El artículo es interesante para ver cómo se percibe desde el exterior la elección de candidato que la Oposición al Presidente Chávez realiza en febrero de 2012.
Incorporo los contenidos más relevantes del artículo y luego expondré una reflexión personal:
“El domingo se elige mediante primarias el candidato unitario de la oposición, que se enfrentará el 7 de octubre a Hugo Chávez en las presidenciales. El líder bolivariano ha conseguido que sucesivas elecciones desde 1998 se convirtieran en auténticos plebiscitos sobre su persona, aunque al precio de ahondar la división del país en dos Venezuelas, de las que la suya, la más coloreada, le ha mantenido hasta hoy en el poder. Los aspirantes con mayor seguimiento son dos hombres, Henrique Capriles y Pablo Pérez, y, aunque muy distante en las encuestas, una mujer, dama en realidad, María Corina Machado. Los tres pertenecen a la Venezuela acomodada, y Machado sería la candidata soñada por Chávez, católica conservadora de 42 años, quien a ojos del presidente —la llama “la burguesita”— representa todo lo que aborrecen sus votantes. Capriles, al que se da como favorito, de 39 años, tiene el gran mérito de haber derrotado en las elecciones a gobernador del Estado de Miranda a Diosdado Cabello, que muchos ven como sucesor de un Chávez visiblemente minado por la enfermedad, y querría ser la versión algo reblandecida del brasileño Lula. Pérez, más pueblo que los anteriores, es un seudo-Chávez de la derecha, gobernador de Zulia, donde la oposición siempre ha obtenido sus mejores resultados.
La cita de octubre, lejos de perfilarse como una contienda ideologizada —democracia occidental contra socialismo del siglo XXI— se decidirá de acuerdo con baremos mucho más terrenales. El inventor del chavismo argumentará que ha vencido al cáncer, y que su victoria ha sido un sacrificio más por la revolución; pero su campaña de fondo se basará en que ha habido una mejoría real del nivel de vida de los menos favorecidos, sufragada por la formidable renta petrolera. Quienquiera que gane las primarias subrayará, a su vez, la erosión de las libertades, la corrupción del poder, y el desfallecimiento moral de la sociedad, pero el gran argumento será otro: que no se puede salir a la calle, especialmente en Caracas, sin jugarse la vida. En abril de 2011, el Gobierno anunció la creación de la Gran Misión Vivienda Venezuela, que aspira a construir dos millones de apartamentos en siete años, de los que casi 150.000 deberían estar listos para los comicios; ha habido un aumento del presupuesto para este año de un 45%, en su práctica totalidad para gasto social; y una última iniciativa, Misión Amor Mayor, en mejor procura de la tercera edad. Todo ello, junto a la congelación de los precios de 18 productos de primera necesidad, va mucho más allá del puro asistencialismo, y asiste a Chávez con el voto cautivo de, cuando menos, un 40% de venezolanos: una ciudadanía que come mejor, tiene medicina gratuita, y hasta puede guardar algo para esparcimiento, al tiempo que es solo relativamente sensible a la erosión de unas libertades de las que nunca hizo extraordinario uso.
La oposición basará sus bazas en la inseguridad que vive el país
Todos los sondeos ratifican, sin embargo, que la mayor preocupación nacional, a derecha e izquierda, es el incontenible desparrame de la violencia. En 2011 la capital venezolana fue la segunda ciudad más peligrosa de América Latina tras la mexicana Ciudad Juárez; en 2009, Caracas sufrió una tasa de más de 130 homicidios por 100.000 habitantes —que en 2011 ya se aproximaba a 200— cuando la media venezolana es de 65, y la de todo el continente iberoamericano, 27. La policía ha dejado de dar información sistemática sobre esa hecatombe, pero fuentes independientes hablan de 17.000 muertes violentas en 2010 para menos de 30 millones de venezolanos, lo que hace del sicariato, el asesinato por encargo, la industria de mayor crecimiento en el país. Comienzan por esa razón a surgir patrullas de vigilantes en los barrios para suplir a la inoperante fuerza pública. El propio ministro del Interior, Tarek el Aissami, reconoció que del 15% al 20% de delitos los cometía la policía. Y contra todo ello se creó en 2009 un cuerpo policial bolivariano, del que dijo Chávez que no se dedicaría a proteger a la burguesía, pero a la vista de las cifras parece que el crimen no pregunta a sus víctimas su condición social.”
