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Jueves, 1 de octubre de 2020 |
GEORGE CHAYA
El Acuerdo de paz entre Emiratos Árabes e Israel viene a demostrar que el conflicto árabe-israelí ha dejado de existir
El acuerdo dibuja un nuevo mapa estratégico regional que, si bien se venía negociando desde tiempo atrás, cambia y establece en el presente nuevos parámetros en materia de seguridad, tecnología y economía regional con los países árabes sunitas
Actualizado 15 septiembre 2020 - 0:0  
George Chaya   

Las repercusiones e implicancias del acuerdo histórico suscrito el 13 de agosto entre Emiratos Árabes Unidos (EAU) e Israel llegó para favorecer un proceso de normalización y abrir una etapa creativa en las relaciones diplomáticas entre Israel y los países árabes del Golfo. El acuerdo dibuja un nuevo mapa estratégico regional que, si bien se venía negociando desde tiempo atrás, cambia y establece en el presente nuevos parámetros en materia de seguridad, tecnología y economía regional entre los países árabes sunitas e Israel.

Las conversaciones fueron apoyadas por la administración estadounidense y cambiaron amistosamente la antigua posición árabe de negativa a cualquier acercamiento, diálogo y/o reconocimiento del Estado de Israel.

El acuerdo significa el principio del fin de las viejas premisas de la cumbre árabe de Kartum del 1 de septiembre de 1967, que había dado lugar a la resolución que enmarco sus tres No históricos (“no” al dialogo con Israel, “no” a su reconocimiento y “no” a la paz con el estado judío). Sin embargo, los parámetros actuales que permitieron arribar al acuerdo se fundaron en una iniciativa árabe de paz incluyendo en las nuevas relaciones con Israel una solución que dé lugar al proyecto demorado por mucho tiempo de dos estados con los palestinos.

La diplomacia de EAU avanzó en las conversaciones en la confianza y la garantía de que Israel dejará de lado el proyecto de anexión sobre Cisjordania. Así, los países árabes integrantes del Consejo de Cooperacion del Golfo (CCPG) inauguran un nuevo estilo de diplomacia desacomplejada que supo avanzar, resolver y perfeccionar el acuerdo que proyecta un mapa estrategico regional creativo para normalizar relaciones amplias con Israel, esas relaciones se iniciaron el pasado lunes con el primer vuelo comercial de pasajeros entre ambos países cuando el vuelo 971 de la aerolínea comercial israelí El Al despegó de Tel Aviv y aterrizó en el aeropuerto internacional de Abu Dhabi mientras en el sector VIP de arribos de la terminal aérea emiratí flameaban la bandera israeli y la estadounidense. El yerno del presidente Donald Trump y asesor de la Casa Blanca en asuntos políticos para Oriente Medio, Jared Kusher, quien jugó un importante papel en las negociaciones del acuerdo fue uno de los primeros pasajeros en descender de la nave.

Sobre el acuerdo que dio lugar al tratado de paz entre ambos estados, el mismo avanza en aspectos muy relevantes abriendo la probabilidad concreta de que otros países árabes sunitas del Golfo sigan el ejemplo de EAU. Además, equivale a una garantía a futuro para los palestinos en materia de cualquier anexión de territorios en conflicto que, según el compromiso israelí no se llevara adelante. Por otra parte, como se señaló, mantiene vivo el plan de la creación de un estado palestino en línea con la teoria de los dos estados.

No obstante, el acuerdo viene a confirmar lo más importante tanto para la política regional como para el derecho internacional: demuestra de forma fehaciente que hoy ya no aplica concepto alguno que defina la idea del pasado. En otras palabras: “No hay tal cosa a la que llamar o conceptualizar como conflicto árabe-israelí. Tal conflicto ha dejado de existir”. Los acuerdos de paz suscritos por Israel con la República Árabe de Egipto primero, con el Reino de Jordania después; y ahora con Emiratos Árabes Unidos, dan por tierra con la descripción de aquellos que continúen hablando de conflicto árabe-israelí. Es positivo porque inaugura y fortalece una nueva era en las relaciones regionales de los estados árabes sunitas del Golfo con el estado de Israel. Sin embargo, lo que sí existe y se mantiene latente es un conflicto entre un estado legal y reconocido por la comunidad internacional como es Israel y grupos terroristas para-estatales cuya forma de expresión es la violencia, como lo son Hezbollah, Yihad Islamica Palestina, Hamas y otras organizaciones terroristas que operan en Yemen e Irak financiadas por el ideario chiita de la revolucion islámica iraní desde Teherán. Y es allí donde debe focalizarse la comunidad internacional de ahora en más.

