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Sábado, 31 de octubre de 2020 |
EMILIO J. CÁRDENAS
Camino a consumar un enorme daño a la Argentina
Es hora de llamar a las cosas por su nombre y de identificar a quienes son los responsables concretos de empujar y obligar a la Argentina a seguir transitando el lamentable camino de la decadencia, para beneficio político y quizás hasta económico propio.
Actualizado 1 octubre 2020 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
Pocas dudas hay ya acerca de que el actual gobierno argentino que encabeza el muy peculiar presidente Alberto Fernández es, por sobre todas las cosas, una verdadera máquina de generar y repetir toda suerte de enormes desaciertos, con los que se profundiza rápidamente la ya larga y triste decadencia del país y se hace triza a la confianza.

A diferencia de lo que hace el resto del mundo que, a la salida de la pandemia, procura incentivar con desgravaciones impositivas la reactivación de las actividades productivas, en la Argentina se propone hacer todo lo contrario; esto es, asfixiar con mayor carga tributaria a aquellos que, pese a todo, aún tienen alguna capacidad de invertir, a los que se denomina -con una grotesca expresión de resentimiento, clásica del peronismo- como “los que más tienen”.

El resentimiento de un conocido político-empresario de ideas proclives al comunismo, el hoy senador y enriquecido cooperativista, Carlos Heller, que se ha metido ostensiblemente “bajo el ala” de la familia Kirchner, que comulga claramente con sus resentimientos, es quién concibió y diseñó hasta en sus detalles el pretendido nuevo tributo, con la obvia y subalterna idea de seguir empobreciendo insistentemente a todos, “descapitalizando” ferozmente al país entero.

Como si el factor de producción al que llamamos “capital” fuera apenas una suerte de extraño “maná” que milagrosamente cae del cielo sobre los hombros privilegiados de unos pocos venturosos. Y no, en cambio, el fruto de aciertos, esfuerzos y, siempre, siempre, de mucho trabajo.
Por eso, la Junta Directiva de la Unión Industrial Argentina acierta plenamente al señalar, sorprendida y con mucho coraje, lo que es muy evidente respecto del nuevo impuesto, al decir que: “terminará descapitalizando a empresas que invierten, producen y sostienen el empleo en un contexto de emergencia sanitaria”.

Es, efectivamente, así.

Sólo el 20% del producido del nuevo impuesto, si finalmente se lo sanciona, irá a atender los gastos provocados por una emergencia sanitaria ante la cual el gobierno de Alberto Fernández también fracasó estrepitosamente, sin atenuantes.

Otro 20% irá, aparentemente, a financiar las dificultades específicas de las pequeñas y medianas empresas. Un 15% adicional se destinará a financiar el desarrollo de los barrios populares. Un 20% del producido a financiar becas (esto es, a conseguir o mantener votos). Y un 25% de la recaudación al sector de la exploración y desarrollo de abastecimiento de gas, aunque sólo a través de una empresa estatal, en la que los políticos podrán emplear a sus respectivas huestes (con más populismo, obviamente).

Descapitalizar a una nación genera una responsabilidad que no se puede diluir, ni dejar de lado.

Por esto, el llamado antes referido de la Unión Industrial Argentina, muy angustiado por cierto, no puede, ni debe desoírse.

Es hora de llamar a las cosas por su nombre y de identificar a quienes son los responsables concretos de empujar y obligar a la Argentina a seguir transitando el lamentable camino de la decadencia, para beneficio político y quizás hasta económico propio.


 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.