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Jueves, 21 de noviembre de 2019 |
EMILIO J. CÁRDENAS
Otra vez Rusia en el banquillo de los acusados por trampear en los deportes
Ahora Rusia podría quedar, de pronto, excluida de los Juegos Olímpicos de Tokio, el año que viene, y del campeonato mundial de fútbol de 2022.
Actualizado 23 octubre 2019 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
La Agencia Mundial contra el “Doping” (WADPA) acaba de conferir a Rusia un plazo perentorio de tres semanas para que explique las “inconsistencias” rusas encontradas por la referida organización en esa materia, bajo pena de ser excluida de los Juegos Olímpicos y de los campeonatos mundiales deportivos. A lo que, además, podría sumarse la prohibición de organizar en su propio país eventos deportivos mundiales.

Aparentemente, por haber tratado de esconder -deliberada y subrepticiamente- información del pasado que pertenecía al laboratorio oficial anti-doping ruso, emplazado en Moscú.

Rusia, cabe recordar, ha estado ya suspendida por espacio de tres años atento a que, en el pasado, sus autoridades estatales han sido tristemente calificadas de tramposas. Lo que es un oprobio que obviamente destiñe la imagen del país ante las demás naciones, en el ámbito del deporte y mucho más allá, por cierto.

Por ello precisamente Rusia no pudo participar como nación en los juegos olímpicos de invierno de 2018, en Pyeongchang. Sus atletas no pudieron entonces competir como nacionales rusos, sino que tuvieron que hacerlo como “neutrales”.

Ahora Rusia podría quedar, de pronto, excluida de los Juegos Olímpicos de Tokio, el año que viene, y del campeonato mundial de fútbol de 2022. Esos son los riesgos inmediatos. Lo que sería una tragedia para sus deportistas, a los que ya algunos miran con una cuota de relativamente comprensible desconfianza.

De ser efectivamente sancionada, Rusia tendría seguramente posibilidad de apelar las eventuales sanciones ante un tribunal arbitral ad hoc que atiende precisamente este tipo de complejas situaciones y que tiene ya 47 casos disciplinarios entre sus manos.

Es hora, para todos, de jugar limpio. Porque las trampas no debieran tener nunca lugar en ningún rincón del particular mundo del deporte en cuyos cimientos mismos está y debe siempre estar presente la noción central de la lealtad y el espíritu que deriva del actuar permanente con absoluta buena fe.
 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.