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CARLOS GOEDDER

¡Cuidado con el nacionalismo! (Sobre Repsol y Argentina)
Cuando las naciones están en crisis, nada mejor que distraer a sus ciudadanos con un enemigo internacional.
Actualizado 19 abril 2012  
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Carlos Goedder   

En el evento reciente de la nacionalización de Repsol por la demagoga Sra. Kirchner, me ha aterrado ver cómo se están evidenciando los errores fatales del nacionalismo.

Por un lado, está el argumento nacionalista de esta señora. A su (des)Gobierno le interesa mantener el dividendo petrolero de Repsol-YPF en territorio argentino y arguye las necedades sobre las industrias estratégicas nacionales. Retórica del peronismo y simplemente se apropian desde la sinarquía argentina de YPF, una pieza más para seguir robando y repartiendo dádivas. Alguien denominó a este sistema como “macrocorrupto”. El acto con Repsol es una clara violación del derecho internacional y sólo traerá recelo para el indispensable inversor extranjero. Esto también afecta al capital argentino. Esta sufrida nación ya vio cómo sus ciudadanos fueron despojados de sus dólares en 2002, sus acreedores ya pasaron por una quita en la deuda sustancial y ahora, cuando por fin había una pujanza mediante exportaciones agropecuarias, se produce esta desastrosa medida. El régimen argentino está dispuesto a ir contra cualquier interés privado, de sus propios ciudadanos y de la nacionalidad que sea. Ya está robando cotidianamente a los argentinos con una inflación galopante y cuya estadística oficial nadie cree. El propio The Economist opta por las cifras que provee un consultor externo. En suma, primera faceta sobre la miseria estatalista, con alardes nacionalistas, en suelo argentino.

Ahora bien, aterra la reacción española. Entre ciudadanos ilustrados me he encontrado con la peligrosa ecuación mental siguiente: Argentina ataca a Repsol, luego los argentinos odian a España; por consiguiente, hay que iniciar represalias contra todos los argentinos. He escuchado comentarios tan vehementes y disparatados como boicot económico a cualquier producto argentino, embargo a bienes argentinos, ¡Deportación de argentinos!  En fin, esto sólo me refleja otra dimensión de miseria nacionalista. Ante la crisis española actual, a la cual se busca en vano solución con una política económica de recorte draconiano en el gasto público impuesta por Bruselas y Berlín, nada mejor que distraer a la gente con un enemigo internacional sudamericano.

Repsol rechazó en meses recientes que la petrolera mexicana Pemex entrara en su accionariado y prefirió a un fondo de Qatar. Para nada vi a los mexicanos considerar a los españoles como sus enemigos por esto. Creo y este es mi juicio personal, que Repsol, probablemente distraída con los conflictos recientes en su accionariado, ha descuidado la gestión referente a sus intereses internacionales. En países con regímenes estatalistas como Argentina y Venezuela hay que manejarse con habilidad, haciendo buenas relaciones de cabildeo (lobby), gestionando el riesgo político y protegiéndose en una arena movediza. Y con potenciales socios amigables del mundo hispano como Pemex no entiendo porque ha habido una exclusión. En suma, creo que hubo torpezas en Repsol, sin que esto excuse a la gestión Kirchner. Está claro que este asunto tiene que someterse a tribunales internacionales, que ataca los derechos de propiedad y sin duda es un hecho deleznable.

También hay con esto síntomas de la limitada dimensión del capitalismo español. Son tan pocas sus multinacionales relevantes en el mapa internacional que se arma esta equivalencia entre Repsol y toda España. En Argentina vive una comunidad de origen español masiva (considérese la comunidad gallega, por ejemplo); en España hay centenares de miles de nativos argentinos ¿Vamos a generar represalias contra inocentes ciudadanos? En fin, he oído tales desmanes en labios de gente que consideraba sensata que me he impresionado vivamente. Yo no creo que si Argentina tocara McDonald’s los estadounidenses pensasen que los argentinos son malos y odian a los estadounidenses. Repsol es una empresa, una compañía como cualquier otra. He insisto, para mí fue un síntoma esclarecedor sobre su mal manejo de relaciones públicas que hubiese dejado fuera a un aliado como Pemex; es más, quizás la experticia de Pemex le hubiera sido útil para manejar esta crisis argentina. Y aún más claro: a una empresa de capital argentino le pueden hacer lo mismo que a Repsol. No por eso el gobierno argentino odia a los argentinos en su conjunto (aunque proceda con soberana torpeza en su gestión pública).

