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Lunes, 9 de diciembre de 2019 |
EMILIO J. CÁRDENAS
La prédica de Donald Trump desde las naciones Unidas termina dejándolo aislado
Los mensajes de Donald Trump resonaron inequívocamente en el ente multilateral más importante del mundo y no recibieron los endosos y apoyos que quizás alguno esperaba.
Actualizado 2 octubre 2018 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
Como todos los años, la apertura de un nuevo período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas -en este caso el septuagésimo-tercero- generó la llegada de una verdadera ola de Jefes de Estado y dignatarios extranjeros a la ciudad de Nueva York, que se transformó, como ocurre año tras año, en un inevitable infierno de inexpugnables cortes policiales de calles, con los consiguientes nudos de tráfico y las demoras del caso.

Donald Trump, en su alocución pronunciada en nombre del país anfitrión, no desaprovechó la oportunidad para difundir sus opiniones y no sólo habló ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, sino que además presidió personalmente una reunión del Consejo de Seguridad de la organización dedicada a la eliminación de las armas de destrucción masiva y a la no-proliferación de las mismas.

Esa y no otra es la liturgia tradicional y Trump la respetó y, más aún, se aferró a ella en procura de maximizar la oportunidad que se le presentaba, aunque con suerte variada, desde que algunos de sus exagerados comentarios sobre las bondades que atribuyó a su propia gestión de gobierno fueron recibidos por las delegaciones presentes con una incómoda -e inesperada- explosión general de risas.

Pudo,no obstante,difundir su particular visión del mundo, sintetizada en la frase: “Primero América” que resonó, no sin alguna natural incomodidad, en los generalmente discretos y más bien silenciosos ámbitos de la organización multilateral.
Trump, como cabía esperar, atacó duramente a dos de las más abominables dictaduras contemporáneas. Las de Irán y Venezuela. De muy distintas peligrosidades, aunque ambas sean claramente repulsivas.

Algunos de los Jefes de Estados extranjeros, al llegar al podio de la Asamblea General en uso de sus respectivos turnos, le enrostraron al presidente norteamericano su defección -y consiguiente abandono- del acuerdo de 2015 oportunamente celebrado entre las naciones más influyentes de la comunidad internacional e Irán para tratar de controlar -y poner límites- al preocupante programa nuclear que el Estado persa tiene en marcha. Entre ellos, personajes tan diversos y alejados entre sí como fueron el presidente de Perú, la actual Primer Ministro británica, o el poco conocido canciller de Kazakhstán.

A lo que se sumó una encrespada crítica que estuvo a cargo del combativo presidente de Bolivia, Evo Morales, quien señaló, no sin alguna arrogancia, que los Estados Unidos, en su opinión, no se preocupan ni por los derechos humanos, ni por la justicia. Sin que, curiosamente, la terrible situación del pueblo de Venezuela, en su propia región geográfica, le inspirara cometarios similares, de ninguna naturaleza. Lo que luce inexplicable y, a la vez, vergonzoso.

También se escuchóla crítica, tampoco inesperada, del propio presidente de Irán, el reformista Hassan Rouhani, quien señaló que atacar el multilateralismo (a la manera de Donald Trump) no debe tomarse como una expresión de fuerza, sino como un “síntoma de debilidad intelectual”.
Aunque lo más asombroso quizás sea contemplar que Rouhani defiende hoy -aunque cínicamente, por cierto- al debilitado sistema internacional que los propios Estados Unidos ayudaran a crear luego de concluida que fuera la Segunda Guerra Mundial.

Pero lo cierto es que la prédica, sumada al agresivo accionar de Donald Trump están generando dificultades al gobierno clerical de Irán. Sin ir más lejos, esta semana se conoció que la India, uno de los grandes compradores tradicionales de hidrocarburos iraníes, está ahora considerando seriamente dejar de serlo. Para así evitar violar las sanciones económicas dispuestas por los EEUU y no ser, ella misma y sus empresas, objeto de esas sanciones.

Pese a todo lo cual, la respetada canciller sueca, Margot Wallstrom, sostuvo que las sanciones económicas norteamericanas contra Irán hasta ahora sólo han fortalecido a sus dirigentes más duros y conservadores, al conferirles más poder y argumentos concretos para poder “victimizarse” en su larga porfía contra los EEUU. Y puede que, en alguna medida al menos, ello haya sido así.

Lo cierto es que los mensajes de Donald Trump resonaron inequívocamente en el ente multilateral más importante del mundo y no recibieron los endosos y apoyos que quizás alguno esperaba. Ellos quedaron, entonces, aislados. Sin el eco pretendido.
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.