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Sábado, 25 de octubre de 2014 |
  Año 11 / Número 3.919                Editor: Pablo Izquierdo Juárez
  
La población de Japón, China y los "tigres asiáticos" superará en edad a la de Europa
Cuando se habla de envejecimiento de la población, es normal pensar en Europa. Hay que empezar a mirar a otro lado. El Extremo Oriente es la parte del mundo que más deprisa envejece. Lo que supone el fin del modelo que le dio su vigoroso desarrollo, basado en una economía orientada a la exportación, alimentada por abundante mano de obra barata y gravada con pocos costes sociales.
Actualizado 10 enero 2013  
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Rafael Serrano   

Estos países se enfrentan de súbito a problemas como los de Occidente pero sin que sus sistemas de protección social (salvo en Japón) hayan alcanzado la madurez.

El gráfico muestra el envejecimiento previsible de 2000 a 2040 de Japón, China y los “tigres asiáticos”, expresado en porcentaje de población mayor de 65 años. Se añaden tres términos de comparación que no pertenecen al Extremo Oriente. Por un lado, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) representan el Occidente rico, que –junto con Japón– ya experimentan lo que a los orientales se avecina. Por otro lado, se ha escogido también la India, el segundo país con más habitantes del mundo y ejemplo de pujanza demográfíca en Asia meridional. En efecto, esta otra región tiene una población comparable, pero joven; tampoco los otros países que la forman (Indonesia, Filipinas, Malasia...) llegarán al 15% de mayores de 65 en 2040.

Tigres envejecidos

La línea que destaca por arriba es la de Japón, el país
que ha experimentado el envejecimiento mayor y más rápido del mundo. Su tasa de fecundidad es inferior al umbral de reemplazo (2,1 hijos por mujer) desde 1974, y su esperanza de vida es también el número uno del planeta.

Los “tigres asiáticos” no alcanzarán a Japón dentro del futuro previsible, pero pronto empezarán a acortar la distancia, y en 2040 se espera que confluyan en torno al 30% de mayores de 65. También la curva china se empinará mucho, pero sin llegar tan alto. Esta aceleración es característica de los cinco países: hoy son más jóvenes que la Unión Europea y Estados Unidos, y en la próxima década los superarán en vejez (solo China quedará entre los dos).

Esa aceleración se debe, como antes la de Japón, a los dos componentes del envejecimiento: el aumento de la longevidad y el descenso de la natalidad. La UE pasa a menudo por ser el paradigma de la baja fecundidad; pero en el Extremo Oriente, solo China presenta hoy una tasa superior a la europea (ver tabla). Hong Kong tiene, después de Macao, la fecundidad más baja del mundo, según la División de Población de la ONU. Taiwán, Singapur y Corea del Sur ocupan puestos cercanos.

Más personas que alcanzan con creces la edad de retiro y menos nacimientos para relevarlos aboca a estos países a una tasa de dependencia de mayores más alta que la de Europa (ver tabla). En 2040, la UE solo tendrá dos activos por jubilado; pero los países de Extremo Oriente, menos China, tendrán menos aún: entre 1,5 Japón y en torno a 1,8 los demás.

Cambio de mentalidad

Así pues, los “tigres” y China se suman a la tendencia demográfica japonesa, en buena parte por los mismos factores, surgidos más tarde. Algunos se han visto también en Occidente, aunque con una evolución menos brusca: aumento de la esperanza de vida, retraso del matrimonio, incorporación masiva de mujeres al mercado de trabajo. Pero todo eso ha sido reforzado por circunstancias peculiares del Extremo Oriente, que han contribuido más a deprimir la natalidad.

Por ejemplo, la expansión del empleo femenino se ha dado con ausencia de políticas para compaginar trabajo y familia. Las viviendas son pequeñas. Hay una extraordinaria preocupación por el éxito de los hijos, y las escasas subvenciones públicas, más el elevado coste de las buenas escuelas, mueven a concentrar los esfuerzos en uno solo. También ha influido el temor a la superpoblación, en parte inspirado por los gobiernos (sobre todo en China).

En suma, la caída de la fecundidad va unida a un cambio de mentalidad, como muestra con respecto a China un reportaje de la televisión qatarí Al Yazira en su web en inglés (15-11-2012). Dice una joven de Pekín, de 21 años, sin hermanos, que su madre no habría tenido más hijos aunque el gobierno se lo hubiese permitido: “Decía: Criarte me ha costado ya la mayor parte de mi tiempo y mis fuerzas. Pero yo tengo mis propias cosas que hacer. Tengo aficiones y amigos. Necesito tiempo y espacio personal para realizar mis aspiraciones”.

