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CARLOS GOEDDER

Regular bancos desde lo "Macroprudente"
Las nuevas reglamentaciones para evitar inestabilidad bancaria estarían imbuidas del espíritu "macroprudente". Este trabajo revisa el concepto.
Actualizado 18 febrero 2013  
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Carlos Goedder   
                                 
Al gran gestor bancario,
 profesor Alberto Capriles Santander

Los rescates bancarios en países desarrollados están llevando a repensar la forma en que se regula y controla tanto a los bancos como a empresas que hacen funciones semejantes de manera informal (la llamada “banca en la sombra” o “shadowbanking”). En tal línea se viene hablando de política “macroprudente” o “macroprudentialpolicy”. Revisar este asunto es atractivo, además de para economistas y quienes trabajan en riesgos bancarios, para cualquiera que tiene depósitos bancarios o inversiones en bancos. La ignorancia ciudadana sobre esta materia crea una asimetría de información que aprovechan quienes entran al negocio bancario simplemente para capturas rentas, como oportunistas.

Una introducción a la política “macroprudente” sigue siendo el artículo MACROPRUDENTIAL POLICY – A LITERATURE REVIEW (“Política Macroprudente – una revisión de la literatura”). El trabajo es inédito en castellano. Sus autores son Gabriele Galati y Richhild Moessner (BIS Working Papers No. 337, febrero 2011). El trabajo tiene el mérito de aterrizar conceptualmente el tema.

La noción básica para lo “macroprudente” tiene que ver con el coste social de los bancos. Una legislación que atiende individualmente a los bancos y les coloca requerimientos sobre su capital o perfil de riesgo en los activos, olvida que cada banco está conectado a otros y conforma un sistema. Los bancos en su gestión individual pueden perder de vista el efecto sobre ese sistema. Un gestor bancario ignora la “externalidad” (efecto involuntario sobre el bienestar de otros) y la legislación “macroprudente” lo que pretende es incorporar ese elemento, “internalizar la externalidad”.
Si un banco financia hipotecas de forma poco conservadora, por ejemplo, generará una práctica de “loan-to-value” alto; el loan-to-value es la proporción del activo que se financia mediante crédito. En vivienda, normalmente se financiaba entre un 70-80% del valor como máximo, hasta que en el boom de hipotecas en mercados desarrollados como EEUU (con las hipotecas “subprime”) y España se optó por financiar la totalidad del activo (loan tovalue = 100%) e incluso más, porque se esperaba que las viviendas siguiesen un incremento de precios explosivo. Cuando un banco individual hace eso, genera en los competidores vulnerabilidades: da buena calificación crediticia a deudores frágiles, propaga métodos agresivos para financiación y peor aún: con métodos como la titularización de activos (securitization) los bancos pueden vender esos créditos a otras instituciones, propagando el riesgo.

En línea con esto, los autores señalan (p. 16):
“Una corriente en la interconexión de instituciones financieras que ha recibido creciente atención modela al sistema financiero como un sistema complejo. Esta investigación se concentra explícitamente en el grado de complejidad, interconexión, no linealidad, diversidad e incertidumbre (…) Estos modelos están fundamentados en agentes heterogéneos con racionalidad limitada, cuyo proceso de aprendizaje influencia la dinámica agregada del sistema.”

La “no linealidad” se refiere a que existe una relación que dista de ser simplemente proporcional entre el desequilibrio de un banco y el de otros.

Matemáticamente, una ecuación de primer grado que diga que el desequilibrio en un banco genera el doble o triple de volatilidad en otro, en insuficiente; se suman otros efectos adicionales y la relación entre bancos toma gráficamente forma de curva, en lugar de línea recta. Esta convexidad es un problema para hacer modelos apropiados sobre la interdependencia.

Antes de definir el concepto de macroprudente, una intuición válida es vincularlo con estabilidad financiera. Se esperaría que el sistema financiero sea menos volátil gracias a la reglamentación macroprudente. El problema de esta aproximación es que se carece de una definición formal sobre estabilidad financiera. Siguiendo a los autores: “no hay una definición compartida de estabilidad financiera, hacia la cual las políticas macroprudentes puedan orientarse.” (p. 13) En general, ¿Cuándo podemos saber que un mercado está equilibrado? Y menos aún algo tan complejo como el mercado financiero. Los autores mencionan tres paradigmas alternativos sobre lo que es inestabilidad financiera (muchas veces es más fácil definir algo a partir de su contrario): en el primero se supone que hay un ajuste del sistema ante choques (“shocks”) externos; una visión alternativa también supone choques, si bien pueden ser endógenos también, contando con un mecanismo de amplificación (contagio entre bancos, por ejemplo). Una visión final y que atenderé en un trabajo posterior es la desarrollada por el economista Hyman Minsky (1919-1996), quien usa modelos con “ciclo endógeno de inestabilidad financiera”, visión según la cual los mercados financieros tienen ciclos igual que la economía real y son proclives al desorden. Valga decir, en resumen, que la estabilidad o inestabilidad financiera son metas poco claras para definir cabalmente una reglamentación macroprudente.

