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Lunes, 18 de noviembre de 2019 |
EMILIO J. CÁRDENAS
Chile propone aislar aún más a Venezuela
Se calcula que el año próximo los emigrados venezolanos al resto de la región podrían llegar a ser nada menos que unos 8 millones de personas, profundizando una compleja crisis poblacional que ya es notoria.
Actualizado 22 octubre 2019 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
En declaraciones recientes, el actual Canciller chileno, Teodoro Ribera, está empujando en dirección hacia la adopción regional de medidas sancionatorias con las que se pretende aislar, aún más, a la dictadura que se ha apoderado de la caribeña Venezuela. Me refiero por cierto a la que es encabezada por Nicolás Maduro y que hoy está claramente dirigida desde La Habana.
 
Las nuevas sanciones a Venezuela propuestas a sus pares en la región por el gobierno de Chile que encabeza Sebastián Piñera -ahora realmente mucho más activo en materia de política exterior- estarían ahora centradas en el delicado capítulo de las comunicaciones e incluirían cortar -o reducir drásticamente- los vuelos hacia y desde Venezuela; bloquear el transporte comercial marítimo; y reducir todo tipo de comunicación venezolana con el resto de la región, salvo que, naturalmente, Venezuela llame, sin demoras, a elecciones presidenciales que sean absolutamente libres y transparentes.
 
Ocurre que la emigración de casi cinco millones de venezolanos es ya un problema regional de evidente envergadura. Chile, concretamente, tiene hoy casi medio millón de venezolanos en su interior, con voluntad de quedarse y residir allí de modo permanente.
 
Se calcula que el año próximo los emigrados venezolanos al resto de la región podrían llegar a ser nada menos que unos 8 millones de personas, profundizando una compleja crisis poblacional que ya es notoria.
 
Los observadores creen que si ello no sucede en las próximas semanas, el acceso eventual de Alberto Fernández a la presidencia argentina podría transformar el eventual endurecimiento de las sanciones a Venezuela que está siendo propuesto por Chile en una auténtica “misión imposible”, dado la abierta simpatía de los peronistas “K” para con el régimen cubano y Nicolás Maduro.
 
El propio Alberto Fernández se niega constantemente a llamar “dictador” a Nicolás Maduro, limitándose a señalar que le preocupan “sus tendencias autoritarias”.
 
Si el peronismo de pronto regresa al poder en la Argentina, las presiones que sobre Caracas puedan hacer tanto Brasil, como Colombia, Chile y otros, podrían no materializarse nunca por falta de una visión regional común acerca de cómo empujar a Venezuela a regresar, de una buena vez, a la democracia y al respeto leal a las libertades civiles y políticas esenciales de su pueblo que sea mínimamente uniforme unificada. Porque Argentina se transformaría entonces en una suerte de Uruguay, adoptando una política exterior respecto de Venezuela que sea absolutamente condescendiente con Nicolás Maduro y con Cuba.
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.