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Sábado, 15 de agosto de 2020 |
EMILIO J. CÁRDENAS
Rusia "desmiente" que pretenda tener bases militares en América Latina
Rusia "quiere contar con puntos de apoyo técnico y logísticos en esta parte del continente"
Actualizado 27 mayo 2014 - 0:1  
Emilio J. Cárdenas   
Un dicho atribuido a Santiago Rusiñol dice que, "De todas las formas de engañar a los demás, la pose de seriedad es la que hace más estragos". En eso, el canciller ruso, Sergiei Lavrov, es un maestro. Con su mueca permanente de impávido, hace afirmaciones que luego los hechos desmienten. Sin que nada necesite jamás ser aclarado. Como acaba de suceder, con reiteración, con motivo de la reciente anexión por la fuerza de Crimea y Sebastopol por parte de la Federación Rusa.
 
En América Latina, desde hace algunos años, la Federación Rusa ha establecido una notoria intimidad operativa, en materia de política exterior, con los países bolivarianos de la región. Particularmente con Venezuela y Nicaragua. Además de Cuba, con la cual nunca dejó de tener intimidad en el último medio siglo, más allá de las circunstancias, de las coyunturas y de las cortinas de humo, desplegadas una y otra vez, con habilidad.
 
Preocupado por las advertencias de que su país está camino a establecer una base naval en Nicaragua, el canciller ruso, Sergei Lavrov, ha salido a sostener que eso no es realmente así. Mal. Tanto, que sus dichos son, en cambio, una clara confirmación de las sospechas existentes. Directa. Como se dice en inglés: “de la boca del caballo”; esto es, por parte del propio sospechado.
 
Para Lavrov, “Rusia no tiene la intención de establecer bases militares permanentes en Latinoamérica”. Obvio. Más allá de las apariencias, Rusia no tiene buques de guerra (salvo los submarinos) que estén en actividad que puedan justificar tener -y mantener- ese tipo de bases: las permanentes, tan lejos de su propio universo. Pese a que el propósito de tenerlas pueda ser el de intimidar a todos y espiar a su rival, los Estados Unidos. Rusia no tiene, tampoco, los recursos económicos que se requieren para poder mantenerlas.
 
Pero lo cierto es que su embajador en Nicaragua, Nicolay Vladimir, ha dicho públicamente que su país está a la busca de “puntos de abastecimiento”. Con la cuota de permanencia que le asegure contar con su disponibilidad. Lo mismo que ahora nos confirma Lavrov cuando, ante las cámaras de televisión dijo que Rusia “quiere contar con puntos de apoyo técnico y logísticos en esta parte del continente”.
 
En otras palabras con bases no permanentes en las que tenga permanentemente repuestos, municiones, capacidad de mantenimiento y reparación, reabastecimiento, y hasta descanso de sus tripulaciones. Esta es la verdad. Reconocida. Confirmado, entonces, por el propio Sergei Lavrov. Las bases, presumiblemente, tendrán -por si acaso- amarraderos, depósitos, polvorines, e instalaciones, incluyendo las necesarias para alojar temporalmente al personal y tripulaciones rusas, para que estén disponibles en el supuesto de que -de pronto- sean requeridos.
 
De paso, simularán una presencia mayor a la real. Alimentando la nostalgia de volver a ser una de las dos potencias mundiales más importantes.
 
Una potencia extranjera tendrá entonces bases militares en nuestro suelo latinoamericano. En nuestra “Patria Grande”. No nos sorprendamos, cuando ocurra. Nos lo está confirmando el propio canciller ruso. Sin demasiadas vueltas.  
 

Emilio J. Cárdenas
 Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.