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Domingo, 8 de diciembre de 2019 |
EMILIO J. CÁRDENAS
El gobierno socialista de España financia comercialmente a Cuba
Los reyes de España, créase o no, acaban de visitar Cuba, aprovechando el viaje para suscribir, con la firma de los Cancilleres de los dos países, un acuerdo de cooperación económica en el que se ponen a disposición del gobierno comunista de la isla 55,7 millones de dólares para impulsar "la cooperación económica entre los dos países".
Actualizado 20 noviembre 2019 - 13:13  
Emilio J. Cárdenas   
Para Cuba, esa es una fuente fundamental de divisas, en momentos en los que las sanciones económicas norteamericanas están quitándole oxígeno a su endeble economía y el descarado “ordeñe” cubano de Venezuela ya no es tan productivo como ciertamente lo fuera hasta no hace mucho.
 
La circunstancia de que la ciudad de La Habana, fundada en 1519, esté cumpliendo 500 años de vida no es justificativo suficiente para endosar a una dictadura caribeña, agresiva y desestabilizadora como pocas veces en la historia. Pese a que ella es su tercer socio comercial en el mundo. Con un importante intercambio comercial conjunto que está ya estimado en un orden de los 1.400 millones de dólares anuales.

Por eso, ver a los reyes de la nación que también es nuestra estimada Madre Patria ensalzar a la opresora dictadura cubana y, peor, apoyarla, no genera por cierto una buena sensación, sino que entristece, particularmente cuando en otros rincones de nuestra nerviosa región hay necesidades y urgencias serias que no están aún satisfechas.
 
Cuando llegue el momento de reembolsar ese financiamiento, España verá como Cuba, siguiendo su repudiable conducta de las últimas décadas, lo trata desvergonzadamente como si se tratara de una mera “donación”. Como ha lamentablemente sucedido ya con el también erróneo apoyo financiero a Cuba de nuestro propia país, por décadas.
 
De poco sirve que el gigantesco Rey haya “aprovechado la ocasión” para afirmar el valor de la democracia en el país de la región que más la ha pisoteado y que más contribuye -y seguirá contribuyendo- a erradicarla de América Latina. Si con ello trató de “forzar” un cambio en el régimen de La Habana, es un gran iluso. La oligarquía comunista no soltará su presa sin que de pronto sea obligado a ello por su propio pueblo. Esto último quedó comprobado en el acto, cuando el actual presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, le contestó que son los propios cubanos quienes tienen que decidir el ritmo y alcance de sus propios cambios, como si en una dictadura la voz auténtica del pueblo tuviera alguna importancia. Y es evidente que ello no es así.
 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.