EL CONGRESO IMPLANTÓ la primera ley de salario mínimo en el año 1938. Capítulo de la Ley de Estándares Laborales Justos, afectaba a unos 6 millones de trabajadores y fijaba el mínimo salarial en los 25 centavos la hora.
También costó a mucha gente su puesto de trabajo. El Departamento de Trabajo informaba de que hasta 50.000 trabajadores, negros del Sur pobres en su mayoría, se habían quedado sin trabajo a las dos semanas de entrar en vigor el código. Durante los meses posteriores, la carnicería se generalizó. "Afroamericanos de la industria del tabaco particularmente afectados", escribía David Bernstein en su obra acerca de las regulaciones laborales y el trabajo de los negros en el año 2001. "En Wilson, N.C., por ejemplo, las máquinas reemplazaron a 2.000 cigarreros afroamericanos negros en 1939".
El perjuicio económico causado por la ley de salario mínimo no ha impedido a Washington cometer la misma locura una y otra vez. En los 74 años transcurridos desde que se fijara en 25 centavos el mínimo salarial por hora al que se puede contratar legalmente a los estadounidenses -- el equivalente en poder adquisitivo a unos cuatro dólares de hoy -- el Congreso ha elevado el importe 22 veces. El salario mínimo federal se encuentra en la actualidad en los 7,25 dólares la hora, y hay en marcha una iniciativa para volverlo subir una vez más.
En el Capitolio, el senador de Iowa Tom Harkin ha presentado una legislación que eleva el salario mínimo en tres fases hasta los 9,80 dólares la hora, una subida del 35 por ciento. Una propuesta más radical del congresista de Illinois Jesse Jackson Jr. eleva el mínimo salarial con efecto inmediato hasta los 10 dólares la hora.
A nivel estatal y local, los legisladores también vienen defendiendo subidas del salario mínimo. El mínimo salarial en Massachusetts, por ejemplo, saltaría a los 10 dólares la hora con un proyecto de ley auspiciado por el senador Marc Pacheco y aprobado de manera unánime por un comité legislativo en marzo. En el municipio de Nueva York, una legislación "de mínimo salarial" que superó el veto del edil Michael Bloomberg obligará a las empresas que reciben subvenciones públicas a pagar a su plantilla un mínimo de 11,50 dólares la hora, con 10 dólares más en forma de incentivos. (Bloomberg tiene planes de llevar el código a los tribunales).
Pero no importa lo mucho que políticos y activistas puedan defender las leyes de salario mínimo, el mínimo real en este país no ha cambiado nunca. Es de $0,00. Según la Oficina de Estadística, es el salario mínimo que ahora mismo están ganando 12,7 millones de estadounidenses -- el 8,2 por ciento de la población activa que en la actualidad está en el paro.
El problema del paro no se distribuye de forma uniforme entre toda la población. Es mucho más grave entre los que tienen menos experiencia y conocimientos. A fecha del mes pasado, la tasa de paro de los americanos negros había escalado al 14,4 por ciento; entre los adolescentes, alcanzaba casi el 24 por ciento. Y la tasa de paro entre los adolescentes negros -- el subconjunto de la población activa con menos experiencia y menos conocimientos -- es del 44 por ciento.
De forma característica se piensa en las leyes de salario mínimo como una imposición a los empresarios. En realidad limitan a los trabajadores. En su forma actual, la ley salarial federal dice a los trabajadores que a menos que puedan encontrar una empresa dispuesta a pagarles un mínimo de 7,25 dólares la hora, no van a tener trabajo. A Harkin, uno de los congresistas más ricos, puede no parecerle mucho, pero bien puede ser el Muro de Berlín para un adolescente sin conocimientos o un adulto sin graduado o con una experiencia que sólo vale, pongamos, 5,50 dólares la hora. No importa lo mucho que esa persona se esfuerce por trabajar lo que vale, la ley de salario mínimo lo prohíbe. Si el proyecto de ley de Harkin es aprobado, la vida será todavía más dura para los que buscan su primer empleo.
Con la mejor de las intenciones del mundo, los legisladores no pueden elevar el valor del trabajo de alguien hasta los 9,80 dólares la hora (ó 7,25 dólares la hora, o al menos 25 centavos la hora) aprobando una ley simplemente. Encarecer la contratación de los que buscan su primer empleo no impulsa las esperanzas laborales de los novatos, las agrava. Décadas de investigaciones económicas y estudios empíricos confirman lo que el sentido común dice a todo el mundo: elevar el salario mínimo más allá del valor del trabajo de los trabajadores de baja cualificación expulsa del mercado laboral a un mayor número de trabajadores de mínima cualificación. Es la razón de que las subidas de salario mínimo resulten a nivel histórico tan devastadoras para los que ocupan los últimos escalafones sociales.
Las leyes de salario mínimo no salen gratis. Cuando los legisladores elevan el precio de la mano de obra de baja cualificación, normalmente los trabajadores de baja cualificación son los que acaban pagando el pato. Como descubrieron 50.000 trabajadores en el año 1938, subir por las buenas el salario mínimo convierte a los menos contratables en imposibles de contratar. Sobrevivir con 7,25 dólares la hora puede no ser fácil. Pero la vida se vuelve muchísimo más dura cuando tu salario es de nada a la hora.