Poca cobertura social

En Japón, país rico, el envejecimiento ha traído un fuerte aumento de los gastos sociales. En 1980 eran el 10,2% del PIB, cinco puntos menos que la media de la OCDE; en 2009 (dato más reciente) la habían superado ligeramente, tras subir a más del doble: 22,1%. Casi dos tercios del aumento corresponden a los mayores, caso único en la OCDE; en ellos se emplea ya cerca de la mitad del total.

Pero los otros países de la región tienen sistemas de protección social mucho menos desarrollados. En Corea del Sur, los mayores de 65 años son el 11% de la población y se les dedica el 2,1% del PIB. Los otros “tigres” y China están en situación similar.

Hasta ahora la modesta cobertura social ha sido suplida por la familia, pero ya no se puede contar tanto con ella, y las necesidades van a multiplicarse. En China, los jóvenes se enfrentarán al fenómeno conocido como 4-2-1: muchos hijos únicos de hijos únicos tendrán que ocuparse durante varios años de dos padres y cuatro abuelos por cabeza. Con pensiones modestas, según es común en estos países, una vida larga y pocos parientes, los mayores no tienen asegurado un sostenimiento digno por parte del sistema público, sobre todo si pierden autonomía.

La falta de cobertura se compensa con el ahorro privado, que en estos países es alto, más del 20% de la renta familiar disponible. Pero está abocado a bajar por el mismo envejecimiento demográfico, como ya ocurrió en Japón. También lo hará disminuir el desarrollo de los sistemas de pensiones y de atención a los ancianos. Aunque cada activo siguiera apartando dinero para su propio retiro, la reducción del ahorro total supondrá un cambio de las finanzas que afectará a todos.

China es el caso más notable. Los bancos chinos tienen los depósitos de un enorme número de austeros ahorradores a los que pagan un interés muy bajo (también por eso los particulares ahorran tanto), y prestan a las empresas en muy buenas condiciones. La sensacional expansión de infraestructuras emprendida por China en los últimos veinte años se ha financiado así. Cuando millones de jubilados no puedan seguir ahorrando y los activos sean muchos menos, China tendrá que haber aumentado su productividad y basar su crecimiento más en el consumo y menos en la exportación.

Necesitarán inmigrantes

El envejecimiento demográfico sería menos problemático si solo viniera del aumento de la longevidad, como ocurre en los países en desarrollo cuando comienzan a notarse los progresos sanitarios. Pero si se debe también a la menor natalidad, la población activa disminuye en términos absolutos. En Japón el descenso dura ya más de un decenio. Según la División de Población de la ONU, para que no aumentara la tasa de dependencia, Japón tendría que subir gradualmente la edad de jubilación hasta los 77 años y admitir a un millón de inmigrantes al año. En China, la disminución de la población activa comenzará a mediados de esta década y se hará muy rápida a partir de la siguiente. Si hay que aplazar el retiro, tiene bastante margen: ahora es a los 60 para los hombres y a los 55 para las mujeres.

Japón ya aprobó hace unos meses subir de 60 a 65 la edad a la que las empresas pueden jubilar a un empleado; pero la edad de retiro efectiva ya es superior: 69 años para los hombres y casi 67 para las mujeres. También en Corea del Sur la jubilación real es posterior a la oficial: a los 71 y medio y a los 70 para las mujeres, en vez de a los 60. En Taiwán la edad de jubilación depende del seguro social que uno haya suscrito; para el que cubre a la mayor parte de los trabajadores, ahora está en 60 años, pero se va a subir gradualmente de 61 a 67 a partir de 2018. Sin embargo, la situación es la contraria a la de Japón y Corea: la edad de jubilación real es inferior a la oficial: 56 años y medio.

La otra manera de contener la tasa de dependencia es admitir trabajadores extranjeros. Pero los países de Asia oriental, a excepción de las dos ciudades-estado (Singapur y Hong Kong), son refractarios a la inmigración. De los otros cuatro, Taiwán es el número uno con solo un 2,8%. Japón tiene el 1,7%; Corea, el 1,1%, y China, un insignificante 0,1%. En principio, todos tienen condiciones para atraer un gran flujo de inmigrantes del sureste y sur de Asia en las próximas décadas, y probablemente los necesitarán. La gestión del envejecimiento depende en buena parte de su disposición a abrir las fronteras.

En este panorama del Extremo Oriente que envejece a gran velocidad, China es un caso excepcional. Su enorme población (1.340 millones) agiganta las consecuencias del envejecimiento demográfico. Además, el caso chino presenta un factor único: la política del hijo único, vigente desde hace 33 años. Ahora, por primera vez (ver artículo relacionado), el régimen se plantea suprimirla; pero aunque lo hiciera ya, este duro control de la natalidad ha producido efectos irreversibles que durarán aún varios decenios. 


Fuentes estadísticas

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