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CARLOS GOEDDER

Confrontando moralmente al capitalismo
En esta crisis conocida como la Gran Recesión el capitalismo está más expuesto a críticas morales que nunca. ¿Alguien puede proponer un debate serio?
Actualizado 22 marzo 2012  
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Carlos Goedder   
Al docente venezolano D. Manuel Jacobo Cartea, in memoriam
 
Ciertamente hay un pensador que sí podría lanzar puntos tentadores para confrontar moralmente al capitalismo. Penosamente, se nos acaba de marchar hacia el infinito: se trata del recientemente fallecido profesor James Q. Wilson. Este pensador estadounidense, antes de fallecer el 2 de marzo de 2012 a los 80 años, legó una obra vibrante. Y en esta página rescatamos una conferencia clarividente denominada La Moralidad del Capitalismo. Sorprende que haya esgrimido un cuestionamiento sobre el capitalismo en 1997, cuando este sistema parecía ser el triunfador absoluto. La ponencia fue realizada en Australia y está disponible en la serie John Boyton Lectures del australiano The Centre for Independent Studies (Ocasional Paper 62).
 
Un breve comentario sobre el profesor James Q. Wilson. Jocosamente, en su obituario del 10 de marzo de 2012 publicado por The Economist, se señala que la Q. del segundo nombre era por el término inglés para “cuestionamiento” – Question -. El profesor Wilson estaba continuamente haciéndose preguntas sobre la vida individual y social. Escribió tratados sobre la burocracia y el sistema político estadounidense. Curiosamente, se le recuerda por lo que el consideraba una de sus reflexiones menores: el “Teorema de las Ventanas Rotas”; este se emplea para combatir el crimen y simplemente sugiere que para detener los homicidios y robos es preciso atacar las conductas delictivas que parecen menores. Esgrimido en 1982, el argumento sugiere que en un edificio donde alguien vea una ventana rota, se quebrarán las otras, porque la imagen que da esa comunidad es que nadie se ocupa de ella. Lo cierto es que este enfoque fue exitoso para combatir el crimen en Nueva York. Su consigna de política pública podría ser un simple “Tolerancia y Negligencia Cero”.
Probablemente al profesor Wilson le atraería más que se le recuerde por conferencias como esta que dio en Australia y que ya llegó el momento de abordar. Vamos a aplicarle la “Q” al Capitalismo.

El profesor Wilson considera que las críticas al capitalismo provienen de estos argumentos:
 
-          El capitalismo produce desigualdades crecientes en el ingreso y la riqueza. El rico se hace más rico y el pobre, aunque sea menos pobre, se ve cada vez más alejado del acaudalado.
-          El capitalismo genera alienación. El hombre es convertido en mercancía y queda incapacitado para apropiarse de lo que produce mediante su trabajo. Se cosifica lo humano en las relaciones económicas.
-          El capitalismo daña el ambiente.
-          El capitalismo origina una cultura obsesionada con lo material.
 
Wilson confronta estos temas. Lo primero que deja en claro es que el capitalismo ha de someterse a escrutinio moral. Según este autor, el gran liberal Friedrich A. von Hayek (1898-1992), nobel de economía 1974, prefería considerar que el capitalismo era una herramienta moralmente neutra para producir riqueza; Hayek temía que hacer moralismo sobre el sistema capitalista produjese reacciones estatalistas; así que optaba por evitar el riesgo. Wilson sí que aborda el asunto.
A las cuestiones responde argumentando que la desigualdad es inherentemente humana. Si no fuese mediante diferencias de ingreso y capital, cualquier sistema generaría inequidad: alguien tendría más poder político, alguna raza sería superior, un clan sería el dominante… El capitalismo abre una válvula de escape a las ansias de dominio individuales; en lugar de canalizarlas hacia la dominación política o bélica, se promueve el éxito material. Más aún, el debate redistributivo sólo puede tener lugar cuando hay algo que repartir; y el capitalismo es el mejor sistema para elevar la producción. Es la opción más eficiente y podría ganar la guerra equitativa cuando se le pone frente a cualquier otro sistema.

