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Martes, 20 de octubre de 2020 |
EMILIO J. CÁRDENAS
Voy a vivir en tu casa, pero te impongo –te guste o no- las reglas de mi identidad
La variedad y la diversidad, también en materia étnica, son un elemento enriquecedor del conjunto social.
Actualizado 14 octubre 2020 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
Los franceses tienen problemas con el ahora llamado “separatismo”, esto es con los grupos de emigrantes que de pronto llegan a su tierra sin ser llamados, aprovechando la enorme generosidad del país en el que ellos –sin ser llamados- eligen vivir. Pero pretenden vivir conforme a sus propias normas que, en algunos casos, hasta procuran que sean respetadas por todos, pese a las diferencias que pudieran existir. Incluso por los propios franceses, lo que no parecer ser lógico.
 
Me refiero a la forma de vestirse, al idioma, a las costumbres y, muy particularmente, a sus pautas religiosas. Los dueños de casa prefieren, con razón, que los inmigrantes no se encierren necesariamente sobre sí mismos y se integren, mínimamente al menos, con el resto de la sociedad en cuyo seno eligieron libremente vivir.
 
Lo que no necesariamente supone abandonar su propia identidad, sino ser flexibles y –naturalmente- respetar la de sus generosos anfitriones.
 
Para ello, respecto de los musulmanes, creen que no es bueno recibir a sus líderes religiosos que llegan del exterior por apenas un período corto de tiempo y con ideas excluyentes. Además, piensan que sólo deben recibir dineros públicos de apoyo social aquellas organizaciones de inmigrantes que aseguren su carácter de laicas.
 
A este efecto se está preparando un paquete de normas, en procura de promover un mínimo de coherencia social, aunque sin por ello, prohibir que cada grupo con identidad propia abandone sus características distintivas.  Los propios franceses sostienen, desde hace siglos, que “en la diversidad está la belleza”.
 
Se trata, en síntesis, de evitar los encierros sociales sobre sí mismos, no de suprimir las diferencias que ciertamente enriquecen a las sociedades, lo que es muy distinto. La variedad y la diversidad, también en materia étnica, son un elemento enriquecedor del conjunto social.
 
           
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.