Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
21 AGOSTO 2019 | ACTUALIZADO 13:57
EUROPA   |   ÁFRICA   |   AMÉRICA   |   ORIENTE PRÓXIMO   |   ASIA / PACÍFICO
POLÍTICA   |    ECONOMÍA   |    SOCIEDAD   |    CULTURA   |    PENSAMIENTO   |    AUTORES
CARLOS ALBERTO MONTANER

Carlos Alberto Montaner
Cuba: La Transición o el Desastre
Para enfrentarse a la situación cubana actual y a su posible desenlace, tal vez sea un buen procedimiento adoptar la técnica del director japonés, Akiro Kurosawa e intentar colocarnos en el papel de cada uno de los actores fundamentales de este viejo e inacabable drama: Fidel Castro, visión y misión.
Actualizado 7 julio 2008  
Compartir:  Comparte esta noticia en Twitter  Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé  |   Imprimir  |   Corregir  |   Enviar  |   0
Carlos Alberto Montaner   

En 1950, Akiro Kurosawa estrenó Rashomon, una inquietante película ambientaba en el siglo XII, en la que cuatro protagonistas de un horrendo crimen aportaban sus versiones contradictorias sobre lo que realmente había sucedido. Para enfrentarse a la situación cubana actual y a su posible desenlace, tal vez sea un buen procedimiento adoptar la técnica del director japonés e intentar colocarnos en el papel de cada uno de los actores fundamentales de este viejo e inacabable drama.


Fidel Castro, visión y misión.

 

Comencemos por Fidel Castro. Es el más vistoso, ubicuo e inevitable de todos los cubanos. Le dio sentido y forma a la revolución. Lleva medio siglo instalado en los titulares de toda la prensa y su pintoresca imagen es la más conocida de toda la fauna política planetaria. A sus casi 82 años, agoniza lentamente en La Habana devorado por un cáncer intestinal que hizo metástasis, y del que fue necesario operarlo (sin mucha fortuna) en verano del 2006. En diciembre del 2007, finalmente, aceptó que no podía volver a dirigir el gobierno, pero no se resigna a perder el poder: un poder que ha ejercido sin limitaciones ni contrapesos desde 1959. Ante esta situación, su hermano y heredero, el general Raúl Castro, cuando asumió la presidencia propuso consultarle todos los asuntos fundamentales que debe afrontar el país. Para formalizar el acuerdo, le pidió autorización al parlamento cubano que, de inmediato, se lo concedió, obviamente, por unanimidad.

 

         Pero había (y hay) un problema fundamental. El Comandante no estaba dispuesto a quedarse como un consejero pasivo que ofrece sus recomendaciones humilde e incondicionalmente a sus herederos. Por otra parte, mientras gobernó, Castro jamás fue un líder dedicado a solucionar los problemas cotidianos de la sociedad cubana -más bien los agravaba con iniciativas enloquecidas como dotar a cada familia con una vaca enana-, sino fue un héroe épico, gallardamente empeñado en arreglar las injusticias del mundo, todas ellas derivadas, según su diagnóstico, del desventurado capitalismo y del comportamiento malvado y codicioso de las potencias capitalistas encabezadas por Estados Unidos, el flagelo de la especie humana.



        
Como era previsible, de esa visión de sí mismo como un San Jorge tropical derivó la misión que le asignó a su gobierno: luchar en todos los frentes contra su enemigo americano y el resto de los países que se opusieran a su cruzada. A lo largo de su prolongado paso por el poder, Fidel Castro envió sus ejércitos a África[1], incluida una larga guerra que duró quince años. Mandó una brigada de tanques a las alturas del Golam para enfrentarse a Israel en la guerra de 1973, y, mientras pudo, colaboró con golpes de estado en lugares tan extraños como Zanzíbar y Yemen, al tiempo que adiestraba y remitía guerrillas, terroristas y conspiradores a veinte naciones, convirtiendo a Cuba en un incansable foco subversivo. Su lema era muy claro: "el deber de todo revolucionario era hacer la revolución en cualquier lugar del mundo".


