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La búsqueda de la excelencia en el periodismo
Desde hace años los periodistas están preocupados ante la evolución de la profesión y no solo por la desaparición de puestos de trabajo. No es la primera vez que el periodismo vive un momento de transición importante por cambios sociales, económicos y tecnológicos. Pero el peligro actual es que el periodismo quede absorbido dentro de conglomerados donde las noticias están al servicio de otros objetivos (entretenimiento, comercio electrónico, influencia política...).
Actualizado 13 septiembre 2012  
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Ignacio Aréchaga   

Cada vez hay más empresas no periodísticas que publican noticias, lo cual implica el riesgo de que la información independiente se vea sustituida por pseudonoticias interesadas. A esto se une el cambio que ha supuesto Internet en el modo de producir y transmitir noticias, lo que ha trastocado los soportes periodísticos y sus tradicionales fuentes de financiación. Zarandeados por estos cambios, los hombres de prensa pueden estar más pendientes de la cuenta de resultados que de la calidad del trabajo, y más atentos al mercado que a la responsabilidad cívica de la prensa.

Periodistas preocupados

Esta preocupación llevó a que en 1997 un grupo de destacados periodistas e investigadores de Estados Unidos pusiera en marcha un proceso de autoanálisis sobre los elementos que configuran la labor periodística, mediante foros públicos, encuestas dirigidas a los informadores, entrevistas en profundidad con más de cien periodistas, etc. Este libro (1) –publicado originalmente en 2003– es fruto de esas investigaciones.

A partir de ellas, los dos autores sintetizan nueve elementos necesarios para que el periodismo cumpla su misión. Son principios cuyo respeto los ciudadanos tienen derecho a esperar. Cada capítulo del libro desgrana uno de esos principios, desde “la primera obligación del periodismo es la verdad” a “debe mantener su independencia con respecto a aquellos de quienes informa”.

Pero no es este un libro que planee sobre principios abstractos. En cada uno de esos elementos los autores señalan problemas prácticos que hoy se plantean para vivir ese principio, recuerdan conflictos concretos, citan palabras de los periodistas entrevistados y aportan datos significativos.

A lo largo del libro van apareciendo problemas que hoy aquejan a la prensa, pero acompañados también de respuestas que han demostrado su eficacia. No son fórmulas empresariales para mejorar la rentabilidad, sino más bien elementos esenciales para buscar la excelencia en el trabajo periodístico.

Ante al escepticismo que hoy predomina sobre la posibilidad de alcanzar la verdad en la información, los autores mantienen que no se puede renunciar a “conseguir la mejor versión posible de la verdad” (Carl Bernstein). Ni la mera imparcialidad del periodista ni la equidad en la exposición de los puntos de vista enfrentados sustituyen a la búsqueda de la verdad.

Verificar antes que interpretar

De ahí que los autores defiendan el viejo periodismo de verificación de los hechos contra un nuevo periodismo de interpretación opinativa que se está imponiendo. Hoy día, en cuanto un medio lanza una noticia, los demás pasan más tiempo tratando de añadir algo a la historia –por lo general en el terreno de la opinión– que intentando verificar independientemente los hechos.

Quizá el mayor problema práctico actual sea contrastar la información cuando, por problemas económicos, se trabaja con redacciones más reducidas, que deben publicar en distintas plataformas y van escasas de tiempo.

Frente a esta tendencia, los autores ofrecen unos principios y unas técnicas de verificación de la información, extraídas de los métodos de trabajo de los propios periodistas. Ciertamente nada sustituye a la honradez, pues, como advierten los autores, “los periodistas que seleccionan fuentes para que expresen lo que en realidad no es más que su propio punto de vista y a continuación utilizan esa voz neutral para darle visos de objetividad, están inmersos en una forma de engaño”.

Esto no significa que el periodista tenga que ser siempre un informador de hielo, que se limita a registrar hechos. Puede hacer un “periodismo con un punto de vista”, siempre y cuando respete la veracidad y deje clara la implicación que se mantiene con una causa.

La cultura de la polémica

La independencia y el servicio del periodista al ciudadano está también amenazada cuando hoy se difumina el tradicional cortafuegos entre la redacción y la administración y los intereses publicitarios, de modo que el público no puede distinguir entre información y publicidad.

