La senadora colombiana Piedad Córdoba acaba de “pasar” por Buenos Aires. Por aquello tan viejo de “dime con quién andas”, vale la pena reseñar sintéticamente sus actividades. Ocurre que la senadora, que suele vestirse rigurosamente con los colores de Hugo Chávez a la manera de mensaje abierto, se disfraza además de “mujer en permanente misión humanitaria”. Siempre con segundas intenciones.
En la capital argentina la senadora se reunió con el llamado “Colectivo Latinoamericano por la Paz de Colombia”, un nuevo sello de goma de la izquierda regional. La sede de las reuniones fue naturalmente el Partido Comunista de la Argentina, en la avenida Callao, en las cercanías del Congreso. Los otros asistentes fueron: la ex mano derecha del ahora en desgracia ex presidente bolivariano de Honduras, “Mel” Zelaya, la belicosa e izquierdosa Patricia Rodas que se desempeñara como su Canciller (hoy investigada por corrupción, por la venta de tierras al Estado, con una utilidad sideral para la ex-Canciller) y Margarita Zapata, de la fundación mexicana Emiliano Zapata. Concurrieron asimismo miembros del Parlamento Centroamericano y del Partido Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador, y algunos otros del mismo pelo.
En la reunión en Buenos Aires -cuenta el diario Página 12, el que más publicidad oficial recibe del gobierno de los Kirchner, en proporción a la tirada que tiene- se debatió como impulsar la presunta “disposición” de las FARC colombianas de abrir el diálogo político, eligiendo para ello unilateralmente el escenario de UNASUR, el cual creen les es favorable y donde suponen que la presencia de Néstor Kirchner en su Secretaría General puede llegar a serles particularmente conveniente. No sin alguna razón, presumiblemente.
Tan es así, que doña Piedad Córdoba anuncia que regresará a Buenos Aires en un mes, para dialogar entonces con Néstor Kirchner sobre esa iniciativa, pese a que el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ha dicho -con toda claridad- que mientras las FARC no depongan las armas, no habrá diálogo con ellas.
Sucede lo que doña Piedad olvida, esto es que durante décadas sus elementos han cometido ininterrumpidamente miles de delitos de lesa humanidad en el conflicto armado interno que asola a Colombia, en violación de la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, norma que convierte a los atentados contra los civiles inocentes en ese tipo de delito infamante, delitos que, por lo demás, son -por definición- imprescriptibles. No es poca cosa, ahora que los investiga el Fiscal del Tribunal Penal Internacional.
Con esos amigos y aventuras, doña Piedad se define siempre a sí misma. Más allá de la retórica. Y de las cortinas de humo generadas por una presunta militancia en la defensa de los derechos humanos, siguiendo el ejemplo de sus “compañeros de ruta” argentinos.
Emilio J. Cárdenas,fue Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.