        
¿Qué le queda a Fidel Castro de aquellos sueños de conquista planetaria y de su rol como temible factótum del tercer mundo? Le queda una construcción retórica basada en una lectura deliberadamente deformada de la realidad cubana. Según el panglosiano discurso de este Fidel Castro terco y crepuscular, la sociedad cubana es un paradigmático modelo de educación, igualitarismo y salubridad, en el que una población esencialmente culta y satisfecha disfruta de las ventajas del sistema puesto en práctica por él a partir de 1959. Esa sociedad, fundamentalmente feliz, que no desea cambiar nada, que no necesita consumir porque está dotada de una gran fuerza espiritual, además, ha conseguido resistir los embates del imperialismo norteamericano, se sobrepuso al "desmerengamiento" del bloque socialista, y hoy, llena de ilusiones, construye junto a Chávez el socialismo del siglo XXI para prolongar por otras vías la vieja batalla contra el imperialismo y sus podridos agentes y secuaces. Para Castro, pues, la lucha no ha terminado, y la Cuba que le quiere legar a sus herederos es la que él construyó pacientemente: la revolucionaria, deseosa de clonarse incesantemente, la heroica, la que jamás se rendirá ni bajará la guardia. Y, en consecuencia, aunque senil y enfundado en un ridículo atuendo deportivo, ése el mensaje con que tiñe cada una de sus intervenciones y consejos sobre los asuntos de Estado que le llegan a su lecho de enfermo terminal: ¡hasta la victoria siempre!


Raúl Castro o la lucidez inútil


Para su hermano Raúl esto es un problema grave. El general Raúl Castro es otro tipo de persona. Nunca tuvo el menor inconveniente en darle un balazo en la cabeza a un adversario molesto, y jamás le quitó el sueño encerrar a un enemigo en una celda espantosa durante varias décadas (como hizo con Mario Chanes y Huber Matos, sus compañeros de lucha), pero es una persona realista. Fidel lo arrastró a todas las aventuras que le pasaron por la cabeza
-el ataque al Moncada, la Sierra Maestra, la conquista de África-, pero él no es su hermano, y su sentido común y su experiencia le dejan ver con toda claridad que su papel como gobernante no consiste en enderezar los torcidos destinos de la humanidad, sino lograr que la gente en Cuba pueda tomarse un vaso de leche después de sobrepasar la edad de los siete años, peligrosa frontera a partir de la cual la desnutrición parece que está oficialmente autorizada en el país.


        
En efecto: cuando Raúl Castro mira la realidad cubana, al contrario de su hermano, lo que ve es una sociedad miserable, en la que abunda la prostitución, y en la que casi todas las personas practican el comercio ilícito o el robo para sobrevivir, con graves dificultades para alimentarse o transportarse, hacinada en unas humildes casas despintadas, llenas de goteras y mal iluminadas, que literalmente se están cayendo a pedazos, en las que la electricidad y el agua potable son intermitentes. Raúl Castro sabe que el sistema económico es sádicamente improductivo, que los cubanos perciben como una cruel estafa que les paguen en una moneda devaluada con la que no pueden comprar nada que valga la pena. No ignora que el nivel de infelicidad y desdicha de la población es altísimo, que los jóvenes sólo añoran largarse del país, y que todos viven fingiendo cínicamente unas devociones políticas que realmente no sienten porque las condiciones de vida materiales son espantosas.


        
Por otra parte, Raúl Castro, supongo que embargado por la melancolía, tampoco desconoce que esa sórdida realidad material
-parece que no toma demasiado en cuenta la emocional-, que no deja espacio a la esperanza, se alivia con medidas extraídas de la economía de mercado: suprimiendo el clientelismo y los subsidios, liquidando la esquizofrenia de las dos monedas, descentralizando y desideologizando la toma de decisiones, reintroduciendo los derechos de propiedad, aceptando la lógica de los precios, permitiendo que los cubanos pongan en marcha empresas privadas, otorgando incentivos de acuerdo con resultados, liquidando el igualitarismo y el paternalismo estatal, dos formas letales de corromper a la población, abriéndose realmente al mercado y a las inversiones extranjeras, aligerando la decrépita, ociosa y lenta burocracia, y poniendo fin al permanente estado de hostilidad entre la Isla y Estados Unidos, el socio natural que tiene Cuba para despegar económicamente en un periodo relativamente breve. Es verdad que todo eso significa el entierro sin gloria de la revolución, pero si la realidad es profunda y testarudamente contrarrevolucionaria, oponerse a ella no es otra cosa que dogmatismo, estupidez y voluntarismo, precisamente las actitudes que han hundido al país en la miseria y se han convertido en las señas de identidad de lo que allí llaman, pomposamente, "el proceso revolucionario".