El artículo expone un punto sensible: ¿Aman los venezolanos la libertad? Realmente esa es una cuestión ideológica. Otra sería preguntarse ¿Qué quieren los venezolanos que se haga con la renta petrolera? Allí hay dos puntos para debatir con argumentos e ideología.
La perspectiva del artículo es que la opinión pública venezolana está interesada en cosas más inmediatas. La visión es que a la sociedad se consulta, mediante las elecciones, si aman la seguridad. Mas el tema va más allá de la seguridad ciudadana. La cuestión plantea si se ama la comodidad generada por la actitud rentista. Una vida subsidiada, con acceso a las dádivas gubernamentales, podría ser la preferida, aunque esa vida corra el riesgo de perderse en asesinato por hampones.
Lo terrible de esta última visión es que invita a considerar la sociedad venezolana como un agregado de individuos más o menos indolentes, dispuestos simplemente a vivir como limosneros y únicamente concentrados en el corto plazo. La satisfacción inmediata de ciertas necesidades materiales, mediante las migajas que, originadas por la renta petrolera, reparte el Gobierno, en menores o mayores porciones, bastaría para satisfacer al ciudadano. Eso sin importar que la propia vida se pueda perder por un despojo violento de la misma y dando aún menor cabida a cualquier inquietud sobre un valor supremo como es la libertad.
Ciertamente hay temas trascendentales y más urgentes que dirimen los votantes venezolanos en estos primeros comicios. Y puede que la actitud pasiva, quizás de resignación a vivir como limosnero o corrupto satisfaga a una mayoría. Es un motivo de sorpresa que en este momento histórico mundial, en que hay protestas masivas en casi todos lados reclamando por libertad, democracia y otros derechos sociales – Primavera Árabe, Indignados Españoles, Universitarios Chilenos, “Occupy Wall Street”-, en Venezuela la impresión es que existe una tranquilidad social, la cual quizás sea fruto precisamente de cierta aceptación a una vida limitada, pequeña, incluso breve.
Sería penosa esta lectura. Especialmente decepcionante es que aún en medio de este caos, los Opositores se confronten entre sí, debatan entre ellos mismos y hayan obviado tener un candidato único hace tiempo. Lo lógico en el mundo político es construir consensos, culminar negociaciones y lanzar eslóganes contundentes insistentemente. ¿Cómo es que, a 8 escasos meses hasta las elecciones presidenciales, se carece de un candidato opositor definitivo? El elegido tendrá menos de un año para hacer campaña, atraer votantes y lanzar un mensaje electrizante por todos los confines venezolanos. La señal que se transmite en febrero es que es tal la obcecación por el poder, que los propios Opositores venezolanos son incapaces de aliarse con anticipación ante el enemigo común. Y en vez de enfrentarse contra él, debaten, en público, entre ellos mismos.
Para mí esto sólo puede demostrar un afán de poder político – con el consiguiente control sobre la renta petrolera - por encima de cualquier otro valor. La situación puede provocar interpretaciones peores: la primera, que realmente hay ineptitud política entre los Opositores; la segunda, elaborar una teoría conspirativa: el Gobierno financia la división entre sus Opositores y hay cómplices gubernamentales alentando la confrontación interna entre los rivales que pueden desafiar a Chávez; al considerar lo ocurrido en unas elecciones anteriores, cuando el contrincante de Chávez era Francisco Arias Cárdenas, actual funcionario del régimen “chavista”, la imaginación da para pensar muchas cosas.
En suma, ojalá que los votantes venezolanos salgan del letargo, si realmente aman la libertad, la vida, la dignidad y derechos ciudadanos básicos como la propiedad, la privacidad y la opinión divergente. En suma, ojalá que los venezolanos amen más la vida que el dinero, la libertad más que la indolencia y a sus hijos más que a su propia situación inmediata.
Opinión Independiente