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Kazuo Ishiguro, explorador de la memoria
Kazuo Ishiguro
El escritor británico de origen japonés es un Nobel de Literatura 2017 de calidad, con un estilo sobrio y elegante, y un sentido del ritmo de la narración muy clásico.
Actualizado 15 octubre 2017  
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Javier Cercas Rueda   

Al margen de quinielas y con una trayectoria prestigiosa aunque no popular, un japonés que no es Murakami se ha hecho este año con el codiciado galardón.

Ishiguro nació en Nagasaki en 1954, vive en Londres desde los seis años y escribe en inglés. Pertenece a una generación de destacados narradores británicos (McEwan, Barnes, Amis, Rushdie y –un escalón por debajo– Kureishi y Swift) nacidos a mitad del siglo pasado y que empezaron a publicar en los ochenta. Estudió literatura inglesa, filosofía y escritura creativa.

 

El punto de vista predilecto de Ishiguro es los recuerdos en primera persona, y el motor habitual de sus ficciones, el examen de un pasado que tiende a colonizar el presente

 

Desde 1982, en algo más de treinta años, ha escrito sólo siete novelas y un libro de relatos, una proporción de obra publicada que dice mucho de la rigurosa vigilancia a la que somete sus historias. También ha firmado guiones para cine y televisión.

Examen del pasado

Desde la primera novela (Pálida luz en las colinas, 1982) queda patente su punto de vista predilecto (los recuerdos en primera persona) y el motor habitual de sus ficciones: el examen de un pasado que tiende a colonizar el presente, bloqueándolo. Esto se hace especialmente patente en la tercera, Los restos del día, posiblemente la mejor y, desde luego, la más famosa (apoyada por la excelente película de Ivory de 1993): el fiel mayordomo Stevens descubre que gastó sus mejores energías sirviendo a una persona indigna y se cuestiona si tiene derecho a la felicidad después de eso.

Sus raíces orientales y la memoria de su patria sitúan también en el Japón de posguerra el ejercicio memorialístico del pintor Ono (Un artista del mundo flotante, 1986). Un libro aparentemente leve, como el primero, pero que quizás es su historia más lírica y sensible. Vuelve a abordar el mundo del arte en la historia del pianista Ryder en Los inconsolables, novela algo enigmática pero de una fuerza emocional que hace difícil olvidarla una vez leída.

En Cuando fuimos huérfanos combina el suspense, el drama bélico y los fantasmas familiares para darnos un libro algo desasosegante y onírico, un tanto apartado de sus obras anteriores. Nunca me abandones, su penúltima novela, es una fantasía distópica algo siniestra, otro ejercicio de recuerdo de la protagonista donde se combinan el ambiente de internado, los amores juveniles y el análisis social.

 

Su obra en conjunto expresa una visión más bien desilusionada de la vida, pero sus conclusiones quedan abiertas y deja siempre margen al lector

 

Diez años se hizo esperar la séptima novela (El gigante enterrado) desde la anterior, y ahí cambia por completo de registro (traslado a la Edad Media y elementos fantásticos): una clásica trama de viaje donde se mezclan caballeros, dragones, una extraña maldición. Antes había publicado unos relatos que tienen interés (Nocturnos): dramas de artistas que se encuentran en un momento de su vida en el que descubren que sus expectativas no se han cumplido. Pese al tono pesimista, son ficciones intensas y abiertas, coherentes con la poética realista y precisa del autor.

Registros de amplio espectro

Ishiguro es sin duda un Nobel de calidad. Con registros de amplio espectro: clásico-realistas con toques victorianos (Los restos del día), o de novela negra (Cuando fuimos huérfanos), o de ciencia-ficción (Nunca me abandones) o de novela histórico-fantástica (El gigante enterrado); con un estilo exacto, sobrio, elegante y preciso, y un sentido del ritmo de la narración muy cuidado y clásico. Su obra en conjunto expresa una visión más desilusionada que positiva de la vida, pero sus conclusiones quedan abiertas y deja siempre margen al lector.

Toda su obra se puede encontrar en castellano en Anagrama y es sin duda un premiado que merece ser leído, incluso al completo. Como mínimo, Los restos del día (Premio Booker 1989), Los inconsolables y Nocturnos. / aceprensa

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