        
Raúl Castro, en fin, que es una persona inteligente, sabe lo que hay que hacer para comenzar a arreglar el inmenso desaguisado provocado por medio siglo de disparates comunistas sumados a las excentricidades de Fidel, pero, al mismo tiempo, se da cuenta, como se dan cuenta todos los cubanos, que sus objetivos y los de su hermano son contradictorios. Fidel insiste en matar el dragón con su lanza. Raúl, además de retener el poder (su objetivo prioritario), quiere que Cuba se convierta en un país normal y deje de ser una fracasada fábrica de utopías, sacrificios y frustraciones, aunque para ello tenga que ponerse de acuerdo con el dragón. Fidel Castro, tras su muerte, quiere dejarle a la humanidad el ejemplo de un país revolucionario que venció a todos sus enemigos y le enseñó a la especie humana el rutilante camino de la felicidad. Raúl Castro, tras su muerte, quiere dejar una sociedad razonablemente esperanzada, sin sobresaltos, capaz de transmitir la autoridad pacíficamente dentro de las estructuras partidistas, para que sus familiares y amigos no corran peligros innecesarios, y puedan, además, tomarse un vaso de leche aunque tengan más de siete años de edad.


Los reformistas silenciosos


Raúl Castro, naturalmente, posee una correa de transmisión para ejercer el mando y, al menos teóricamente, la columna vertebral de ese mecanismo es el Partido Comunista, de donde supuestamente son o deben ser segregadas y supervisadas todas las estructuras del poder. Sin embargo, en la experiencia cubana, a lo largo de medio siglo, ninguna de las instituciones oficiales ha jugado el menor rol en el diseño de las directrices de gobierno. Cuba ha sido una autocracia, un triste sultanato comunista regido por la más repetida de las consignas revolucionarias: "Comandante en Jefe, ordene". Allí ha mandado Fidel como le ha dado la gana, sin contención ni control, y cada vez que surgió un foco de autoridad remotamente crítico
-la microfracción dentro del Partido, Carlos Aldana dentro del gobierno, el general Arnoldo Ochoa dentro del ejército-, lo ha cercenado de un tajo.


        
Raúl heredó intacto ese poder, incluso con una variante que le favorece: él mismo controla directamente al gobierno, al partido comunista, a las fuerzas armadas y a los muy extendidos servicios secreto. No obstante, el talón de Aquiles de su régimen está en la sucesión: detrás de él no hay nadie. Él no tiene un Raúl que lo sustituya, como su hermano lo tenía a él. No existe en el país ninguna figura que aglutine al sector oficialista y al inmenso aparato estatal. Sus hombres de confianza
-los generales Abelardo Colomé Ibarra y Julio Casas Regueiro, y el Dr. José Ramón Machado Ventura- son unos viejos y oscuros aparatchicks, competentes y leales, necesariamente provisionales, dada la avanzada edad que tienen, cuestionados por algunas zonas de la estructura de poder y desconocidos por la población, dirigentes, en fin, que no pueden contar con la obediencia del resto de las instituciones del país, y muy especialmente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y de los sindicatos, donde los parlamentarios, aunque hoy no se atrevan a abrir públicamente la boca (en privado algunos sí lo hacen), están cansados de ser un afinado coro de papagayos amaestrados, dedicado a cantar alabanzas a sus preclaros gobernantes, mientras los líderes sindicales se avergüenzan de ejercer, en realidad, como los verdugos de las aspiraciones legítimas de los trabajadores.


        
Por eso Raúl se propone reinstitucionalizar la revolución a toda marcha. Quiere que, tras su desaparición de la escena
-calcula que le quedan unos cuatro o cinco años de vida útil para cumplir con esa tarea-, el Partido, como en China o en Vietnam, pueda asumir la dirección de la vida pública. Pero sucede que ese partido está, como todo el país, profundamente desmoralizado, ya no cree en las premisas ideológicas del marxismo (como no cree en ellas el propio Raúl Castro), y la inmensa mayoría de los cuadros y militantes desea cambios profundos que atentan contra la esencia del discurso revolucionario porque no excluyen la apertura política y el pluripartidismo.


