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Gabriela Pousa
Acordando Desacuerdos
"Los buenos principios dicen que el voto es libre. Es decir, el voto favorable al gobierno serán considerados como expresados libremente. En cuanto a los otros, y con el fin de eliminar las secretas trabas que se hubieran podido poner a la libertad de elección, serán descontados siguiendo el método preferencial, añadiendo el plus divisionario, esto es, al cociente resultante de dividir los sufragios no expresados por el tercio de los votos eliminados. Los votos opositores serían nulos.
Actualizado 7 julio 2005  
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Gabriela Pousa   
Es decir, partimos del principio de que un voto negativo al gobierno no es un voto libre. Es un voto sentimental y por ende se haya encadenado a las pasiones. ¿Está claro?" Albert Camus (Estado de Sitio).

Crónicas de todo tipo, tamaño y color anuncian el quiebre de la coalición. El jefe de Gabinete asegura que no hay acuerdo posible. Crisis en el recinto. El bloque del justicialismo se parece a una de esas películas de Alfred Hitchcock donde todos sospechan de todos pero nadie sabe quién es el asesino. Tampoco parece importarles demasiado que la víctima sea, ni más ni menos, que el pueblo argentino (q.e.p.d)

Ahora bien, nadie parece contemplar la posibilidad de que semejante farsa esté guionada. ¿Por qué habría de creérsele a Eduardo Duhalde? ¿Cuándo habló con la verdad Néstor Kirchner? Ambos tienen en común una palabra demasiado frágil. Posiblemente, tan frágil como la memoria de la gente. De lo contrario, esta comedia no podría presentarse hoy día como la gran novedad política. Basta remontarse a los tiempos en que estando el bonaerense a cargo de la Presidencia, los gobernadores con excepción del santacruceño, firmaban los 14 puntos conocidos como el Acuerdo Federal otorgando oxígeno a Duhalde para sellar una suerte de coparticipación y tranquilizar al FMI en sus requisitorias que tampoco, parecen muy innovadoras.

Sin embargo, y pese a la férrea oposición que Kirchner ejercía como gobernador en aquel 2002, terminó siendo el candidato del duhaldismo… Y es que amores, odios, lealtades y traiciones son tan efímeros como fútiles entre políticos. Difícil explicar que la sociedad no haya aprendido todavía que las ideas han sido reemplazadas por conveniencias y el oportunismo es quién rige acuerdos o desacuerdos en la política. Pero vayamos por parte:

¿Por qué creerle a Eduardo Duhalde?

El jeque de Lomas de Zamora se hizo cargo del Ejecutivo en Enero de 2002 formulando ante la Asamblea Legislativa las siguientes 6 promesas concretas: -"Mi mandato vence el 9 de diciembre de 2003. No voy a dejar el cargo ni un día antes ni un día después aunque haya un millón de cacerolazos" "El ejercicio de un gobierno de transición es incompatible con la pretensión de competir o interferir en una nueva candidatura en el año 2003"

-"Junto con las demás fuerzas políticas, empresariales y organizaciones no gubernamentales trabajaremos en la elaboración inmediata de un programa de salvación nacional"

-"Terminaremos con un modelo económico agotado para sentar las bases de un nuevo modelo capaz de recuperar la producción, el trabajo de los argentinos y el mercado y promover una más justa distribución de la riqueza"

- "Garantizamos que quienes hayan robado el dinero de la gente y quienes no hayan controlado a los que robaban vayan presos. Es decir, que el que depositó dólares recibirá dólares y el que depositó pesos, recibirá pesos"

-"Mantendremos el programa de creación de un millón de nuevos empleos prometido por Adolfo Rodríguez Saá"

-"Esta gestión se propone lograr pocos objetivos básicos: reconstruir la autoridad política e institucional, garantizar la paz, sentar las bases para el cambio del modelo económico y social"

A saber, Eduardo Duhalde entregó los atributos de mando el 25 de Mayo de 2003. No firmó, sin embargo, el libro de renuncias a posibles cargos políticos que él mismo instrumentara. El fracaso del diálogo social puso de manifiesto la disgregación que existe en la ciudadanía y entre los diferentes factores de poder. Por otra parte, la pluralidad de opiniones no fue tal. Las FFAA fueron dejadas de lado a la hora de convocar a un diálogo de pacificación nacional. No ha habido "salvación" sino para unos pocos grupos empresarios favorecidos por la devaluación. La brecha entre ricos y pobres aumentó considerablemente durante el año 2002. Las fuentes de trabajo fueron reemplazadas por un plan que auxiliaba con 150 pesos -pagados en Lecop- a 1.040.000 jefes y jefas de hogar. Y, finalmente, el que depositó dólares sigue esperando… o recibió Patacones, letras del tesoro, papelitos de colores.

¿Podemos creer en Eduardo Duhalde? La respuesta, intuyo, escapa a todo análisis.

¿Por qué creerle a Néstor Kirchner?

En este caso, el análisis no necesita demasiado trabajo de archivo. Y hasta es dable admitir una mayor sinceridad por parte del santacruceño en su oratoria política. Desde su asunción, Néstor Kirchner dejó en claro su afán por sumar consenso a cualquier precio. En el discurso ante la Asamblea Legislativa confirmó su aversión por los organismos crediticios internacionales, amenazó subliminalmente al empresariado, habló de la nacionalización de la economía y lo hizo frente a Fidel Castro y Hugo Chávez, invitados especialmente. Su llegada a la Presidencia siguió con una fiesta popular en la Plaza de Mayo donde ya se pudo observar una seria violación de los símbolos patrios.

