una devaluación mayor a la que finalmente ocurrió, el BCRA entre febrero de 2020 y el mismo mes de 2021, ganó $23.500 M por contratos de dólar futuro.

Ahora, hace unos días Guzmán confirmó que apuntaría a un dólar oficial de $102 en diciembre, es decir, una devaluación de 25% en el año, o 1,5% al mes, lo que significaría que el BCRA debería bajar aún más el ritmo de devaluación, que hoy es de 3% mensual y viene de casi 4% unas semanas atrás. Y esto impactó en la tasa del dólar futuro, que pasó del 60% al 40%.

El ROFEX -el mercado de futuros- estaba descontando una tasa de 3% mensual (38% anual) hasta octubre y de 4% (43%) después con lo que para diciembre apuestan a que el dólar esté en $123.

¿Es creíble que el gobierno logre un dólar a $102 a fin de año? Imposible saberlo, sobre todo en Argentina donde los políticos cambian cada cinco minutos las reglas, del mismo modo que lograron algo impensable, la deflación.

Como se ve en el siguiente gráfico del profesor Hanke, la inflación -la real, la devaluación del peso- interanual cae, esto significa que el peso se revaloriza intermensual, es decir, hay deflación. Como se ve en el gráfico, la “inflación” oficial, la suba del IPC, viene retrasada con respecto a la inflación en un 60% y eso es lo que provoca que se dispare tratando de alcanzarla.

Ahora, si el gobierno continuara -lo que no se ve fácil- con esta licuación del gasto, ergo, contuviera la emisión y lograra que el PBI -la demanda de dinero- recuperara un poco de la montaña perdida por tanta represión estatal, la deflación podría continuar y -el IPC- y el dólar oficial en poco tiempo se igualaría al blue con lo que podría liberarse todo el mercado evitando disparates como que las bananas importadas de Ecuador, a dólar oficial, son la fruta más barata que todos compran en detrimento de la producción nacional que, irónicamente, al exportar financia ese dólar barato.

Por cierto, el IPC debería ser revisado porque los hábitos de consumo han cambiado mucho con las cuarentenas y demás restricciones, por ejemplo, se viaja notoriamente menos en transporte público y se consume más tecnología digital.

Muchos analistas -los del REM, por caso- al confundir aumento del IPC con la inflación -la depreciación del peso por sobreoferta- estiman que “la inflación” para el 2021 superará el 50%. Y es que de continuar el mismo comportamiento que el promedio de los últimos 3 meses, el aumento de precios quedaría por encima del 52%, avalando esta proyección.

Mientras que, como se señala en el gráfico anterior, el gobierno aspira a finalizar el año con una “inflación” -aumento del IPC- cercana al 29% según lo plasmado en el presupuesto. Para que esto ocurra, todos los precios de la economía deberían correr a un ritmo del 2% mensual de aquí al resto del año.

Insisto, en mi opinión la “inflación” oficial, esto es, el aumento del IPC hoy tiene un recorrido potencial de un 60% según se desprende del gráfico de Hanke, pero como dije si el gobierno logra la muy difícil meta de seguir licuando el gasto, ergo, aplastando la emisión, podría continuar la deflación y acortar esa brecha incluso hasta lograr que efectivamente sea del 29%.

Ahora, si con esto creen que han solucionado los problemas de la economía están muy lejos de la realidad. El mercado hoy está muy reprimido, el peso del Estado es muy grande y así las cosas, aunque controlen la inflación es imposible que la economía crezca más allá de un rebote dada la fenomenal caída de los últimos tiempos.

Para terminar, y hablando de liberar al mercado y achicar el peso del Estado, es oportuno recordar que Carlos Menem privatizó monopolios, como la “reserva de mercado” que le dio a muchas privatizadas. Más allá de la irritación que provoca entre los ciudadanos comunes que se ven presas de grandes corporaciones, esto es claramente contrario a una economía de mercado -de los millones de personas que lo componen- a quienes se priva, precisamente, de su poder de decidir a qué empresas favorecer o no.

 

*Senior Advisor, The Cedar Portfolio 

@alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com