        
Eso se vio claramente en los miles de debates propiciados por el régimen a lo largo del año 2007: los militantes comunistas, o, simplemente, revolucionarios, quieren libertades. Libertades para viajar, vivir de acuerdo con sus preferencias sexuales, informarse sin controles y manifestar sin miedo sus criterios. Quieren libertades para estudiar lo que desean y trabajar en lo que quieran, incluidas actividades productivas privadas. Están cansados de ser tratados como menores de edad o retardados mentales. Por primera vez, la tolerancia y la aceptación del derecho a la divergencia se hicieron transparentes como un deseo compartido por la ciudadanía, incluidos los comunistas. En el discurso públicamente pronunciado el 2 de abril del 2008 en el Séptimo Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Eusebio Leal lo dijo sin ambages: el país se prepara para una nueva etapa. El país está lleno de expectativas y todas se orientan hacia el deseo de una intensa ampliación del ámbito de las libertades individuales. Sencillamente, el grueso de la militancia comunista está compuesta por reformistas que ansían un cambio profundo y radical, totalmente alejado de la dictadura inmovilista que les quiere dejar Fidel Castro como herencia, y también del exótico modelo chino o vietnamita con que Raúl Castro se entretiene durante sus noches de insomnio.


Los demócratas de la oposición


Los demócratas de la oposición son el cuarto factor importante. Son varios millares dentro de Cuba, con unos doscientos cincuenta encarcelados
-entre ellos veinticinco periodistas independientes-, empeñados en revitalizar la abatida sociedad civil, esparcidos por las principales ciudades del país, aunque el núcleo más voluminoso está en La Habana. Cualquiera pudiera pensar que son pocos para una población de más de once millones de habitantes, pero, con la excepción de Polonia, Cuba es el país comunista con mayor número de opositores conocidos y organizados. Algunos grupos y personas, incluso, han alcanzado una gran notoriedad internacional: las Damas de Blanco, las Bibliotecas Independientes, Oswaldo Payá, Martha Beatriz Roque, Oscar Elías Biscet, Héctor Maseda, Jorge Luis García Pérez ("Antúnez"), René Gómez Manzano, Vladimiro Roca, Oscar Espinosa Chepe y Elizardo Sánchez entre otros muchos.


        
Lo que solicitan estos demócratas, y lo que se les niega mediante diversas formas de represión, incluidas la cárcel y las golpizas, es espacio para intercambiar ideas libremente, la posibilidad de hablar y publicar dentro del país, y la autorización para realizar actividades proselitistas. Aspiran, lógicamente, a participar en la vida política de la nación para poder alentar pacíficamente un proceso de transición hacia la democracia, pero hasta ahora sólo han conseguido una victoria parcial, aunque tremendamente importante: que el gobierno no haya podido aplastarlos ni silenciarlos totalmente, como sucedía en las primeras dos décadas de la dictadura. Esta limitación de la represión, en gran medida, se debe al reconocimiento internacional que han recibido los disidentes, apoyo que ha sido posible por las gestiones de los demócratas de la oposición externa, muy activos y eficaces en Estados Unidos y Europa.

        
La estrategia de la dictadura frente a los demócratas de la oposición interna es la misma que el KGB desplegaba en la URSS frente a los opositores: primero, penetrarlos con decenas de agentes de la contrainteligencia, y, segundo, excluirlos de la vida pública mediante el manido expediente de calumniarlos y calificarlos como agentes pagados por los Estados Unidos para que traicionen a su país. En todo caso, no se trata de un argumento serio que realmente preocupa a la población, sino de una coartada para justificar la marginación y las represalias. A partir de esa premisa, los demócratas, siempre al alcance de una paliza o de la cárcel[2], no pueden participar como opositores en ninguna institución
-sindicatos, organizaciones de masas, parlamentos, organizaciones estudiantiles o profesionales-, y les está vedada cualquier actividad pública. La consecuencia de esta marginación es obvia: la capacidad real que tienen de impulsar la transición hacia la democracia es muy débil, pero, en su momento, serán muy importantes cuando ese periodo se alcance.


        
En cuanto a los demócratas de la oposición externa
-que también suelen enfrentar las campañas de calumnias orquestadas por la policía política cubana y sus colaboradores, a veces acompañadas por episodios de estridente vulgaridad y violencia-, están limitados a cinco tareas esenciales que suele realizar con cierta eficacia, pese a los limitados recursos que poseen:

