Desajuste económico y financiero, que está arrasando a todo el planeta a una zona de turbulencias de consecuencias imprevistas y que es en sí mismo el síntoma de una perturbación de nuestro sistema de valores. Desajuste climático, resultado de un largo cúmulo de irresponsabilidades… En El desajuste del mundo, se intenta entender y explicar cómo ha llegado a tal situación y cómo se podría salir de ella.
Para el autor, el libanés Amin Maalouf, premio Maison de la Presse, esta situación tiene menos que ver con que el “choque de civilizaciones” que con el agotamiento simultáneo de nuestros modelos sociales. Sobre todo, los de dos ámbitos culturales con los que se identifica: el occidental y el mundo árabe. El primero, por ser poco fiel a sus propios valores; el segundo, por hallarse encerrado en un impasse histórico.
“Mi preocupación es la de un adepto a la ilustración que ve cómo las luces oscilan, se debilitan y, en algunos países, están a punto de apagarse; es la de un apasionado de la libertad, que la creyó en trance de extenderse por el conjunto del planeta y ve ahora cómo se perfila un mundo en el que no va a tener ya cabida; es al de un partidario de la diversidad armoniosa a quien no le queda más remedio que presenciar, impotente, cómo crecen el fanatismo, la violencia, la exclusión y la desesperación…”
Para el lector supondrá un diagnóstico inquietante el de Maalouf, pero que desemboca en tres notas de esperanza, teniendo en cuenta que el periodo agitado en el que entramos podría llevarnos a elaborar una visión por fin adulta de nuestras identidades, de nuestras creencias, de nuestras diferencias y del mundo que compartimos: la aceleración del progreso científico.
El hecho de que los países más poblados del planeta estén saliendo resueltamente del subdesarrollo; y la experiencia de la Europa contemporánea, vista como la organización positiva de la vida en común por parte de un grupo de naciones.