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Miércoles, 12 de agosto de 2020 |
EMILIO J. CÁRDENAS
El respeto y la cortesía están en el corazón mismo de la política exterior
Alberto Fernández se niega a escuchar a Jeanine Añez en la reciente "Cumbre" del MERCOSUR
Actualizado 6 julio 2020 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
Por razones que tienen que ver con la pandemia del “coronavirus”, la reciente “Cumbre” del MERCOSUR se realizó a distancia, por videoconferencia. Por primera vez.
Pero no por ello lo sucedido en ella puede ignorarse. Por esto, los medios han comenzado a describir cómo el presidente argentino, Alberto Fernández, durante la misma se negó despectivamente a escuchar a su ocasional colega boliviana, una mujer: Jeanine Añez.

Para ello, simplemente el presidente de los argentinos “se fue”, de pronto, de la referida videoconferencia. Apagó su conexión y terminó así, abruptamente, su presencia y participación. Se desconectó. Sin advertir previamente a los demás que lo haría, es evidente.

Lo que es igual a levantarse, e irse. Una evidente -y no preanunciada- descortesía con la que dejó de lado a la noción misma del “commitas gentium”, esto es a la obvia necesidad de tratar, en el ámbito de las siempre delicadas relaciones externas, de ser amable -y educado- en el trato personal con sus pares, o sea con los demás mandatarios participantes. Lo que es mucho más que una mera noción protocolar.  

La flagrante descortesía de Alberto Fernández fue, peor, dirigida hacia una joven mujer que preside una nación vecina, que ciertamente no pasó, para nada, inadvertida y fue tenida como tan inusual, como inesperada.
A lo que se suma que nuestro primer mandatario, que se lleva mal con él, no le habló directamente a su par brasileño, Jair Bolsonaro.

La observancia del principio de la cortesía, particularmente en este tipo de reuniones multilaterales, es tenida como un claro deber moral de los Estados.

Su vulneración, sin embargo, no lleva aparejada sanción concreta alguna, sino que normalmente genera un claro rechazo en los demás.

No sólo de aquel, o de aquella, que de pronto es el eventualmente ofendido, sino también de los demás participantes en el evento. Más aún, si enfrente de quien ofende está sentada, como ocurrió, una mujer que asiste a la reunión en representación de un país hermano y vecino. Lo cortés, por lo demás, como es sabido, “no quita lo valiente”.
Para un político cuya trayectoria profesional como abogado no es ciertamente demasiado destacada y que, hace apenas unos pocos días, para sorpresa de propios y ajenos, manifestó, urbi et orbi “que está empeñado en cambiar el mundo”, este tipo de “portazos” lo destiñe y empequeñece.
Por esto, la cortesía debería volver a ser para él, que nos representa a todos, una pauta central de conducta. Al menos cuando, como sucediera esta vez en el ámbito particular del MERCOSUR, habla y trabaja con quienes son efectivamente sus pares, que representan a otros pueblos y que vienen de otros rincones del mundo.
 


(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.