El Gobierno de Grecia, cuya calificación de deuda fue reducida el martes, aseguró hoy que hará todo lo posible para que la situación financiera "no quede fuera de control" al tiempo que prometió recurrir a sus propias fuerzas para no depender de la ayuda de sus socios en la zona euro.
Entre las medidas destinadas a salvar la economía griega, el Gobierno ha anunciado la reducción en un 10% del gasto público, congelar las nuevas contrataciones de funcionarios en el 2010 e incluso reducir los contratos en el 2011, así como inyectar unos 600 millones de euros para frenar el creciente desempleo. También ha prometido implementar políticas de impuestos más severas para aumentar los ingresos al Estado y un sistema fiscal de mayor justicia social que el actual.
Por su parte, el sindicato mayoritario de trabajadores del sector privado, GSEE, se ha comprometido a mantener «la paz social» hasta el próximo enero, cuando el Gobierno presente ante el Parlamento el Programa de Estabilidad y Desarrollo, que a continuación deberá ser aprobado por Bruselas.
El peor dato en una década
Con estos anuncios, Grecia ha reaccionado a la impactante reducción de la credibilidad crediticia anunciada el martes por la agencia Fitch, que rebajó el rating de la deuda soberana de Grecia de A- a BBB+, así como la calificación de los principales bancos helenos, lo que ha causado un shock en los mercados financieros. Es la primera vez en una década que la economía helena queda calificada por debajo de A, y revela a Grecia como el más débil de los 16 socios de la zona euro.