Es más, las sociedades humanas ya vivieron el experimento socialista. Europa del Este, la Unión Soviética, Cuba, Corea del Norte, la misma China, distan de ofrecer un paliativo en igualdad social. Allí gobierna el partido y el burócrata.

En el caso chino, Wilson es contundente: democracia y capitalismo van de la mano. Para el conferencista, sólo donde hay libertad para comunicarse, para intercambiar ideas, para innovar, es que puede surgir capitalismo. Así que, a diferencia de un Milton Friedman, para Wilson dista de haber defensa parcial sobre la libertad. Esta ha de ser tanto económica, como política y social para que democracia y capitalismo sean sostenibles.
Sobre la alienación mediante el trabajo, argumento central de Marx, hay en Wilson un razonamiento contundente: el problema no está en las relaciones laborales. La falta de trabajo es el problema. Acá hay algo de ética anglosajona, porque el estadounidense opina que la mayor parte de la humanidad está más satisfecha con su trabajo que sin él. Es más, hay quien prefiere relaciones en el ámbito laboral a las vigentes en entornos comunitarios. Acá quizás el razonamiento es llevado al extremo y dudo que cale el argumento en sociedades mediterráneas – en las del Caribe sí que hay alguna influencia estadounidense-. En lo que sí creo que se tiene algo más sólido para elaborar es en considerar que los acuerdos laborales bajo el capitalismo son voluntarios, en que la competencia por mano de obra hace que se premie a los más eficientes y en un punto que Wilson rescata del nobel Gary Becker: el capitalismo no puede discriminar; excluir a grupos sociales por su religión, raza, afiliación política orientación sexual o cualquier elemento cuesta dinero al capitalista. Un sistema jerárquico o plagado de burocracia sí que puede darse ese lujo. Mas el capitalismo no: perder un buen trabajador o cliente para la competencia es doloroso para cualquier empresario.

Además, hay otro punto solvente sobre el asunto Marx. El comprometido pensador alemán fallecido en 1883 (alguno piensa que Marx es ruso) creía que el capitalismo se destruiría por su fracaso. En realidad, lo que amenaza al capitalismo, según identificó el economista de Harvard Joseph Schumpeter (1883-1950), es su éxito. La prosperidad material ofrece cabida a reflexiones sobre temas menos urgentes que la satisfacción inmediata al hambre. El capitalismo es el único sistema que financia a sus detractores; es más: los profesores universitarios que publican contra este sistema usualmente son financiados por recursos privados – nuevamente aquí están dosis de la universidad anglosajona, en lugar de la estatal universidad hispanoamericana-. Los jóvenes en un entorno materialmente más sólido pueden darse el lujo de cuestionar al capitalismo y soñar. Lo cierto, nuevamente, es que nadie echa de menos el trabajo hasta que lo pierde. Y ese trabajo es mejor que la servidumbre o la esclavitud propiciada por otros sistemas. Donde sí que está la amenaza es cuando el capitalismo es incapaz de generar empleos. Entrelíneas, Wilson apunta hacia Keynes, mas nada en su exposición elabora sobre ese problema. En cualquier caso, mi opinión es que los peores indicadores de empleo y economía sumergida están en economías que funcionan lejos del capitalismo liberal. El capitalismo raramente desperdicia mano de obra valiosa.

