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Domingo, 8 de diciembre de 2019 |
EMILIO J. CÁRDENAS
Los grupos de choque violentos están entre nosotros
De pronto, las protestas sociales callejeras están recurriendo a las llamas de la violencia en distintos rincones de nuestra convulsionada América Latina.
Actualizado 11 noviembre 2019 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
Desde sus respectivos púlpitos autoritarios, Evo Morales y Nicolás Maduro nos explican, presurosos, que estamos frente a la que denominan la “rebelión de los pueblos”, de la que Nicolás Maduro afirma ser responsable principal, naturalmente con la ayuda de los cubanos que lo manejan de cerca.

¿Es esto sorpresivo? Tengo la sensación de que no, a estar a la inusual “gimnasia social” que estamos, desde hace muchos meses ya, presenciando en nuestra propia Argentina, principalmente en las calles de la ciudad de Buenos Aires.

Me refiero a los desfiles, con frecuencia organizados casi militarmente, de algunas de las ahora difusamente llamadas: “organizaciones sociales”, con banderas y carteles que ciertamente no son de colores celestes y blancos, sino de un intenso y uniforme color rojo, que obviamente identifica a su manera de pensar la Argentina, a la que quieren transformar, de inmediato, en uno de esos presuntos “paraísos socialistas”, como Cuba.

Los hemos presenciado impasibles, uno tras otro, desde hace años ya. Ignorándolos, casi rutinariamente. Pese a que ellos son cada vez más intensos, ruidosos y provocadores. Con sus líderes al frente y en los costados, a la manera de arreo, para evitar posibles desbordes demasiado tempranos.

No hemos advertido la señal que con ellos se nos emite: la que anuncia que pronto podrían cambiar de naturaleza y dejar de lado el pacifismo en la formulación de sus respectivos “reclamos”. Las autoridades deben estar alertas y preparadas para esa emergencia y saber cómo mantener el orden público. Aquel que supone, de inicio, que el poder político surge de las urnas y no de los gritos y amenazas. Y la política es esencialmente fruto del diálogo y no de los gritos o de la fuerza.

Se cierne presumiblemente una tormenta. La estamos ignorando o minimizando. En lugar de prepararnos para su llegada, cuando ella de alguna manera ocurra, me temo.
 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.