Los autores S. Hanson et. al. distinguen lo “microprudente” y lo “macroprudente”. La reglamentación “microprudente” se concentra en que los bancos individuales internalicen las pérdidas en sus propios activos – por ejemplo las minusvalías en créditos o en cartera de inversiones financieras, que repercuten en el beneficio neto- y pretenden proteger así el seguro público sobre depósitos bancarios. Acá entra la dimensión de “riesgo moral”, cuando los gestores bancarios se descuidan precisamente porque saben que el Estado vendrá al rescate para proteger a los depositantes. La visión “macroprudente” es sistémica: se ocupa de “controlar el coste social de una reducción generalizada de activos en el sistema financiero” (p. 7).

En el caso de estallar una burbuja de activos, por ejemplo, las garantías que tienen los créditos bancarios pierden valor masivamente, generándose una mayor pérdida en caso de incumplimiento (lossgiven default, LGD). Una caída masiva en el valor de activos bancarios significa que los depósitos quedan desprotegidos y la hoja de balance bancario desajustada para TODO el sistema; hay un “gap”: el activo es incapaz de cubrir el dinero que el sistema bancario debe a los depositantes.
Precisamente sobre el tema de las burbujas financieras, autores como J.P. Landau opinan que evitar burbujas de activos es un posible mandato para la supervisión macroprudente, que es “pragmático y legítimo.” (p. 6).

¿Cuándo hay una burbuja financiera? Acá entramos en un terreno donde hay literatura amplia. Intuitivamente tiene que ver con desajustes fuertes e irracionales en la valoración de activos financieros, que van desde bonos, acciones (¿se recuerdan por ejemplo las acciones de empresas en Internet a inicios del Siglo XXI?) o ahora los activos inmobiliarios (vivienda y suelo, por ejemplo, en la crisis bancaria española aún inconclusa, la cual ha golpeado fundamentalmente a las casi extintas cajas – un tipo de banco bastante raro, sin accionistas y que tuvo fuerte injerencia por partidos políticos).

Una definición aceptable también es la de Borio y Drehmann: “Una visión alternativa definió la meta de la política macroprudente como la limitación de episodios de desajuste sistémico que tengan significativos costes macroeconómicos.” (p. 6) El desajuste bancario en EEUU y España ha traído como resultado un incremento importante en deuda pública, generando desajustes en tributación y recortes en otros gastos públicos, por ejemplo el social.

Un término clave aquí es el riesgo sistémico. Lo macroprudente se enfoca en el sistema bancario y cómo cada participante le afecta. Algunos bancos tienen un efecto marginal más importante, por ejemplo si son bancos con mucha dimensión. La reglamentación está prestando atención a estos bancos que por tamaño son demasiado grandes para crear daño al sistema si se equivocan, si bien tampoco está claro que se penalice más los requerimientos de capital a un banco simplemente por ser mayor que sus competidores. Un banco pequeño puede tener una hoja de balance con peor calidad y concentrar créditos a un sector o región, por lo cual puede amplificar su impacto y coste marginal sistémico. En línea con esta visión hay otra definición afortunada de Perotti y Suárez, quienes “vieron la política macroprudente como el propósito de desincentivar las estrategias de bancos individuales que causan riesgo sistémico, una externalidad negativa al sistema financiero.” (p. 7)

Otra clave en lo macroprudente es lo “procíclico”. Cuando una variable es “procíclica” evoluciona igual que el ciclo económico y lo amplifica. Los precios de vivienda en una época de expansión económica tienden a crecer más rápidamente que la economía, especialmente si bajan mucho los tipos de interés, mientras que en una recesión se contraen con más impacto. En épocas de “boom”, los bancos pueden tener una gestión de riesgos que se relaje, justamente cuando se tiene que ser más riguroso para evitar valorar mal garantías y flujos futuros de pago; es en tiempos malos, precisamente cuando se requiere que el crédito se dinamice y haya algo de apetito adicional por riesgo, que la gestión de riesgos se vuelve conservadora. La capacidad para ver “a través del ciclo”, en vez de limitarse al estado inmediato es clave en la gestión de riesgos que hacen los bancos. El autor M. Brunnermeier “argumenta que un propósito clave de la regulación macro es actuar como un contrapeso al declive natural en la medición de riesgos durante el boom y el subsecuente incremento en la medición de riesgos cuando se desinfla la economía (“bust”).” (p. 6)

La gestión de riesgos bancaria, individual y sistémica, en los ámbitos de crédito, mercado y operaciones, es fundamental a nivel micro y macroprudente. Es un estabilizador que ayuda a internalizar los riesgos sociales de la banca.

