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CARLOS GOEDDER

Ladrillo a la nichecracia venezolana
Niche en Venezuela vale por alguien de baja condición, chabacano, de mal gusto, vulgar en suma. El mérito del gobierno chavista desde 1998 es haber entronizado la nichecracia. Para entender esta afirmación, revisemos un poco la democracia venezolana y sus valores.
Actualizado 19 marzo 2013  
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Carlos Goedder   
                            
Venezuela tiene varios rasgos que definen su vida democrática. En este país la democracia es entendida como voto “universal, directo y secreto”, perdiendo algunas sutilezas que tiene el sistema democrático. La democracia en Venezuela data de 1945, con un golpe de Estado para derrocar a los militares andinos en el poder. Tras una interrupción dictatorial entre 1948 y 1958, la democracia se instaló con un pacto entre políticos, el “Pacto de Punto Fijo”. Ese acuerdo vigente entre 1958 y 1992 tuvo estos rasgos:
-          El concepto de “pueblo”. En la retórica política venezolana nunca se apela al individuo, sino al colectivo.
-          El partido político representa al pueblo. Su sintonía e identificación con el pueblo, mediante los sufragios, le legitima para cualquier decisión.
-          La renta petrolera es del Estado, es decir, del pueblo. Los partidos tienen la responsabilidad de repartirla. El gran problema de la democracia venezolana es cómo repartir la renta que recibe el Estado por regalías e impuestos sobre la industria petrolera. El petróleo representa 95% de las exportaciones.
-          Escaso nacionalismo: el país depende críticamente de las importaciones petroleras de EEUU y el sueño es pisar Miami o mejor, retirarse allí a vivir. La transculturación es recurrente. Lo folclórico es niche, fundamentalmente.
-          Superhombre militar: la vida histórica gira en torno al titánico Simón Bolívar. Es el centro de la historia venezolana. Se elogia su legado de libertad e independencia. Inconscientemente se apela a la etapa terminal de su legado entre 1825 y 1830: dictadura y militarismo. Su ética de sacrificio personal y servicio público se considera inalcanzable.
-          Corrupción: “No me den, pónganme donde haya”. Robar es legítimo. La ética extractiva legada por las instituciones coloniales españolas sigue vigente: trabajo, esfuerzo, estudio, ciencia, estas cosas desagradan; no obstante se guarda respeto por quien las hace, si bien se les ve algo “excéntricos”.
-          Hay que estudiar. El título universitario es el delirio civil venezolano, para dar ascenso a cargos políticos y canonjías. Se desprecia la formación en escuelas técnicas y oficios como electricista, plomero/fontanero, carpintero, mecánico o agricultor. La educación gratuita es un derecho.
-          Exhibicionismo: la mejor forma de sentirse bien es que el resto esté mal. La necesidad de mostrar ropas, modas, vehículos y recuerdos de viajes es fundamental para sentirse “dentro” de la “buena sociedad”. Abundan las páginas sociales en los periódicos, mostrando fotos de fiestas y cócteles. Esto distancia del “niche”. Axel Capriles señala: “el venezolano no busca poseer para acaparar individualmente, sino para vivir de manera extrovertida en el presente, para compartir y gastar.” (c.f. El Complejo del Dinero, Ediciones Bxel, 1996). El autor habla de la “psicoeconomía del venezolano” en tal sentido.
Y por sobre todo esto, el igualitarismo: en Venezuela se tutea, se evitan formalidades de distancia entre diferentes estratos sociales. En la práctica, la desigualdad anda rampante. Siguiendo nuevamente a Axel Capriles, sobre el caso venezolano: “…El lenguaje ordinario, el comportamiento y las fórmulas de trato entre las personas buscan saltar las distancias de las posiciones porque ellas se interpretan como sometimiento e injusticia. Como angustiante paradoja, y a pesar de nuestra supuesta pulsión de horizontalidad y acercamiento igualitario, en Venezuela nunca ha existido una verdadera justicia. El discurso igualitario es más una forma retórica que un hecho real.” (Capriles, op. cit., p. 150). A diferencia de otras sociedades sudamericanas, especialmente la vecina colombiana, se evita hacer flagrante la desigualdad y se vive en un supuesto igualitarismo, especialmente reflejado al votar, pues todo ciudadano vale un voto.
Es importante evitar un error metodológico que señalaba en sus clases de economía el profesor M.J. Cartea. No existe “el venezolano”. Como liberal, apelo al individuo. Lo que señalo son tendencias y cultura compartidas. Innumerables venezolanos escaparon a esta tendencia.
¿El resultado? Especialmente a partir de la nacionalización de la industria petrolera en 1976, Venezuela inició un distanciamiento importante entre clases sociales y una pobreza que alcanzaba niveles de 40% en los años 1990. La volatilidad en el precio petrolero incidía directamente en la política social. La inflación y salida de capitales hacia el extranjero convivían indefectiblemente. Una significativa proporción de población se alimentaba con comida para mascotas, por demás eximida de Impuesto al Valor Agregado (IVA) cuando se introdujo este impuesto en los años noventa.
Si algo caracteriza la historia venezolana es un afán igualitario, si bien de índole extractivo. Ganar el poder político y las rentas públicas es la única forma de ascender en riqueza y someter al que antes te humillaba exhibiendo su riqueza. En el Siglo XIX las dos grandes conmociones igualitarias, durante la Guerra de Independencia en 1813-14 y con la Guerra Federal entre 1859 y 1864 tenían por banderas: “muerte a los propietarios”, “muerte a quien sepa leer y escribir” o “muerte a los blancos”. Un retrato de estas pandemias revolucionarias se recoge en las obras del psiquiatra y novelista histórico Francisco Herrera Luque (1927-1991). Si alguien quiere entender a Chávez, tiene que leer BOVES EL UROGALLO o LOS CUATRO REYES DE LA BARAJA, los mejores libros de este autor.