Percibo y esta es mi impresión dolorosa, que en la cultura hispana persiste un abismo profundo. La mayor parte de los españoles desprecian a la América Hispana, siendo lugar común entre españoles resumirla simplemente como una región insegura y cualquier sudamericano en España sólo recibe preguntas sobre la violencia urbana en su tierra natal. La primera pregunta de los españoles hacia un sudamericano es si su ciudad o país es inseguro; no sé, esto me parece limitación mental; ¿No es más feliz preguntar sobre, no sé, la belleza de mujeres u hombres –según la preferencia sexual-, las bellezas naturales, la gastronomía o el arte hispanoamericano? El español, aún con el cosmopolitismo que le ha dado el euro, aún tiene un vivo desprecio por lo latinoamericano. La excepción suele venir de quienes tienen lazos familiares con esa tierra.

Persisten en la cabeza española clichés de que España es superior, de que el Estado del Bienestar español es el mejor del mundo, que su sistema sanitario es la envidia de los extranjeros, quienes vendrían a atenderse masivamente a España – me lo creeré cuando vea a un estadounidense venir a curarse en España o vea una decena de premios nobel españoles en medicina – y en fin, una serie de fatales errores de pensamiento cuya fragilidad se está evidenciando con esta crisis. Lo peor es que la dependencia de España respecto a América Latina es importante, al punto que muchas multinacionales españolas como Repsol veían generar en suelo argentino el 25% de su beneficio.

España sólo respeta a Brasil por su dimensión y por el excelente marketing que de sí mismo hace el gigante sudamericano, mas ¡Desengáñense españoles! Brasil no les necesita. Brasil se basta a sí solito y si hay una nación cerrada en sí misma culturalmente, vana de sí y sin curiosidad alguna por lo hispano es Brasil. Por supuesto, hay excepciones a esa regla, mas vale en su conjunto, estoy seguro. He vivido en suelo brasilero y español por más de dos años en cada caso, si sirve de argumento sobre cómo formé esta opinión.

¿América Hispana? También tiene errores graves de estatalismo en Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba  y Nicaragua. Allí se peca de despreciar al derecho de propiedad privada, foránea y propia. Sí que afirmaría que la percepción generalizada entre hispanoamericanos es que se pierde independencia con el capital extranjero, discurso además apropiado de rescatar ahora que se conmemoran doscientos años de la casi total disolución colonial española en continente americano. Ahora bien, sospecho también que el latinoamericano percibe al español como arrogante, como alguien que menosprecia la cultura local. Las empresas españolas que han triunfado en América Latina lo han conseguido porque han sabido reclutar a españoles y latinoamericanos con mentalidades abiertas, quienes entienden que el capitalismo, el verdadero capitalismo, es incapaz de discriminar por origen a nadie.

Y eso es porque sale caro, costoso, perder clientes, mercados y capital humano por necedades. Lo entendí cuando el ex primer ministro Tony Blair indicaba como los servicios de electricidad, agua y telefonía en su sede de Downing Street eran esencialmente provistos por empresas extranjeras. Y eso jamás fue preocupación sobre la independencia o autonomía o fortaleza británica.

La cultura capitalista liberal es precisamente la menos chovinista en el mundo. Me parece que hay al menos una evidencia de ello en los comercios pequeños de chinos en las ciudades españolas. El español le compra al chino porque es barato, tiene horarios amplios y atienden de manera conveniente; creo que pocos españoles piensan en el comunismo chino, el machismo cultural chino, los desastres ambientales chinos o la censura china cuando van a hacer su compra a esos locales que aún llaman “todo a cien” o simplemente “el chino”.

