El argumento que emplean las FARC es que es un diálogo de cara al país; si no lo obtienen, amenazan con seguir con su trayectoria de violencia, asesinatos y secuestros.
Timochenko habló de una suerte de credo ideológico que baraja su organización de casa esas hipotéticas negociaciones: “poner en cuestión las privatizaciones, la desregulación, la libertad absoluta de comercio e inversión, la depredación ambiental, la democracia de mercado, la doctrina militar" (El Universal).
En otra parte del comunicado, decía Timochenko, o más bien acusaba al gobierno de Santos, lo siguiente: "
El Gobierno ratificó la voluntad de incrementar la presencia militar en El Catatumbo por el ingreso de nuevas empresas. Es eso lo que llegan a hacer las tropas, Santos. A garantizar aún más prosperidad a los más prósperos. Y a hundir en inefable suerte a los más pobres” (
La Nación de Argentina). Más de las acusaciones de Timochenko: sostiene que el gobierno usa el monopolio del poder político, pero
“hoy podría decirse que la verdad no es única, ya que se halla en dependencia de quién y con qué difusión la afirme, reforzando el propio dicho a escala galáctica y minimizando y ridiculizando al opuesto” (ABC).
La banda terrorista no ha escatimado adjetivos a la hora de definir la negociación que persigue y habla de “negociación sin mentiras”. Como bien explica
El País, mientras Timochenko hace estas propuestas, en lo que va de año, las FARC han asesinado a 20 personas. La respuesta de Juan Manuel Santos ha sido contundente: “que se olviden” ya que
“no queremos más retórica, el país pide hechos claros de paz” (
El Espectador).