A ello siguió el descabezamiento de la cúpula castrense sin causa alguna, y la entronización de los líderes piqueteros junto a Hebe Bonafini como "dueños" de la Casa de Gobierno. Los más trascendentes reclamos de la sociedad hallaron al jefe de Estado en El Calafate, vivió cada conmoción social como espectador sentado frente a un televisor. Recreó antinomias olvidadas y se ocupó de dividir a la sociedad para poder asirse de fuerza ante la debilidad. De algún modo, Kirchner creyó y cree que puede hacer de la Argentina un feudo a imagen y semejanza del santacruceño.

Claro que, pese a ello, afianzó la política económica del duhaldismo, mantiene los fondos de su provincia afuera y paga religiosamente los vencimientos con el organismo de crédito. La izquierda de Kirchner es en realidad una quimera. Posiblemente, en el Primer Mandatario, tengamos el único parámetro de la muerte de las ideologías que anunciara Fukiyama. Las ideas del Presidente van a la derecha o a la izquierda de acuerdo a su propia conveniencia. Kirchner no razona, reacciona. Y no es sutil la diferencia.

En dos años de gobierno seguimos sin plan, sin reformas estructurales y sin otro afán que consolidar el poder a cualquier precio. Lo único que el actual Gobierno afirma querer legar a la sociedad es un "país en serio". Hasta la fecha, las burlas y las risas hacen eco por los cuatro puntos cardinales del planisferio y puertas adentro, lo que se ve causa pena y miedo. Por otra parte, Kirchner aglutinó poder a fuerza de desmantelar las instituciones básicas de la democracia. Regresó de cada gira con mega-anuncios sin asidero, los éxitos quedaron en discursos y al pueblo no le dio sino anuncios y clientelismo. Hoy continúa sin proyecto, dispuesto a tranzar o dejar de hacerlo según cierren los números llegado el momento. Chequera en mano organiza una elección al margen del pueblo. En rigor, y aun cuando sacado de contexto pueda tildarse de "golpismo", hoy por hoy, es posible que a la mayor parte de la ciudadanía no le importe un ápice el Parlamento.

Sincerémonos: ¿Qué es lo que ha hecho, en los últimos años, el Congreso por el pueblo? ¿Qué porcentaje de la población se siente representada por los legisladores que ocupan bancas o los que suenan, en estos días, como posibles candidatos a ello?

En la medida que el Poder Ejecutivo siga estando en manos de un caudillo sin ánimo de respetar lo básico, ¡la Constitución, por ejemplo!, la elección legislativa quedará reducida a una repartija de cargos entre operadores de negociados. Para eso quieren ubicar sus hombres tanto el bonaerense como el santacruceño. De lado queda toda posibilidad de votar capacidades y aptitudes en el marco del peronismo. Hay una búsqueda frenética de figuritas con carisma que manejen la cosa a favor del "jefe" que les dé sustento. Proyectos para una mejor calidad de vida no se enumeran en ninguna de las disputas que mantiene el oficialismo con los restantes miembros del justicialismo.

¿Podemos creer en Néstor Kirchner? La respuesta, intuyo, escapa a todo análisis.

La puja Duhalde-Kirchner no puede ser analizada como una interna política cuando no es sino una disputa por espacios de poder tendientes a encubrir vaya a saber uno qué... La base de la democracia está cercenada. Entramos en un juego de simulación hay que votar porque "queda bien" y de algún modo atenúa la crítica a lo que mucho se asemeja a una tiranía. Asimismo cabe preguntarse: ¿Cuál es el miedo de Kirchner a perder? ¿Cuál el de Duhalde? ¿Por qué amedrentar a López Murphy o a Macri? ¿Qué espacio le queda al pueblo en medio de todo esto? Basta con reflexionar sobre esos puntos para que un panorama político se asemeje a una historieta de suspenso.

El paisaje urbano que tendremos en breve los porteños será una pintura perfecta de la brecha que existe entre la gente y la dirigencia. La Casa Rosada aparecerá vallada. Más que un dato arquitectónico, esta separación fáctica del epicentro del poder parece un acto fallido o un reflejo emanado del miedo.

Mientras tanto, y hasta Octubre, el Presidente seguirá recorriendo las provincias para asegurarse avales y, el país en punto muerto, seguirá soportando la inercia del no-gobierno. Lo ha venido haciendo en los últimos años. ¿Qué ha cambiado? Lo único concreto que se percibe es una fecha electoral pero a esta altura de las circunstancias la demanda no es únicamente de elecciones, la demanda es de soluciones y éstas no tienen miras de llegar.

Finalmente y a pesar de lo enunciado, las respuestas no las tiene la dirigencia. Quién tiene la última palabra en esta especie de melodrama fue y sigue siendo el pueblo… Ningún sentido tiene quedar presos de una supuesta ruptura entre peronismos de derecha y peronismos de izquierda. Hay un solo peronismo y ni ellos son capaces de definirlo, el resto son antinomias lógicas, recelos y ataques de pánico, tan de moda en este ahora, por no quedar relegados de un marco de poder que otorgue impunidad. De otro modo, sobreviene el riesgo... ¿Están, acaso, Duhalde o Kirchner dispuestos a correrlo?

GABRIELA POUSA (*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE.
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