La disonancia entre España e Hispanoamérica es dolorosa por los nexos históricos que unen a ambas tierras. Quienquiera que desee entender mejor a España tiene que saber historia de América Hispana; a su vez, ningún hispanoamericano entenderá a su país si desconoce la historia española. Y en lugar de mirarse con recelo, con desprecio o sospecha, estas tierras estarían llamadas a integrarse, a generar una red de libertades. Mas no, lo que hay realmente entre España e Hispanoamérica son los mismos síntomas ridículos de nacionalismos, distorsión histórica, represión y afán simplificador. Los países anglosajones armaron su comunidad internacional, su Commonwealth y entre ellos sienten valores comunes. La América Hispano lo intentó casi hacia el final del Imperio Español y fracasó estruendosamente.

Lo mal que se maneja la historia hispana ha hecho, por ejemplo, que un experimento constitucional efímero como la Constitución de Cádiz de 1812 haya recibido una conmemoración estruendosa. En ese intento de detener el despotismo, que los propios españoles destruyeron en 1814 gritando ¡Viva las Cadenas! y entronizando al tirano Fernando VII, ya había señales de un error mental: los padres constitucionales españoles en 1812 apenas propusieron ¡un solo! delegado para ¡todas! las Colonias americanas en su Asamblea. Así que hasta ese proyecto liberal nació con esa confusión entre español e “indiano” o, como se dice hoy, “sudaca”. ¿Consecuencia? Los americanos se dieron cuenta de que con España no iban a ninguna parte. Se disolvió el imperio, en una guerra independentista que más tuvo de guerra civil que de conflagración internacional.

Este recelo mutuo entre gente que comparte en general idioma, referentes culturales y religión es penoso. España tiene todo para ser un líder regional en el mundo hispanoamericano. No obstante, la amable España no sólo está sufriendo expolio del gobierno argentino en una empresa, sino que la está masacrando, como sociedad, una política europea miope.

Yo mismo soy libertario y considero que mientras menos dimensión del Estado, tanto mejor; critico que se subsidie a la oferta en vez de a la demanda, con lo cual quiero decir que si consideramos socialmente equitativo dar salud a los ciudadanos que son incapaces de costearla, que se le dé a esos individuos el dinero y elijan su hospital, entre hospitales gestionados por capital privado – sólo enfermedades raras y prohibitivamente costosas de atender en un hospital privado habrían de proveerse en uno público-. En suma, considero nocivo un Estado grande y operando directamente los servicios públicos. Mas tampoco preciso ser un genio para saber que si el consumo privado e inversión están en mínimos, con un desempleo superior al 20% que es vergüenza mundial, es incluso idiota el querer resolverlo estrangulando el gasto público y en dosis cotidianas interminables.

Un día el gobierno del Sr. Rajoy, personaje a quien considero muy bien intencionado y competente, mas maniatado y débil ante sus socios europeos, dice que va a subir el precio de electricidad; sólo varios días después dice en cuánto; otro día dice que recorta tantos miles de millones de gasto público; a los pocos días le añade otros cuántos miles de millones más; luego un ministro asoma que se acabó la salud gratis para todos; alguien los demiente; luego  se dice que sí, que se va a empezar a recortar ayuda sanitaria a ciertas rentas; más adelante alguien adelanta que se va a subir impuestos; luego es que se decide a quién; un día se amanece con que hay que incrementar los alumnos por docente; más tarde se dice que no se sabe cómo ni en cuánto ni en qué comunidades españolas; y así, interminablemente, un día tras otro, sin decir de una buena vez y de un solo golpe qué diablos se va a hacer. Eso sólo va a traer una peligrosa conmoción social.

España tiene su principal problema como nación en Berlín y Bruselas, allí es donde tiene que dar la batalla por su subsistencia como nación. Lo de Repsol es grave, es a todas luces un robo a esa empresa, a sus accionistas y trabajadores, mas para nada es el ataque a todos los principios sobre los que se edificó España desde 1978. Eso es lo que se está intentando desmantelar por órdenes alemanas.

