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Sábado, 19 de junio de 2021 |
ALEJANDRO A. TAGLIAVINI
¿Qué cosa hace un Papa?
Francisco demuestra que no son necesarias las armas -ni ejércitos, ni policías, que el pontífice casi no tiene- para liderar sociedades y personas.
Actualizado 25 septiembre 2015 - 0:0  
Alejandro A. Tagliavini   
“¿Qué cosa hace un Papa?”, le preguntó jocosamente Fidel Castro a Benedicto XVI cuando lo visitó en el 2012 en La Habana, demostrando su soberbia e ignorancia. El Papa debería haberle repreguntado: ¿y usted, entonces, por qué me recibe? Más realista: para Forbes, en el 2014 Francisco fue la cuarta persona más poderosa del mundo. No sé si la cuarta, pero los tres primeros –Putin, Obama y Xi Jinping– no son más influyentes. O sea que no son necesarias las armas –ni ejércitos, ni policías, que el pontífice casi no tiene– para liderar sociedades y personas.

Por el contrario, las armas destruyen, la violencia nunca construye. Jamás, ni siquiera en defensa propia y urgente, son superados los métodos pacíficos, que son los eficientes para construir personas y sociedades. En fin, total que en esta tercera reunión con un papa –la primera fue en 1998, con Juan Pablo II– Fidel fue transportado a su niñez porque Francisco le regaló, entre otros, un libro del jesuita Amando Llorente y otro del padre Alessandro Pronzato.

Llorente había sido tutor de colegio de Castro, pero tuvo que dejar Cuba y exiliarse en Miami cuando triunfó la Revolución. Falleció en el 2010. En el 2007 quiso “absolver” a Fidel, siempre que se arrepintiera públicamente. Por cierto, el “comandante” ya no viste el verde oliva, sino el azul de Adidas, una de las “multinacionales capitalistas”, que debería haberle pagado muy bien por tanta publicidad visual como en las revistas del corazón.

Francisco celebró una misa en la plaza de la Revolución –revolución gerontóloga y ultraconservadora, dadas la edad y permanencia de sus líderes– ante un millón de cubanos, cuyo salario mensual promedia los 20 dólares. Tanto en su homilía como en otras reuniones, lanzó frases sugerentes, como que "el servicio nunca es ideológico. No se sirve a ideas, sino a las personas". Me recuerda al responsable de la apertura china al despreciar las ideologías: “Lo importante no es el color del gato, sino que cace ratones”. Y, gracias a la incipiente apertura cubana, el sector privado cuenta ya con más de 500.000 trabajadores, además de los cientos de miles que trabajan en el mercado negro.

Luego, el Papa afirmó: "Si un líder quiere sostener el liderazgo, es un tirano". Justo cuando Raúl Castro acaba de anunciar que se va en el 2018 y el candidato a sucederlo podría ser su hijo Alejandro, manteniendo la monarquía castrista. Francisco inició gestiones para acercar a Cuba con EE. UU. Y levantar el embargo que, según el Gobierno comunista, ha causado, desde 1962, pérdidas por 833.755 millones de dólares. En cualquier caso, no solo no sirvió para debilitar el régimen cubano, sino que, por el contrario, el cercenamiento de las libertades de los ciudadanos estadounidenses para relacionarse aumentó el aislamiento de la isla.

Muchos dijeron que Francisco ignoró a los disidentes. Y algunos lo atribuyen a no querer entorpecer la intermediación entre Castro y Obama. Pero me recuerda lo que Francisco dijo –sin ofender a nadie, que todos somos personas de valor infinito– al cerrar el Sínodo de la Familia: “Esta es la Iglesia que no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos (recaudadores de impuestos). No se avergüenza del caído, se siente casi obligada a levantarlo…”. Y “Jesús dijo: ‘Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (San Marcos, 2:17). 

Este artículo está en El Tiempo.

Alejandro Tagliavini
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California)
@alextagliavini