  • Denunciar internacionalmente los atropellos de la dictadura.
  • Ayudar a los demócratas dentro de Cuba proporcionándoles aliento, recursos, análisis e informaciones.
  • Generar apoyo internacional para respaldar el cambio.
  • Impedir que el gobierno cubano pueda normalizar sus relaciones con Estados Unidos o Europa sin antes amnistiar a los presos políticos y respetar los derechos humanos y civiles de los cubanos.
  • Estudiar y explorar las mejores vías para lograr una transición exitosa cuando llegue el momento de los cambios.
 Otros artículos que te pueden interesar
Otra mujer europea en la cima decisoria del mundo
La economista búlgara, especializada en cuestiones ambientales, Kristalina Georgieva, de 65 años de edad, será muy pronto la reemplazante de Lagarde en el timón del FMI.
"Nadie es profeta en su tierra", tampoco el papa
En la Argentina, esto es en su propia tierra, el entusiasmo de la gente por la figura del Papa Francisco es, con frecuencia, bastante relativo.
La economía es la mayor preocupación de los argentinos
La inflación, las tasas de interés, la suba del dólar y la situación de los precios y salarios marcan la situación actual, la coyuntura inmediata.
El país precisa gestos de grandeza
La campaña electoral invita a marcar diferencias, a distanciarse del resto seleccionando bandos, pero lo que se viene requiere mas de lo opuesto, es decir de esa búsqueda de soluciones en común que por ahora no se avizora con claridad.
También para Evo Morales "poderoso caballero es don dinero"
Es cierto que no todo lo que reluce es oro. Pero Venezuela lo tenía y ya no lo tiene, razón por la cual Evo Morales ya no se encandila fácilmente con Venezuela y prefiere acercarse al calor -amistoso y tropical- del Brasil.
AHORA EN PORTADA | Ver  
Informe asegura que el hambre afecta a 42,5 millones de personas en América Latina

El porcentaje de población subalimentada en Venezuela se ha triplicado, de un promedio de 6,4% entre 2012 y 2014 a 21,2% entre 2016 y 2018.
Los diez proyectos de infraestructura más costosos de Latinoamérica

La consultora estadounidense CG/LA Infrastructure Inc., que se dedica a la asesoría estratégica en temas de infraestructura, presentó recientemente la edición número 17 de su informe sobre los 100 proyectos de infraestructura más importantes de América Latina.
Julián Marías: diez libros imprescindibles

Cuando se cumplen 105 años del nacimiento de Julián Marías (1914-2005), repasamos diez de las obras más representativas del discípulo de Ortega, autor de obras constantemente reeditadas como "Historia de la Filosofía", y uno de los intelectuales españoles más leídos del siglo XX.
Diferencia entre mente abierta y basural abierto

A primera vista parece fácil diferenciar una mente abierta de lo que es un basural abierto pero no es tan sencillo precisarlo analíticamente.
ARCHIVO
JULIO 2008

Chávez quiere revivir la Guerra Fría

La parálisis psicológica de Raúl Castro

La ira del presidente Correa

Paraguay: ¿Irlanda o Venezuela?

Cuba: La Transición o el Desastre

La situación cubana actual y su posible desenlace

El rencor y la historia

Ver posts de otros meses

JULIO 2019 (1 artículos)

FEBRERO 2019 (2 artículos)

SEPTIEMBRE 2018 (1 artículos)

AGOSTO 2018 (2 artículos)

JULIO 2018 (5 artículos)

JUNIO 2018 (1 artículos)

MAYO 2018 (2 artículos)

ABRIL 2018 (5 artículos)

MARZO 2018 (3 artículos)

FEBRERO 2018 (3 artículos)

ENERO 2018 (2 artículos)

DICIEMBRE 2017 (6 artículos)

NOVIEMBRE 2017 (4 artículos)

OCTUBRE 2017 (6 artículos)

SEPTIEMBRE 2017 (5 artículos)

AGOSTO 2017 (11 artículos)

JULIO 2017 (10 artículos)

JUNIO 2017 (9 artículos)

MAYO 2017 (12 artículos)

ABRIL 2017 (13 artículos)

MARZO 2017 (11 artículos)

FEBRERO 2017 (10 artículos)

ENERO 2017 (11 artículos)

DICIEMBRE 2016 (13 artículos)

NOVIEMBRE 2016 (12 artículos)

OCTUBRE 2016 (10 artículos)

SEPTIEMBRE 2016 (8 artículos)

AGOSTO 2016 (15 artículos)

JULIO 2016 (10 artículos)

JUNIO 2016 (12 artículos)

MAYO 2016 (12 artículos)

ABRIL 2016 (13 artículos)

MARZO 2016 (11 artículos)

FEBRERO 2016 (10 artículos)

ENERO 2016 (7 artículos)

DICIEMBRE 2015 (10 artículos)

NOVIEMBRE 2015 (13 artículos)

OCTUBRE 2015 (6 artículos)

SEPTIEMBRE 2015 (5 artículos)

AGOSTO 2015 (6 artículos)

JULIO 2015 (4 artículos)

JUNIO 2015 (4 artículos)

MAYO 2015 (6 artículos)