En concreto, la normalización pacífica de relaciones diplomáticas une a dos socios regionales importantes y confiables de Washington, y ofrece la opción real para implementar una agenda estratégica exitosa que abre la cooperación diplomática y comercial fortaleciendo la seguridad ante las amenazas que plantea el terrorismo yihadista.

“El acuerdo pone de manifiesto un escenario que ha dejado de ser un secreto y seguramente más países árabes seguirán el mismo camino a corto plazo normalizando relaciones con Israel”, declaró luego de la firma el ministro de Relaciones Exteriores de EAU, Anwar Gargash.

El canciller emiratí agregó que “su país aprovechó la oportunidad de estrechar vínculos dado que los palestinos y otros países árabes siempre habían pedido ayuda para detener cualquier anexión territorial. En consecuencia, al vincular el acuerdo a la suspensión de la anexión, nadie puede acusar a EAU de abandonar a los palestinos. Por tanto, para EAU el acuerdo no deja de lado el apoyo a ese pueblo ni a la solución de dos estados”.

Desde lo táctico el acuerdo asestó un duro golpe a las dos corrientes islamistas radicales que desestabilizan la región amenazando tanto a Israel como a los países sunitas del Golfo. También avanza sobre la capacidad operativa de esas fuerzas yihadistas para anular su capacidad de planificar y ejecutar guerras futuras patrocinadas por Irán y sus organizaciones terroristas ideológicamente afines o por los terroristas salafistas de ISIS.

El rechazo iraní debe entenderse en el significado del acuerdo como amenaza para su régimen ya que desafía no su ideología y su poder militar regional sino que abre la posibilidad de que otros estados sunitas del Golfo como Bahrein, Kuwait y Arabia Saudita, sigan el camino de EAU, lo cual genera inquietud en el régimen khomeinista que por estos días libra una batalla interna con escaso éxito al tratar de convencer a sus ciudadanos de la importancia de asignar recursos en apoyo de Hezbollah y Hamas para destruir al estado judío y seguir avanzando en Siria, Irak y Yemen.

Concluyendo, el acuerdo pone de manifiesto que los árabes han superado la etapa de la diplomacia prejuiciosa para establecer relaciones solidas y maduras con los israelíes, hacerlo ha dejado de ser traumático para ellos y el paso dado por EAU seguramente producirá un efecto en cadena que será positivo para la región en la necesaria lucha por las ideas que neutralizara al terrorismo. El acuerdo, claramente deja una mayoría de ganadores regionales, excepto a los islamistas apoyados por Irán y al propio régimen khomeinista.

Por varios años los dirigentes palestinos dilapidaron un gran número oportunidades para la paz y no han tenido logros relevantes. Muchas de las cosas que se han hecho en nombre no generaron un solo beneficio al pueblo palestino. Con la retirada unilateral israelí de Gaza de agosto de 2005, los dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina mostraron su mayor fracaso, ellos no pudieron mantener el enclave libre del terrorismo de Hamas. Tampoco lograron el reconocimiento como estado palestino. Hoy, su pueblo no tiene moneda propia, no provee servicios básicos a su población y solo recibe asistencia de Israel. Ante estos hechos, la Autoridad Palestina continuó ubicándose al margen de lo verdaderamente importante y de todo lo que pueda beneficiar verdaderamente a su gente.

Hoy disponen de una nueva oportunidad que sus hermanos sunitas del Golfo están brindándoles. A futuro, está en ellos no dilapidarla como han hecho en muchas otras situaciones del pasado.

Infobae