El tema ambiental lleva a las críticas ecologistas. Acá Wilson también actúa mediante el contraejemplo. Señala que los peores maltratos ambientales se producen en aquellos entornos en los cuales está ausente la noción de escasez. Eso es propio del comunismo y es precisamente esa incapacidad para medir costes y administrar recursos limitados, esa ineficiencia en suma, lo que hace más complicado el tema ambiental en sociedades no capitalistas. Se puede añadir que donde se carece de propiedad también se agudiza el problema.
Hay otro asunto ambiental que se resuelve bajo el capitalismo. Si el Estado se apropia del ambiente: ¿Quién lo reglamenta? ¿Quién regula al Gobierno cuando el Gobierno se apropia de algo? Es preferible tener a una empresa a la cual controlar y supervisar que entregar los recursos a un estatalismo lleno de complicidades. Es más, hacerlo puede abrir las puertas a un problema de corrupción -que Wilson deja de abordar-. Un Estado o Gobierno poderosos pueden incentivar sobornos y burocracias, en lugar de ocuparse por proteger el ambiente. Y nuevamente, el capitalismo es el único sistema donde se respeta – y hasta financia - espacio individual para la disidencia sobre materia ambiental.

Sobre las críticas al materialismo fruto del sistema capitalista liberal, Wilson señala nuevamente que se está ante un atributo propio de lo que él llama “naturaleza humana”. Yo lo matizaría como “condición humana”. Mas es verdad: el ser humano tiende a desear más, a anhelar poder y ciertamente puede perderse espiritualmente, mas la culpa dista de ser únicamente capitalista.
Ciertamente, Wilson adelante dos problemas con el capitalismo. Primero, que los humanos tendemos a valorar más la igualdad que la libertad; preferimos ver que al vecino le va igual de bien o mal que nosotros y es sólo cuando nos amenazan la libertad que la defendemos. Esa preferencia por igualdad esconde, también, su dosis de envidia. Y el segundo problema capitalista es que “es lo que ocurre cuando se deja a la gente actual sola”, como decía el colega de Wilson, profesor Kenneth Minogue. La producción y consumo de cosas indeseables o extravagantes pueden ser excesos que salten a la luz bajo el capitalismo. Aunque es un sistema en el cual las extravagancias están más expuestas a la crítica pública y algún bolsillo puede sentirse perjudicado al ver tales cosas, sin duda el capitalismo puede mostrar nuestro lado más desordenado.

Y es que el fondo el sistema capitalista supone ciertos valores morales para funcionar. El primero es confianza. La paranoia es incompatible con una sociedad capitalista, porque es imposible comerciar con alguien por quien ninguna confianza se siente. Los fracasos que desde la década de 1990 detectaba Wilson en las economías rescatadas del comunismo – como la antigua Unión Soviética – provenían de desconfianza; salvo por mecanismos burocráticos y acuerdos mafiosos, era imposible que se cumpliese la palabra empeñada allí. Y el otro elemento necesario para el capitalismo liberal es que haya domino de sí mismo, autocontrol. Un individuo o sociedad incapaz de postergar el consumo y sin un mínimo de contención emocional tiende a ser incompatible con la dinámica capitalista. Desde tiempos del filósofo liberal Adam Smith (1723-1790), el capitalismo funciona mientras la cantidad de gente que ahorra supera a la que gasta. Sin eso, es imposible que haya acumulación capitalista para el conjunto social. Ya Wilson señalaba su preocupación con la caída en la tasa de ahorro estadounidense en 1997 y hoy, en 2012, está claro que el excesivo endeudamiento, el hedonismo y una cultura del placer inmediato han hecho tambalear los mecanismos asociados a la prosperidad capitalista. Wilson considera que la actitud ahorrador dista de ser simplemente un asunto sobre los tipos de interés; considera que en sociedades asiáticas como Japón la rentabilidad para el ahorrador es baja; hay una ética que premia el ahorro y la inversión. Por supuesto, extendiendo el argumento de Wilson, esa acumulación también se puede referir a capital humano.

Así que esta ponencia de Wilson abre varias puertas para debatir sobre el capitalismo y su dimensión moral. Está claro que vale la pena rescatar sus argumentos y propiciar una razonable discusión sobre los mismos. Quizás únicamente en una sociedad capitalista liberal un ciudadano puede darse ese lujo.
 
www.carlosgoedder.com                                     
                                                                                  Madrid, marzo de 2012

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