ABRIL 2015 (5 artículos)

MARZO 2015 (4 artículos)

FEBRERO 2015 (7 artículos)

ENERO 2015 (6 artículos)

DICIEMBRE 2014 (5 artículos)

NOVIEMBRE 2014 (5 artículos)

OCTUBRE 2014 (5 artículos)

SEPTIEMBRE 2014 (5 artículos)

AGOSTO 2014 (4 artículos)

JULIO 2014 (6 artículos)

JUNIO 2014 (6 artículos)

MAYO 2014 (4 artículos)

ABRIL 2014 (6 artículos)

MARZO 2014 (5 artículos)

FEBRERO 2014 (4 artículos)

ENERO 2014 (5 artículos)

DICIEMBRE 2013 (5 artículos)

NOVIEMBRE 2013 (6 artículos)

OCTUBRE 2013 (5 artículos)

SEPTIEMBRE 2013 (8 artículos)

AGOSTO 2013 (5 artículos)

JULIO 2013 (7 artículos)

JUNIO 2013 (5 artículos)

MAYO 2013 (4 artículos)

ABRIL 2013 (5 artículos)

MARZO 2013 (7 artículos)

FEBRERO 2013 (4 artículos)

ENERO 2013 (4 artículos)

DICIEMBRE 2012 (5 artículos)

NOVIEMBRE 2012 (5 artículos)

OCTUBRE 2012 (7 artículos)

SEPTIEMBRE 2012 (8 artículos)

AGOSTO 2012 (4 artículos)

JULIO 2012 (6 artículos)

JUNIO 2012 (4 artículos)

MAYO 2012 (4 artículos)

ABRIL 2012 (4 artículos)

MARZO 2012 (5 artículos)

FEBRERO 2012 (5 artículos)

ENERO 2012 (5 artículos)

DICIEMBRE 2011 (4 artículos)

NOVIEMBRE 2011 (5 artículos)

OCTUBRE 2011 (5 artículos)

SEPTIEMBRE 2011 (4 artículos)

JULIO 2011 (4 artículos)

JUNIO 2011 (5 artículos)

MAYO 2011 (5 artículos)

ABRIL 2011 (5 artículos)

MARZO 2011 (4 artículos)

FEBRERO 2011 (4 artículos)

ENERO 2011 (4 artículos)

DICIEMBRE 2010 (4 artículos)

NOVIEMBRE 2010 (5 artículos)

OCTUBRE 2010 (4 artículos)

SEPTIEMBRE 2010 (7 artículos)

AGOSTO 2010 (5 artículos)

JULIO 2010 (4 artículos)

JUNIO 2010 (4 artículos)

MAYO 2010 (5 artículos)

ABRIL 2010 (4 artículos)

MARZO 2010 (7 artículos)

FEBRERO 2010 (3 artículos)

ENERO 2010 (4 artículos)

DICIEMBRE 2009 (6 artículos)

NOVIEMBRE 2009 (4 artículos)

OCTUBRE 2009 (4 artículos)

SEPTIEMBRE 2009 (6 artículos)

AGOSTO 2009 (4 artículos)

JULIO 2009 (6 artículos)

JUNIO 2009 (4 artículos)

MAYO 2009 (4 artículos)

ABRIL 2009 (5 artículos)

MARZO 2009 (4 artículos)

FEBRERO 2009 (4 artículos)

ENERO 2009 (5 artículos)

DICIEMBRE 2008 (5 artículos)

NOVIEMBRE 2008 (4 artículos)

OCTUBRE 2008 (5 artículos)

SEPTIEMBRE 2008 (5 artículos)

AGOSTO 2008 (4 artículos)

JULIO 2008 (7 artículos)

JUNIO 2008 (3 artículos)

MAYO 2008 (4 artículos)

ABRIL 2008 (4 artículos)

MARZO 2008 (3 artículos)

JUNIO 2007 (1 artículos)

ENERO 2006 (1 artículos)

LA PORTADA DE NUESTROS LECTORES | Ver
Otra mujer europea en la cima decisoria del mundo
"Nadie es profeta en su tierra", tampoco el papa
Los diez proyectos de infraestructura más costosos de Latinoamérica
La economía es la mayor preocupación de los argentinos
El país precisa gestos de grandeza

© El Diario Exterior - Calle del General Arrando 14, Bajo Derecha, 28010, Madrid - Tel.:(34) 91 532 28 28
Aviso legal  /   Política Privacidad  /   Quiénes somos  
/   Contactar  /    RSS