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Miércoles, 23 de septiembre de 2020 |
EMILIO J. CÁRDENAS
La Organización de Estados Americanos y la crisis paraguaya
"... la OEA puede "buscar una salida constructiva". Que, en mi entender, pasa por adelantar las elecciones presidenciales previstas para abril del año próximo, en el entendido que Federico Franco, el actual presidente de Paraguay, no debiera ser candidato, sino limitarse a administrar una transición lo más corta y neutral posible."
Actualizado 27 junio 2012 - 0:0  
Emlio J. Cárdenas   
Las naciones eufemísticamente llamadas “bolivarianas” (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y, cada vez más, la Argentina de Cristina Fernández de Kirchner) se rasgaron de inmediato las vestiduras ante lo que denominaron un “golpe de estado institucional” en Paraguay, al producirse la destitución del ex presidente Fernando Lugo por parte del Congreso de su país.

Lo cierto es que ninguna de esas naciones está, en rigor, en condiciones de constituirse en adalid de una defensa regional de la democracia. Ninguna. En sus propios países han concentrado todo el poder en manos de sus ejecutivos, esto es de sus autoritarios líderes, cercenado la libertad de prensa, y desnaturalizando -opaca, pero arteramente- el mismo sistema de equilibrios y contrapesos entre los poderes del estado, que está en la esencia de las democracias, incluyendo algo particularmente grave, que es el no respetar la independencia y la imparcialidad de muchos de sus magistrados judiciales. En los hechos, han desfigurado a sus instituciones democráticas, hasta hacerlas irreconocibles. No pueden tirar ni la primera ni ninguna piedra a otros, entonces. Y en algún caso, como el de la Argentina, un gobierno que no acata siquiera los fallos de su propia Suprema Corte, ni tampoco los laudos del MERCOSUR, no parece ser el más indicado para acusar a nadie de haber violado el debido proceso legal. Pese a que, en el ultra-veloz procedimiento de destitución de Fernando Lugo se violó su derecho de defensa.
 
No obstante, la enorme mayoría de los parlamentarios paraguayos que se pronunció por condenar a Fernando Lugo hace sospechar que, aún habiéndole dado la oportunidad de defenderse adecuadamente, el resultado de la votación no habría variado sustancialmente. Lo que naturalmente no disimula la verdadera enormidad de haber lastimado -mal- su posibilidad de defenderse normalmente en el juicio político promovido en su contra.
 
Los “bolivarianos”, como era de suponer, salieron -vociferantes e intimidantes- en defensa de uno de los suyos. Con los tapones de punta, dirían los aficionados al fútbol.
 
No así la Organización de Estados Americanos (OEA), que en esta crisis actuó con mucha mayor prudencia, equilibrio y moderación que en la de Honduras. Especialmente su Secretario General, José Manuel Insulza, que se había equivocado, feo, en el caso hondureño, como hemos comentado desde estas mismas columnas.
 
La primera reacción de Insulza fue la de comentar que, si bien el proceso se había ajustado “a la letra de la ley”, había violado el derecho de defensa de Fernando Lugo. Y fue así.
 
Para luego aclarar que la OEA no tiene atribuciones para intervenir en Paraguay tras la crisis. Sin decirlo rescató el viejo principio de “no intervención en los asuntos internos de otros Estados”, hasta ahora ignorado en el caso de Paraguay. Como si simplemente no existiera. Agregando que en la OEA, además, no hay acuerdo para tomar esa decisión. Y señalar enseguida, correctamente, que la OEA puede “buscar una salida constructiva”. Que, en mi entender, pasa por adelantar las elecciones presidenciales previstas para abril del año próximo, en el entendido que Federico Franco, el actual presidente de Paraguay, no debiera ser candidato, sino limitarse a administrar una transición lo más corta y neutral posible.
 
El ex obispo Lugo, recordemos, no tiene caudal político propio. Y enfrenta a la oposición (el Partido Colorado) y al oficialismo (los Liberales) que alguna vez lo llevara (con su votos) al poder, pero que terminó dándole la espalda, unidos sin fisuras en su contra. Por esto, por las suyas, difícilmente vuelva a ganar una elección presidencial, aún si los petrodólares de Hugo Chávez de pronto llegaran en su apoyo, como ocurriera con las valijas venezolanas de Antonini Wilson, que contenían dólares presuntamente utilizados para favorecer a una candidata en una elección nacional argentina.
 
Por todo eso, es hora de moderación y de fina diplomacia. No sólo en la OEA, sino en todas las instituciones regionales por igual. Aún en aquellas en las que la voz de los bolivarianos pueda resonar con más impacto. De encontrar alternativas y no de sancionar a los inocentes, esto es al pueblo de Paraguay, en su conjunto.
 
No es tiempo de gritar a voz de cuello frustraciones, ni resentimientos, sino de pensar y negociar alternativas que permitan escuchar pronto al pueblo paraguayo expresándose libremente en las urnas, de modo de enderezar allí una situación realmente desgraciada, en la que Fernando Lugo -cuya administración, cabe apuntar, fue un fracaso- parecería carecer de apoyos políticos domésticos de relevancia.
 
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.