¿Lo quiere España? Habría que asumir que hay muchas comunidades autonómicas para un territorio de apenas 500.000 km2; que carece de sentido que en esa bella y pequeña tierra los catalanes quieran aislarse idiomáticamente, con émulo en los vascos –quienes tienen  su propio régimen foral- y parcialmente entre los gallegos; en esa línea, también habría que hacerle entender al ciudadano español que los servicios públicos no pueden ser gratis para todo el mundo y habría que preguntarse cómo ser competitivo si es imposible devaluar y en simultáneo la inversión pública en educación y tecnología está recortándose…

Hoy discutía con alguien sobre estos temas y decía que España tiene que pasar por dolor, por una década de dolor y yo no creo que a nadie le convenga una expiación tan costosa y dolorosa. ¿Sacrificio? Tiene que haber, sin duda, como en todo ajuste económico. ¿Es duro? Sin duda.  Exige renuncias y costes. Eso sí, no creo en el masoquismo ni el cilicio. Hay que sacrificarse inteligentemente.

La política es el arte de conciliar las grandes metas ideales con la realidad concreta y práctica. Es inviable pretender ser poco importador, muy competitivo, disciplinado fiscalmente tanto en gasto como deuda, autonómico (o federalista cooperativo como dice el lendakari), emprendedor, sin desempleo masivo, con poder adquisitivo, moneda fuerte, internacionalmente importante… Conciliar todo eso es inviable. Es indispensable entender que los valores, tanto en el ámbito individual como público, son múltiples y que es preciso hacer concesiones entre ellos. El gran problema español está en negociar ante las autoridades europeas, en vez de dedicar el tiempo a Repsol y el fútbol.

España merece los más altos destinos. Se está vendiendo internacionalmente una imagen de irresponsabilidad hispana que descuadra con la realidad. A diferencia de los alemanes, jamás comparto la visión según la cual “el español es vago y manirroto”. Simplemente España ha atravesado por una distorsión monetaria tras crearse el euro, ante la cual incluso el individuo más virtuoso se habría comportado más o menos igual que el ciudadano medio español. Súbitamente se crea una moneda nueva. Esa moneda hace que los precios, antiguamente en pesetas, se ajusten al alza: en vez de reconocerse que 166 pesetas equivalían a 1 euro, muchos comerciantes redondearon sus precios de 100 pesetas directamente a 1 euro; primer desajuste; luego, una economía acostumbrada a una moneda comparativamente débil como la peseta, la cual se había venido devaluando para hacer la economía competitiva, pasa a tener una moneda llamada euro la cual se aprecia frente a todas las divisas, con tipos de interés ridículamente bajos. ¿Consecuencia? El poder adquisitivo de bienes foráneos sube, el español medio empieza a viajar por todo el mundo –antes la mayoría lo más lejos que iba era a Francia-, se comienza a importar lujosos productos alemanes y como resultado se genera un brutal déficit comercial externo. Para completar la foto, ante esta ilusión monetaria la actividad productiva se orienta hacia bienes que se hayan revaluado lo más rápido posible y cuyo acceso se haya abaratado por el tipo de interés. Lógicamente la vivienda fue uno de ellos. La economía atravesó por una “nueva riqueza” la cual retrasó ajustes que eran necesarios antes de sumarse al euro: revisar la legislación laboral – España había padecido alto desempleo toda su democracia-, invertir más en educación y tecnología, revisar los convenios institucionales referentes al peso que tienen el Estado del Bienestar y las Comunidades Autónomas. En fin, el euro ha traído grandes ventajas a importadores, consumidores de servicios internacionales y deudores, disuadiendo ajustes que ya se veían necesarios al finalizar el Siglo XX. España valientemente los está emprendiendo y sus cuentas fiscales, además de su endeudamiento público, siguen siendo comparativamente bajos y manejables. En el peor de los cálculos hechos por analistas la deuda pública llegaría a un 90% del PIB en lugar del 60% del PIB oficial; incluso esa magnitud es comparativamente admisible en cualquier foro internacioal.

