Con una actitud típica de su grupo ideológico, Rafael Correa ha comenzado a enfrentar a algunos de sus contendores. Privilegiando el insulto por sobre el diálogo o la discusión de ideas o propuestas. Se ha trabado así en lucha verbal con Álvaro Noboa, el empresario bananero que es el hombre más rico de Ecuador y que ha sido reiteradamente candidato presidencial en su país, sin éxito. También Abdalá Bucaram, un ex presidente de Ecuador al que benignamente se podría calificar de exótico, que ya lleva quince años en el exilio, en Panamá, a donde se desplazó para eludir las acciones judiciales iniciadas en su contra luego del final de su gestión.
Respecto de Álvaro Noboa, Rafael Correa le sugirió “que inaugure su cerebro”. Esto fue en respuesta al desafío de Noboa que conminó a Correa a que “se subiera al ring”. Noboa “tratando de resucitar una popularidad diluida”, sostiene, como candidato del PRIAN, que Correa le tiene miedo, y que “es un cobarde” a quien derrotó en la primera vuelta electoral del 2006. Obviamente la discusión con Noboa hace subir sus acciones y satisface a su avidez de ser noticia.
Correa también se está cruzando, con lenguaje inapropiado, con el mencionado Abdalá Bucaram, a quien acaba de calificar de “basura”. Esta es su respuesta al anuncio de Bucaram de que está pronto para regresar a su país con la intención de participar en las próximas elecciones presidenciales, presumiblemente porque los cargos formulados en su contra han prescripto ya y porque su olfato le sugiere que Rafael Correa puede no ser tan fuerte como él mismo cree. Para Bucaram, acostumbrado al lenguaje chabacano, Correa es un “mentiroso” y “un cobarde sin honor ni palabra”. Como nivel de debate, un desastre. No obstante, la actitud de Rafael Correa podría resucitar a Bucaram en el escenario político ecuatoriano, en el que apenas ha sido una suerte de fantasma en los últimos años.
Queda aún por ver cuál será el tono de los debates entre Rafael Correa y su hermano Fabricio, quien también será candidato presidencial en el 2013. Presumiblemente se conducirá por andariveles no muy distintos de los antes descriptos.
Ante lo sucedido el diario “El Comercio”, de Ecuador, acaba de recordar que en el pasado muchos líderes políticos locales se han “salido de sus casillas” y “hecho de la diatriba su arma permanente de confrontación”. Los casos más recordados pertenecen a la etapa que comenzó luego del regreso de Ecuador a la democracia, en 1978. Especialmente en los debates entre el entonces presidente Jaime Roldós Aguilera y sus contendores. El ex presidente Roldós Aguilera, sin caer en el lenguaje soez, típico de Abdalá Bucaram y Rafael Correa, tenía también una lengua particularmente afilada. Como cuando se refirió a León Febres Cordero como “insolente recadero de la oligarquía”, o respecto de ciertos parlamentarios como “los patriarcas de la componenda”.
Queda visto que el lenguaje impropio de las contiendas electorales tiene antecedentes en Ecuador. Tan es así que hasta uno de los mejores políticos de ese país, el eterno alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, alguna vez cayó en la grosería. También en sus respectivos momentos lo hicieron Rodrigo Borja y Lucio Gutiérrez que está también apareciendo en el escenario de la campaña presidencial ecuatoriana que ya está en curso.
La ciudadanía ecuatoriana no merece ciertamente lo que está sucediendo y debiera insistir en la necesidad de que las contiendas políticas se edifiquen sobre los debates de ideas, por oposición a los insultos personales. Así lo exige la serenidad. Pero también la honestidad y la educación, a la hora de asumir las responsabilidades que caben a todos los dirigentes políticos.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas