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Viernes, 4 de diciembre de 2020 |
EMILIO J. CÁRDENAS
China sigue "apretando", cada vez más, a los habitantes de Hong Kong
"...todos los miembros de la oposición que integraban la legislatura local acaban de renunciar en conjunto..."
Actualizado 17 noviembre 2020 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
Cuando, en el año 1997,  Gran Bretaña acordara con China restituirle la soberanía sobre el territorio de Hong Kong, su contraparte en ese importante tratado, esto es la propia China, acordó que estaba dispuesta a permitir que esa ciudad y sus habitantes pudieran seguir viviendo en el clima de libertad y democracia del que disponían, bajo la noción de “una misma nación, con dos sistemas”. Sin mayores cambio, hasta el año 2047, al menos teóricamente.

Conociendo el paño, muchos no creíamos ciertamente que eso iba a suceder. Y,lamentablemente,no nos equivocamos.
China hoy ha subyugado duramente a los habitantes de Hong Kong, forzándolos a vivir sin poder gozar de sus libertades personales. Así de claro. Y así de duro. Lo que –con mano de hierro- es cada vez es más evidente.
Como consecuencia de ello, todos los miembros de la oposición que integraban la legislatura local acaban de renunciar en conjunto, como reacción directa de una norma dictada por China, en función de la cual cualquier político de Hong Kong que pueda ser considerado como representando o conformando una “amenaza a la seguridad nacional” de China puede ser despedido, inmediatamente.

La legislatura de Hong Kong ya no tiene voces disidentes. Ninguna. Todos cantan ahora, acoplados, las mismas desabridas melodías que, caso a caso, les impone China.

China ha criminalizado expresamente las opiniones que sugieran secesión, subversión y/o estar en colusión con o acopladas con opiniones distintas a las de Beijing, que sean de origen externo. Un solo pensamiento único, entonces. Sin voces disonantes, de ningún tipo, ni opiniones que no sean exactamente las del Partido Comunista de China. Ni un centímetro de libertad. Nada. Cero.

Quienes disientan con Beijing pueden ser removidos, sin apelación, ni revisión judicial, de ningún tipo. También quienes propugnen la “división de poderes”, que es la columna vertebral de toda democracia pero, en cambio, anatema en Hong Kong, donde se canta –siempre- una sola melodía: la sugerida por China. Ninguna otra. Quien no lo acepte o entienda, no puede ser candidato a la función pública. Jamás. Y su libertad y futuro están en claro peligro.
Mucho menos se puede sugerir en Hong Kong la conveniencia de independizarse de China, lo que se tiene como una enorme “deslealtad”, y como una imperdonable e inaceptable “herejía”.

Gran Bretaña -que sabe bien que “entregó” a los habitantes de Hong Kong a China y que ahora eso supone que ellos ya no gozan de las libertades personales que tenían cuando la ciudad era una colonia más del Imperio Británico. Por elloofrecehoy a quienes, nacidos en Hong Kong, tengan un pasaporte británico, convertirse fácilmente en ciudadanos británicos. Hay casi unas 2.900.000 personas que están en esa delicada situación. Muchos elegirán seguramente esa alternativa.

Pero es muy evidente, y hasta obvio, aquello de que “tarde piaste”, desgraciadamente para todos ellos. Así se escribe esta triste historia.

Hong Kong está siendo “re-colonizada”. Pero esta vez, por China y el precio a pagar es muy caro: la pérdida de su libertad. 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.