Igualmente el compromiso con el lector se desdibuja cuando el desempeño de un periodista se valora no por la calidad de su trabajo sino por la rentabilidad que produce para la empresa, o se mantiene una estrategia empresarial destinada a aumentar los beneficios dirigiéndose a las franjas de población más consumistas.

También se da gato por liebre cuando la idea del periodismo como foro público se confunde con la “cultura de la polémica”, hoy tan vigente en programas de tertulias y foros de Internet. Kovach y Rosenstiel advierten que esto no es así porque el público lo prefiera, sino porque el coste de producción de un programa de este tipo es mucho menor que el de elaborar reportajes informativos. Esta deriva también lleva a devaluar el perfil del “experto”, escogiendo a gente menos experimentada pero con más ímpetu juvenil y agresivo; se restringe además el ámbito de la información, haciendo énfasis en unas pocas noticias espectaculares e insistiendo en la polémica polarizada y simplificadora.

Información como entretenimiento

La prensa siempre tendrá el reto de lograr que lo relevante sea también atractivo. Pero algunos medios han optado por el camino más fácil del infotainment, ofreciendo entretenimiento en forma de noticias. Según uno de los estudios mencionados en el libro, en 1977 el 31% de las portadas de Time y Newsweek estaban dedicadas a alguna figura internacional o de la política y solo en el 15% aparecía alguna personalidad del mundo del espectáculo. En 1997, la proporción se había invertido. Y eso que no habían surgido todavía Lady Gaga ni ParisHilton.

Pero, aunque esto produzca picos de audiencia en la televisión, a la larga fracasa, porque destruye la autoridad del medio informativo que se decanta por este método, le obliga a competir en un terreno que otros dominan y, si acostumbra a los telespectadores a las banalidades, agosta el apetito de muchos de ellos por cualquier otro tipo de programación. De hecho, los autores señalan que la audiencia de los telediarios de la noche, que en 1980 eran seguidos por el 75% de los hogares estadounidenses, había bajado al 47% en 1998.

En las cadenas de televisión, enfrentadas a la pérdida de audiencia por las nuevas tecnologías y la mayor competencia, algunas han optado por el camino del infotainment. Mientras los informativos dejaban de cubrir noticias importantes del ámbito nacional e internacional, los departamentos de entretenimiento se decantaban cada vez más por programas “basados en la realidad”, tipo reality. Como declaraba Robert Krulwich, de ABC News, “hemos llegado a un punto en el que los departamentos de entretenimiento se ocupan de las noticias y los departamentos de informativos se ocupan de entretener”.

¿Cómo satisfacer al público?

Para prestar un buen servicio, la prensa debe preguntarse qué información satisfará hoy las necesidades del público. Pero si se le pregunta directamente a la gente, se limita a reaccionar ante las opciones que se le ofrecen, pero no podrá decir lo que espera, porque tampoco lo sabe. Por eso la mercadotecnia más útil será la que logre conocer cosas de la vida de la gente, no de las noticias que esperan. ¿Qué hace en su tiempo libre? ¿Cuánto tarda en llegar al trabajo? ¿Qué le preocupa? Un conjunto de informaciones que permitan a los periodistas diseñar un paquete de noticias que responda a las necesidades de su comunidad.

Los nueve elementos que Kovach y Rosenstiel bosquejan en su libro son el armazón de “un periodismo creador de significado que se basa en la síntesis, la verificación y una feroz independencia”, como única protección frente a “la amenaza de que la prensa sea engullida por el mundo del discurso comercial”.

 

En un momento de transición dolorosa para la prensa, en medio de dudas y dificultades, esta síntesis de los elementos indispensables en el trabajo periodístico es una buena ayuda para que los cambios en el modo de proporcionar las noticias no nos hagan olvidar la esencia del periodismo. De lo contrario podría ocurrir que la inflación informativa solo sirviera para devaluar las noticias.


(1)

Los elementos del periodismo (The Elements of Journalism)
Autor: Bill Kovach y Tom Rosenstiel
Aguilar.
Madrid (2012).
284 págs.
17 €.
Traducción: Amado Diéguez Rodríguez.



 

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