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Jueves, 20 de febrero de 2020 |
EMILIO J. CÁRDENAS
Una corajuda mujer procura liberar a Bolivia de la corrupción que caracterizó al gobierno de Evo Morales
La presidenta Jeanine Añez pareciera ser la persona indicada para conducir políticamente el esfuerzo boliviano por recomponer, con honestidad y transparencia, sus instituciones políticas nacionales.
Actualizado 7 febrero 2020 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
Como es público y notorio, Evo Morales está asilado en la República Argentina, contando –está claro- con el endoso político que le confiere la actual administración nacional que encabeza el presidente Alberto Fernández. Su vínculo personal con Cristina Fernandez de Kirchner es presumiblemente su mejor carta de presentación, en momentos en que se ha convertido en un exiliado boliviano más que reside en nuestro país.
 
Luego de que las fuerzas armadas y la policía de su propio país “sugirieran” a Evo Morales que era “preferible” que abandonara Bolivia, una mujer de larga trayectoria política y aspecto personal corajudo, está empuñando el timón del gobierno boliviano y ha anunciado que lo ejercerá provisoriamente hasta alcanzar su objetivo principal: el de realizar elecciones presidenciales en Bolivia no más tarde del mes de mayo de 2020.
 
Los rumores de que ella misma será entonces uno de los candidatos estaban creciendo y ahora se han concretado. En sus poco más de dos meses de gestión, Jeanine Áñez, ha puesto en abierta evidencia la enorme corrupción que caracterizó a la gestión de Evo Morales y sus allegados políticos, que además despilfarró los recursos públicos bolivianos.
 
Se está transitando entonces una nueva etapa política en el país vecino del norte. Su éxito no está necesariamente asegurado. El inicio de esa etapa fue evidentemente forzado por las fuerzas armadas y policiales bolivianas. No obstante, lo cierto es que aún los líderes del Movimiento al Socialismo, luego de la precipitada fuga de Evo Morales, parecen haber aceptado participar en la puja electoral que se avecina, aunque excluyendo a Morales de la candidatura presidencial que postularán.
 
La imagen de Evo Morales es mala. Ha quedado muy afectada, dentro y fuera de Bolivia. Pero los socialistas bolivianos no se han desbandado. Por el contrario, permanecen unidos y van camino a tratar de reconquistar pronto el poder político. Si no lo logran, la aureola política de Evo Morales, ya significativamente desteñida, podría prácticamente desaparecer.
 
Mientras las fuerzas armadas bolivianas y sus autoridades policiales mantengan su determinación de sacar a Bolivia del pantano de la corrupción, las esperanzas de que esto suceda se mantienen.
 
La presidenta Jeanine Añez pareciera ser la persona indicada para conducir políticamente el esfuerzo boliviano por recomponer, con honestidad y transparencia, sus instituciones políticas nacionales.
 
De Evo Morales sólo puede esperarse una actitud de “poner palos en las ruedas”. Por el momento, al menos, su capacidad de entorpecer el regreso a la normalidad de su propio país ha quedado sensiblemente disminuida.
 
 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.