La gestión macroprudente en la práctica atiende dos esferas: la visión a través del tiempo – dimensión de serie temporal -, es decir, verificar que haya buena gestión de riesgos sistémica de manera dinámica y orientada al largo plazo, mientras que la otra esfera es “de sección cruzada”: interesa la estabilidad aquí y ahora. La primera visión lo que atiende, por ejemplo, es evitar que el sistema financiero sea procíclico con la economía y empeore una crisis. La perspectiva estática lo que quiere es localizar dónde hay riesgo de fuga en el momento actual.

Lo procíclico se reglamenta mediante mejores prácticas para valorar los colaterales (garantías que toman los bancos) y los mencionados índices loan-to-value (LTV).

En términos de capital, una medida que se ha considerado afortunada fue instaurara por España en el año 2000 y consistió en crear reservas de capital adicionales, la provisión genérica, cuando hay “tiempos buenos” y expansión crediticia, de forma tal que durante una recesión el banco tenga capital suficiente acumulado del pasado y pueda reactivar el crédito. Este concepto seguramente ayudó a que la crisis bancaria española no fuese aún peor, si bien está claro que la mala práctica en valoración de activos hipotecarios superó esta inteligente idea, que técnicamente se denomina “requerimientos de capital contracíclicos.”

Donde hay más énfasis en la regulación bancaria es en el nivel de capital adecuado para el negocio y para evitar el riesgo sistémico. Ese es el espíritu en todas las reglamentaciones internacionales “BIS”, desde la primera versión de 1988 hasta la actual versión tercera en implementación. La reglamentación macroprudente sigue teniendo este foco. Luego está la visión de “gaps”: uno clásico, señalado cuando hubo la crisis estadounidense en entidades de ahorro y préstamo, es el descalce entre la maduración de depósitos a corto plazo y los créditos a largo plazo, por ejemplo hipotecarios. Si algo quedó claro en la crisis reciente es la gestión del riesgo de liquidez: la incapacidad para poder convertir activos en efectivo y obtener fondos en dinero en el mercado interbancario pusieron en peligro a los bancos que invirtieron en productos relacionados con el mercado hipotecario – directamente a través de créditos o productos financieros que tenían como colateral préstamos hipotecarios (CDOs o CollateralizedDebtObligations).-

Volviendo a la medición de la inestabilidad financiera, difusa masineludible en la gestión macroprudente, hay cuatro formas para evaluarla: estudiando las hojas de balance bancarias; estableciendo sistemas de alarmas; mediante modelos econométricos con vectores autorregresivos (VARs) y una que se ha usado en Europa, popularizándose en España: los test de estrés macro.

Estudiar los balances bancarios tiene el problema de que la información contable llega con atraso y a lo sumo reportan una crisis que ya está en curso. Las metodologías de rating crediticio complementarias procurarían tener el componente de visión prospectiva (“forward-looking”)para ver tendencias. Los sistemas de alarmas se fundamentan en identificar variables en mercado crediticio y de activos financieros mediante la cual se pueda predecir un desajuste – el precio de vivienda tendrá que ser uno en lo sucesivo -. Los otros métodos suponen modelación econométrica menos accesibles para el gran público y necesariamente deben evitar concentrarse en datos históricos, porque se les puede cruzar un evento totalmente ausente en la experiencia previa (un “cisne negro”).

¿Quién hace la política macroprudente? A. Sibert propone un comité independiente compuesto por cinco personas: un macroeconomista, un microeconomista, un investigador contable, un ingeniero financiero y un participante en el mercado. Es una idea. Ya hay bastante debate sobre si el Banco Central debe hacer política monetaria y dejar a un ente aparte la supervisión bancaria. Un problema adicional es la coordinación con la política monetaria y fiscal.

Los autores del documento lo resumen así: “En contraste a la literatura sobre política monetaria, la investigación en política macroprudente está todavía en su infancia y está lejana a ofrecer una base analítica para estructuras de política.” (p. 13)

Una advertencia a tener en cuenta la hacen de pasada Reinhart y Roggoff en su artículo DEBT OVERHANGS que comenté en un artículo anterior: ¿puede llevar la regulación macroprudente a una nueva represión financiera? En la época 1933-1990 los sistemas financieros tuvieron tipos de interés controlados, limitaciones cambiarias y mecanismos de ·”persuasión moral”. El riesgo es que todas las buenas intenciones actuales deriven en un escenario parecido.

Y por último, los mercados financieros desarrollados deben aprender del conocimiento acumulado en mercados emergentes, incluyendo Latinoamérica. “McCauley (2009) argumentó que los bancos centrales de mercados emergentes han sido practicantes regulares de política macroprudente, sin llamarla por ese nombre.”
 
Madrid, Febrero de 2013
carlosurgente@yahoo.es
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