Aterricemos en Chávez. Su golpe de Estado en 1992 fue una reacción a un ajuste emprendido por un demagogo “reformado”, Carlos Andrés Pérez, quien intentó quitar la economía de controles sobre precios y divisas que reinaba en Venezuela durante la democracia. El “neoliberalismo” de CAP fue rechazado inmediatamente, teniendo una corta vida entre 1989 y 1993. CAP fue enjuiciado por corrupción (de hecho, se considera que robó en gran escala durante su primer gobierno y ya se había salvado de un juicio anterior en el Parlamento por corrupción, el caso “Sierra Nevada”). Lo que siguió fue un nuevo afán estatalista con Rafael Caldera, quizás el personaje más nefasto de la democracia venezolana por su fatal Ley del Trabajo de 1936 y haber abolido las escuelas técnicas en un primer gobierno. Entre sus proezas estuvo indultar al golpista Chávez y restablecer sus derechos políticos.
El historial de Chávez lo sabe cualquiera bien informado. Lo que destaco es que entre diciembre de 1998 y su muerte en marzo de 2013 mantuvo más o menos los rasgos sistémicos que ya enumeré. ¿Qué es lo novedoso con Chávez? Esencialmente una retórica de desprecio a la simpatía con EEUU, sustituyendo la transculturización por un nuevo destino: Cuba. Al menos políticamente, porque los venezolanos que hicieron dinero con Chávez siguen visitando Miami y ahora Madrid, por facilidad migratoria e idioma. Chávez y su grupo entronizaron lo niche: el barrio pobre, el lenguaje chabacano y la ordinariez ganaron carta de ciudadanía. Y bajo su gobierno ha reinado la violencia urbana y el despojo al propietario. Caracas es la ciudad con la segunda tasa de homicidios mundial. En Kabul un caraqueño probablemente esté más seguro.
La descapitalización técnica ha sido notable. Los que tenían algo de conocimiento técnico y prominencia fueron considerados como oligarcas, como vinculados a una plutocracia decadente. La oclocracia se hizo norma. La única solución para quien tuviese antipatía al comunismo cubano o el partido de Chávez era emigrar. Un puñado de ciudadanos, bien por imposibilidad, sincero patriotismo o resignación se quedaron en un país donde aún circula abundante liquidez, por una renta petrolera en máximos históricos. Debe recordarse que Chávez había llegado al poder con un petróleo venezolano en doce dólares por barril.
¿Qué viene al morir Chávez?
El problema es que hasta ahora parece ausente un “Ladrillo”. En su reciente libro HEAVENS ON EARTH. HOW TO CREATE MASS PROSPERITY (Cielos en la Tierra. Cómo crear prosperidad masiva, Biteblack Publishing, 2013), J.P. Floru describe el caso chileno. Había un grupo de economistas liberales, formados en Chigago, trabajando bajo los gobiernos de Frei y Allende para ofrecer una alternativa al estatalismo. El primer día que los militares del siniestro Pinochet llegaron a sus despachos tras un golpe militar, tenían sobre la mesa “El Ladrillo”, el documento de políticas públicas preparado por estos académicos. ¿Hay algo así en Venezuela? Hasta el momento está sin emerger. El candidato opositor al chavismo, Henrique Capriles R. sólo parece tener el objetivo de quitar del poder a los nichócratas. Más allá de eso, se desconoce cualquier otro objetivo por desmantelar el capitalismo rentista venezolano. Este capitalismo rentista es un término acuñado por el académico Asdrúbal Baptista. La renta que sostiene la democracia venezolana es la petrolera.
La variable clave es entonces el precio petrolero. Mientras el petróleo siga rozando USD 100 por barril, será posible mantener el asistencialismo que ha llevado la tasa pobreza en Venezuela al 27,4% (Floru, p. 202). Chile, un modesto exportador de Cobre, la tiene 12%
Luego, dar continuidad a Chávez es viable por encima de 80 USD por barril. Las tensiones fiscales ya son obvias en una economía con déficit de 18% El sector privado está estrangulado. Sólo si el petróleo pierde valor habrá problemas. Y lo cierto es que la producción de crudo ha sido casi la mitad bajo el chavismo, tras sacar a los técnicos de la petrolera estatal y llenarla de acólitos, Hoy Venezuela incluso importa gasolina.
¿Mi recomendación política? Votar por Maduro. Lejos de creer en él, tengo algo claro. Si hay que poner orden en las cuentas fiscales venezolanas y girar la política hacia otro discurso ajeno a la nichecracia, sólo los chavistas podrán hacerlo. El opositor Capriles R. corre un riesgo de recibir una Venezuela ingobernable. Si intenta cualquier reforma, tiene múltiples enemigos. La oposición al chavismo ha sido torpe y miope. Muchas veces ha sido incluso sobornada por Chávez – su opositor hace años, Francisco Arias Cárdenas, fue hasta hace poco un diplomático que se asimiló al chavismo-. Sólo desde el chavismo se tendrá algo de estabilidad institucional para una transición. La clave es que técnicos y ciudadanos ajenos a la política tengan su “Ladrillo” preparado para el primer día que se sienten en sus poltronas los acólitos del chavismo que sucederán a su mártir, que en paz descanse.
                                                       Madrid, Marzo de 2013
 Carlos Goedder
carlosurgente@yahoo.es
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