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Martes, 12 de noviembre de 2019 |
EMILIO J. CÁRDENAS
Lenin Moreno trastoca los planes de Rafael Correa de volver a la presidencia de Ecuador
Moreno tiene hoy una aprobación del 70% de los encuestados ecuatorianos, o sea un muy importante viento político a favor.
Actualizado 7 enero 2018 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   

Rafael Correa, el autoritario, populista y, peor, chavista ex presidente de Ecuador, está indignado. Y no sin buenas razones, desde su peculiar punto de vista. Su sucesor en la presidencia de su país, Lenín Moreno, desde su silla de ruedas -sobre la que vive desde 1998, como consecuencia de un intento de asalto a mano armada- lo ha “traicionado”. Por ello lo tilda de “lobo con piel de oveja”.

Porque, contra lo que Correa había previsto, Moreno no trabaja para su reelección, sino al revés, o sea para que Correa no pueda cumplir ese sueño en el año 2021, como pretende, lo que supone además abrazar las ideas que Correa rechaza.

Esto es, liberar a Ecuador del fracasado y perimido modelo socialista, dirigista, cerrado y populista que Correa postula. Y, además, Moreno está sugiriendo a Gran Bretaña, que está pensando en ordenar a Julian Assange, el cobarde delator de Wikileaks, salir de la embajada de Ecuador, en Londres, donde ha estado “refugiado” desde hace muchos meses, a pocas cuadras de Harrods.

Moreno tiene hoy una aprobación del 70% de los encuestados ecuatorianos, o sea un muy importante viento político a favor. Y avanza con un referendo convocado para el 4 de febrero de 2018, con el que se frustrarían específicamente las pretensiones y sueños de Rafael Correa.

Ocurre que Moreno es un hombre de consensos y no un mandamás que cree que todo lo sabe, como sucede con Rafael Correa. Y se ha recostado sobre el centro mismo del espectro político ecuatoriano, para gran sorpresa de Correa.

Moreno enfrenta decisiones complejas. Concretamente respecto del endeudamiento externo de su país y del déficit fiscal heredado, del orden del 6% del PBI de Ecuador. En el 2018, debe pagar unos 10 billones de dólares para poder atender los intereses y vencimientos de la deuda pública. Y tiene reservas de apenas unos 4 billones de dólares. Nada fácil, entonces. El problema no es el tamaño de la deuda, sino el perfil de sus vencimientos, de corto plazo. No es, para nada, inmanejable. Pero como herencia de Rafael Correa, la situación de Ecuador está bien lejos de ser lo ideal, como era de esperar de su antecesor, uno de los más peligrosos líderes populistas de nuestra región. Un aventurero, por lo demás.
 
Emilio J. Cárdenas.
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.