El diagnóstico correcto sobre España es apuntar a un endeudamiento exagerado en el sector privado –el cual se resolvería con cierta dosis inflacionaria-, a una economía con tipo de cambio poco competitivo y a una alta evasión fiscal – la economía sumergida o informal supera el 20% del PIB-.  El resumen de todo esto es que el español no es el sujeto vil que quieren vender los alemanes; es un individuo que reaccionó racionalmente ante una ilusión monetaria, la cual abarató endeudarse e importar. Sólo eso. Por lo demás, España es una nación con fortalezas significativas. Tiene todo para recuperarse. Indudablemente cuenta con contradicciones y tendrá que resolverlas. La primera, creo yo fundamental, es hacer la ecuación básica de que un español vale un voto. Así se resolverán estas concesiones políticas mutuas entre Estado Central y Comunidades Autónomas las cuales están costando demasiado caro a España: taifas lingüísticas, representaciones internacionales para cada Comunidad Autónoma, subsidios y estímulo oficial a artificiales divergencias culturales.  ¿Acaso no sorprende que mientras italianos, portugueses, estadounidenses o franceses cuando montan una asociación de inmigrantes en un país extranjero forman una sola colonia mientras los españoles, en América Latina por ejemplo, montan un Centro Vasco, una Hermandad Gallega, un Club Canario, una Asociación Catalana…? Eso ocurre en Venezuela, por ejemplo y siempre me ha sorprendido. España, llamada a los más altos destinos, tiene que dominar unas fuerzas centrífugas orientadas a su disolución. Sus ciudadanos merecen aprovechar todas las ventajas competitivas propias de una sociedad que ha conseguido reinventarse pacíficamente tras una retardataria dictadura vigente por medio siglo.

Y claro está que América Hispana tiene muchos problemas. Los argentinos han de ver si en sus elecciones políticas siguen apoyando un régimen a todas luces nocivo. Es insólito que la nación con más premios nobel de ciencia en el mundo hispano haya producido ese engendro llamado peronismo, el cual está asfixiando a Argentina desde hace más de 60 años. ¿Hasta cuándo la sociedad argentina se empeña en destruirse a sí misma? Estados Unidos de América ya le dio la espalda en su conjunto a Sudamérica y lo que ha ocurrido con Repsol poco o nada le interesa a los propósitos estadounidenses – me sorprende que algunos españoles sean incapaces de entender que para nada España tiene peso en política estadounidense. Es más, para EEUU, España es un “near defaulter”, un país a punto de quebrar y, para empeorar, entre las naciones europeas más reacias hacia lo estadounidense, por tradición, está España (derrotada por EEUU en 1898)-.

Así que América Hispana precisa a España y España precisa a Hispanoamérica. O se entienden y se arreglan, fundando un marco democrático y liberal, sin chovinismos y retórica nacionalista estúpida, o se hunden juntos.

Para mí una escena memorable de estas paradojas hispanoamericanas fue cuando el Rey de España mandó a callar al Presidente Chávez en una (como siempre casi inútil) Cumbre Hispanoamericana. Un Rey democrático en cierto grado designado como sucesor por un tirano (y confirmado institucionalmente) mandó a callar a un tirano elegido por una democracia. Son estas miserias en el mundo hispano las que seguirán como una lacra, haciendo que unas sociedades prácticamente destinadas (o condenadas) a entenderse se amparen en recelo, mezquindad y miopía.

Vamos a ver cuál es el próximo paso en esta tragicomedia suicida. Apuesto fuerte por España y las naciones de América Latina dispuestas a adaptarse a un mundo más complejo, más competitivo y en el cual sólo salvan creatividad, educación, esfuerzo y apertura mental.

Por: Carlos Goedder
carlosurgente@yahoo.es
Madrid, Abril de 2012

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