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Sábado, 14 de diciembre de 2019 |
EMILIO J. CÁRDENAS
Las venganzas de los guerrilleros setentistas
Antiguos guerrilleros de grupos marxistas, una vez subieron al poder, se dedicaron a vengarse de antiguos adversarios políticos y militares.
Actualizado 8 agosto 2016 - 0:0  
Emilio J. Cárdenas   
A casi medio siglo ya de los duros enfrentamientos armados entre las diversas caras de las guerrillas marxistas que fueran financiadas y entrenadas desde Cuba y las fuerzas gubernamentales de ese entonces que caracterizaran a la trágica década de los 70, los derrotados mantienen su presencia en distintos rincones del escenario político latinoamericano.

Esto ha ocurrido -en buena medida- porque, en países como la Argentina o Uruguay, las Convenciones de Ginebra de 1949 -que criminalizan más allá de toda duda, a los atentados cometidos contra civiles inocentes en los conflictos armados internos, cualquiera fuera su autor- han sido ignoradas y transformadas -no por casualidad- en verdadera “letra muerta”. Como si nunca hubieran existido, pese a que ellas conforman por cierto nada menos que la columna vertebral misma del Derecho Internacional Humanitario. Esto ciertamente no ha ocurrido en otros países de la región, como Perú o Colombia.

Lo grave es que, mediante ese mecanismo, los crímenes aberrantes cometidos por la guerrilla, que son ciertamente imprescriptibles, desde que así lo disponen las aludidas Convenciones, han quedado en la impunidad más absoluta. Y sus autores han podido transitar por cargos públicos como si nada hubiera pasado, cuando han cometido nada menos que crímenes de lesa humanidad. La ley ha sido burlada y, por miedo o intimidación, esa situación se ha mantenido sin cambios, por espacio de varias décadas.


Desde el poder -y habiendo esquivado el brazo de la ley- los hoy ex guerrilleros se han dedicado, en algunos lamentables casos, a la venganza, lo que es ciertamente muy distinto de la  justicia. Por esto los malos tratos propinados a los condenados por delitos de lesa humanidad, en su condición de detenidos, tanto en Argentina, como en Chile. Por eso también episodios como el que enseguida describiré, referido al general retirado boliviano Gary Prado.

¿Quién es Gary Prado? Aquel que siendo apenas capitán del ejército de Bolivia apresara, en octubre de 1967, en la Quebrada de Yuro, a Ernesto (el “Ché”) Guevara, después que éste hubiera iniciado en Bolivia la guerrilla en noviembre de 1966, en la zona de Ñancahuazú.

Al día siguiente de su detención, recordemos, el Ché fue ejecutado, en la localidad de La Higuera. Gary Prado publicó un libro titulado: “Como capturé al Ché”, contando su experiencia.

Odiado por la izquierda boliviana, que reverencia al Ché -pese a su historia de ser responsable directo de cientos de asesinatos- Gary Prado vivió en la zozobra. En el 2008, cuando la izquierda alcanzó el poder en Bolivia, fue enseguida acusado de pertenecer a un pequeño grupo de militares que presuntamente conspiraron contra Evo Morales, un admirador permanente del “Ché”. Enjuiciado enseguida, devino parapléjico a comienzos de los 80. No obstante, tuvo que comparecer a un sinnúmero de audiencias, en silla de ruedas o en camilla. El juicio se eternizó.

Hace sólo un par de semanas, sorpresivamente, Osvaldo (el “Chato”) Pereda -quién intentará continuar la guerrilla tras la muerte del “Ché”, perdiendo dos de sus hermanos y que hoy milita en el propio socialismo de Evo Morales- se apiadó del anciano y lisiado militar y pidió públicamente su amnistía.
No quiso ser parte de un proceso alimentado constantemente por la venganza. Por humanidad y dignidad. 

La decisión del caso depende ahora solamente de Evo Morales. Quién, claramente sediento de venganza, se negó -de inmediato- a conferirla.

El detenido, ante lo sucedido, señaló: “soy el único sobreviviente de aquella época y entonces la cargan conmigo. Para algunos, todo esto sigue vivo”. Con frecuencia la sed de venganza no se apaga. Y, además, no escucha razones. 
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas