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Sábado, 26 de septiembre de 2020 |
EMILIO J. CÁRDENAS
El ecuatoriano Rafael Correa imita la estrategia política de Cristina Fernández de Kichner
"...en Bélgica donde reside, Rafael Correa trabaja con el propósito de recuperar el poder que alguna vez tuviera en Ecuador"
Actualizado 26 agosto 2020 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
La política atrapa casi siempre a sus protagonistas. Quizás porque quienes han ejercido el poder inevitablemente sueñan con recuperarlo. Lo extrañan irremisiblemente.
 
Esto está ahora claro respecto de la actual vicepresidente de la República Argentina, Cristina Fernandez de Kirchner, que pudo recuperar su influencia política impulsando una fórmula electoral inusual, en la que –por decisión propia- ocupó el segundo lugar, el de vicepresidente, acompañada, a la manera de insólito “mascarón de proa”, por un político con un historial propio prácticamente intrascendente, como sucede con Alberto Fernández.
 
No obstante, lo cierto es que desde el sitial de la vicepresidencia la influencia en la Argentina de Cristina Fernández de Kirchner parece ser mucho mayor que la del propio presidente, a quien teóricamente ella “secunda”.
 
Esa estrategia, hasta ahora exitosa, acaba de ser prolijamente copiada por el ex presidente ecuatoriano, el bolivariano Rafael Correa, que ha anunciado oficialmente su candidatura a la vicepresidencia de Ecuador para las próximas elecciones presidenciales de 2021.
 
Su propio “mascarón de proa” será un joven economista, Andrés Arauz, sin otro antecedente político que el de haber sido secretario (de Cultura) durante el último gobierno ecuatoriano que encabezara Rafael Correa.
 
El paralelo que existe entre Rafael Correa y Cristina Fernández de Kirchner tiene otros claros perfiles comunes. El principal –sin embargo- es que ambos están siendo investigados por presuntos actos de corrupción cometidos durante sus presidencias, en cada uno de los respectivos países. Rafael Correa tiene ya sobre sus hombros una dura condena firme recaída en su contra. La Sra. Kirchner, en cambio, está aún en las etapas probatorias, sin condena alguna, ni absolución final en sus procesos.
 
Ambos definen su propio “relato”, con absoluta independencia de la realidad. Rafael Correa acaba de decir: “Acepto con alegría esta nueva responsabilidad que no he buscado y ni siquiera he deseado y que implica un gran esfuerzo”. Esa afirmación, absolutamente increíble, define al ambicioso personaje que hoy reside en Bélgica, a donde se desplazó preventivamente luego de dejar el poder al fin de su mandato presidencial, en el año 2017.
 
El derrotero que acaba de elegir Rafael Correa es obviamente una imitación evidente de la estrategia que definiera con anterioridad Cristina Fernandez de Kirchner.
 
En la República Argentina, el peronismo en su momento endosó la fórmula presidencial que hoy gobierna al país, sin que le importara un bledo que uno de sus integrantes esté siendo investigado judicialmente en casi una decena de procesos judiciales en marcha.
 
Habrá que ver si los votantes ecuatorianos, que alguna vez fueran cautivados y engañados por Rafael Correa, asumen una actitud similar respecto de quien también es hoy objeto de acusaciones de corrupción y compite a la sombra de un desconocido joven: Andrés Arauz, de apenas 35 años, sin peso específico propio, que todavía está estudiando, desde que cursa un doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México.
 
 “Vidas paralelas”, diría el sabio platonista griego, Plutarco. Y estrategias que parecen calcadas, segúnluce evidente.
 
Mientras tanto, una ex ministro de Obras Públicas durante la última presidencia de Rafael Correa, María de los Ángeles Duarte Pesantes, acaba de ser aceptada –como huésped- en nuestra representación diplomática en Quito, justificándose esa decisión en “razones humanitarias”.
 
La mencionada decisión de nuestra Cancillería ha sido cuestionada por las actuales autoridades ecuatorianas, que señalaron que en las actuaciones judiciales en las que se condenara a la ex funcionaria de Rafael Correa a cumplir ocho años de prisión por corrupción, no existe persecución política alguna.
 
Cabe recordar –por último- que en la Declaración Universal de Derechos Humanos se dispone que toda persona tiene derecho a buscar asilo y a disfrutar de él, agregando –sin embargo- que ese derecho no puede ser invocado contra condenas judiciales originadas por delitos comunes. Por esto hay quienes, no sin razones, cuestionan la decisión de aceptar como huésped en nuestra representación diplomática en Quito a la mencionada María de los Ángeles Duarte Pesantes.
 
Mientras tanto, en Bélgica donde reside, Rafael Correa trabaja con el propósito de recuperar el poder que alguna vez tuviera en Ecuador, en la que luce como una osada aventura cuyas posibilidades de éxito no lucen nada sencillas.
 
 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.