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Domingo, 19 de enero de 2020 |
EMILIO J. CÁRDENAS
En Venezuela circula y reina el dólar
Parece toda una ironía: en Venezuela circula profusamente y hasta "reina" en su sociedad el dólar norteamericano. El llamado "verde", entre nosotros.
Actualizado 11 diciembre 2019 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
Se lo utiliza por doquier. Hasta en las compras cotidianas en los supermercados. Mientras la “moneda” local, el “bolívar”, muy desprestigiado, se evapora frenéticamente de los bolsillos y de las cuentas bancarias de sus dueños. Nadie lo quiere, la gente, en cuanto puede, huye velozmente de los bolívares. Para llevarlos no hacen falta billeteras, sino portafolios.

Pocos usan en sus negocios al euro, o el renminbi. Menos aún, la indescifrable cripto-moneda local: el “petro”. El dólar reina, en los hechos, indiscutido. Es aceptado por todos.

En los “shopping centers” de la alicaída Caracas, más de la mitad de las compras y ventas minoristas se hace materialmente en dólares.  Algo muy parecido sucede con las transacciones financieras. En Maracaibo, cerca de la agitada frontera venezolana con Colombia, aproximadamente el 86% de ellas, en los hechos, se materializa también en dólares. Lo sustancial, entonces, se transa en dólares. Hasta las compras diarias de alimentos. El sistema es bimonetario.

El billete más grande entre los bolívares vale apenas 1,6 dólares. Nada. Y, en los cajeros automáticos, las extracciones individuales no alcanzan a conformar el equivalente a un dólar. Otra vez, absolutamente nada.

La inflación venezolana, aunque en este tema en particular los argentinos no podamos “tirar la primera piedra”, es del orden de unos 10.000 anuales. Y se acelera constantemente, cual inevitable forma de locura colectiva.

Los dólares pueden, sin embargo, adquirirse legalmente en las casas de cambio. Pero no siempre se los encuentra, desde que –ante una demanda siempre firme- escasean. Para intentar comprarlos, la vía es, casi inevitablemente, la de las largas colas de siempre, aunque sin tener necesariamente ninguna garantía de obtenerlos.

La enorme ayuda financiera que llega a muchos desde el exterior, enviada por los más de cuatro millones de venezolanos que ya se han voluntariamente expatriado, es también esencialmente transferida y, luego, pagada en dólares estadounidenses.

El uso de las tarjetas de débito y crédito está limitado en los hechos por los largos y frecuentes momentos de “cortes”, durante los cuales muy pocos venezolanos tienen electricidad y “no hay sistemas”. Imposible tratar de competir así, con los plásticos, contra la desastrosa realidad.

El dólar es ya –recordemos- la moneda legal de Ecuador y de Panamá. Además es la “moneda de hecho” en Venezuela, según queda visto. Pese a los discursos incendiarios de Nicolás Maduro contra los EEUU, ésta y no otra es la cruda realidad, que el dictador venezolano disimula, como si no existiera.

Venezuela, queda visto, carece de moneda propia, en los hechos. Nadie la quiere. No sirve para nada, realmente. Esto sucede en una economía que ha sido vergonzosamente destruida, cuyo valor es hoy de apenas la mitad de lo que fuera en el 2013, lo que es todo un triste record, en sólo un quinquenio.

Un portentoso desastre, del que pocos, muy pocos, hablan fuera de Venezuela. Como si simplemente no existiera. Lamentable, por cierto.

Ese es el nefasto “milagro” económico venezolano, que nadie quiere imitar. Ni los cubanos, que hoy viven efectivamente “colgados” de la riqueza natural que, en el rubro de los hidrocarburos, aún posee Venezuela, que –gracias a Dios- tiene las reservas comprobadas más importantes del mundo. Ordeñando a Venezuela, como alguna vez lo hicieran con la Unión Soviética, en el pasado.
 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.