Un grupo de la red social de internet Facebook (1) que se acerca a las 2.500 personas se ha adherido a la demanda de golpear hasta matarla a la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Lo que quizás comenzó como una broma de sus promotores, se ha convertido en una expresión del odio de quienes repiten los argumentos usados por la izquierda contra Esperanza Aguirre.
Multiplicados además por los medios de comunicación afines al Gobierno central, como el aún poderoso grupo PRISA, propietario, entre otros, del diario El País, y Mediapro, editor del periódico Público.
Un ejemplo es ese “Disparo en la cabeza” que reclama uno de los comunicantes, Víctor Ortiz, un pacifista amante de los animales. Y si se observa la lista de adhesiones se descubre una mayoría femenina, lo que desmiente la teoría feminista sobre la menor agresividad de la mujer con respecto al hombre.
Los mensajes transmiten un rencor capaz de asesinar en circunstancias favorables, como las que se dieron durante la II República. Entonces, por razones ideológicas pero también por defender intereses enfrentados, los extremistas de izquierdas y derechas asesinaban gentes por las calles creando un malestar que provocó las condiciones que llevaron a la guerra civil.
Ahora el escenario es diferente, pero habiendo gentes tan manipulables como las descubiertas en Facebook no sería muy difícil repetir la experiencia, especialmente bajo un gobierno débil como el actual, que cuando necesita unos votos acude a los secesionistas catalanes de ERC, debilitando a cambio el poder del Estado.
Frente a esto hay una dirigente del partido mayoritario de la oposición que no apela a su condición de mujer ni se hace pasar por víctima del machismo, como hizo la vicepresidenta económica, Elena Salgado, tras fracasar en la presentación de los Presupuestos Generales del Estado. Aguirre defiende sus ideas frente a cualquier hombre o mujer, algo que le provoca problemas internos a su propio partido, el Popular, al que ve demasiado blando con sus adversarios socialistas.
La presidenta madrileña gestiona con notable eficacia su Comunidad de 6,3 millones de habitantes, de los que algo más de la mitad habita en la capital española. Y si la izquierda dice defender los mejores servicios públicos, su gobierno de inspiración liberal ha creado más empleo, construido más carreteras, líneas de metro, hospitales y facilitado más ayudas a los ciudadanos más necesitados que los socialistas en ningún otro lugar de España.
Este odio que podría llegar a matar en circunstancias favorables podría deberse, en parte, al machismo oculto en las izquierdas, y más entre las mujeres de esa ideología que ven triunfar a una liberal. Pero también a que la presidenta madrileña ha dejado sin discurso reivindicativo creíble a la izquierda, porque con liberalismo, y a pesar de los boicots del Gobierno central, no empeoran las condiciones sociales, sino que mejoran sensiblemente. Como cuando cayó el “telón de acero”, hace ahora veinte años, que le permitió al mundo occidental demostrar que era más justo y solidario que el socialista.