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CARLOS GOEDDER

El Padrino, cuarenta años
La saga cinematográfica de los Corleone se inició en 1972. ¿Qué podemos decir sobre El Padrino?
Actualizado 1 octubre 2012  
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Carlos Goedder   
La obra de Mario Puzo, EL PADRINO, la llevó al cine Francis Ford Coppola en 1972. Esta primera parte inició una trilogía de la cual quizás sea mejor hacer de cuenta que la tercera entrega no existió, aunque tenga sus adeptos. Ahora bien, El Padrino I y II son películas memorables. La revista española CINEMANÍA eligió la primera entrega como la mejor película de todos los tiempos.

El drama del Padrino tiene varias lecturas. Como toda buena obra, la película, en sus dos primeras entregas es polisémica. La interpretación más inmediata es ver El Padrino como una crónica sobre la vida mafiosa. En tal sentido, los criminales organizados la han venerado y un ejemplo es el narcotraficante Pablo Escobar, el gran capo colombiano. En el estudio biográfico LA PARÁBOLA DE PABLO de Alonso Salazar J. (Planeta Colombiana, 2001), se recoge este comentario:

“Su hermano, el Osito, subraya la admiración de Pablo por la personalidad del Padrino, el personaje de Puzzo. Pablo – analista, no reactivo, frío, calculador – actuaba según las enseñanzas de don Vito Corleone, ‘Nunca te enojes. No profieras amenaza alguna. Razona con la gente.’ El arte del razonamiento consistía en pasar por alto todos los insultos, todas las amenazas; algo así como poner la otra mejilla. Callar y esperar en silencio la venganza es el comportamiento adecuado. El hombre que habla mucho no dice nada, el que habla poco es sabio. Los mafiosos, hombres de respeto, rumian, meditan y son capaces de guardarse para sí mismos lo que saben. En la concepción de la mafia siciliana el contraste negativo lo hacen las mujeres que son charlatanas y chismosas.

Pablo, juicioso aprendiz de esas lecciones, no pronunciaba malas palabras, trataba bien a la gente. ‘Hasta para hacer matar era tranquilo’, dicen. También era zanahorio, en asuntos de vicio sólo se le conoció la debilidad, por la marihuana. Se veía caminar por Nápoles o por cualquiera de sus casas, tarde de la noche, fumándose un vareto. En lo que Pablo y la mayoría de los capos colombianos no se parecían a los capos italianos era en el asunto de la fidelidad. Mientras el Padrino predica con fervor que es fiel a la esposa, los duros de Medellín organizaban rumbas y se encargaban quince, veinte o treinta mujeres.” (p. 162)

En efecto, el Padrino Corleone transmite una “ética de la jefatura”. Por más que se trate de un criminal, Vito o su hijo Michael Corleone son, por sobre todo, líderes, hombres de responsabilidad. El Padrino I muestra a Vito Corleone ya en la cima del poder y cómo intentan quitarlo del medio para implantar un novedoso negocio, el tráfico de estupefacientes. Su hijo Michael, al margen del negocio familiar, termina asumiendo la sucesión. En la Parte I se muestran las conductas de Vito y Michael que les permiten sobrevivir: un gran control emocional, el manejo de los silencios y su talento como negociadores. Sólo recurren a la violencia y la fuerza como último recurso. Es en la Parte II cuando Michael nos transmite las enseñanzas de su padre directamente verbalizadas:
  • “Quienes les rodean son ‘hombres de negocios’”. La célebre frase en El Padrino según la cual “no es nada personal, son sólo negocios”, es una pauta recurrente. Se deja a un lado la emoción y se toman decisiones razonadas, anteponiendo el interés al sentimiento. El Padrino intenta entender qué están pensando sus interlocutores y subordinados, qué quieren y saca ventaja de ese cuidadoso estudio. La intuición del poder la maneja a cabalidad Vito, incluso en sus difíciles comienzos, retratados en la Segunda Parte. Esto dista de significar que el Padrino carezca de emociones. Las tiene e intensas, especialmente hacia su familia. Mas lo que le distingue frente a sus subordinados es la capacidad para controlar esa emocionalidad. Santino “Sonny” Corleone es el hijo de Vito incapaz para el poder precisamente por eso: resulta imposible negociar con él, ya que se entrega a la ira.
  • “Mantén cerca a tus amigos y aún más próximos a tus enemigos”. Michael Corleone se aproxima estrechamente a HymanRoth, el gran enemigo en la segunda entrega. Fingirse amigo y cercano es preciso para ese duro trabajo que es el poder. Si algo muestra el Padrino es que mandar es una de las ocupaciones más exigentes que hay. Algo que transmite magistralmente la actuación de Marlon Brando, Al Pacino y Robert de Niro, encarnando a Vito anciano, Michael y Vito joven es una intensa y sostenida actividad mental.
  • “Nada es imposible. Si algo demuestra la historia es que se puede matar a cualquiera”. El súmmum de la lógica mafiosa. El Padrino jamás se detiene en sus objetivos y se lleva por delante a sus enemigos, sea quien sean. El manejo de la crueldad tiene unos tiempos que Vito y Michael entienden. Jamás se les ve agresivos en una negociación y siempre están dispuestos a hacer concesiones. Ahora bien, llegados al momento en que es preciso usar la violencia, se procede sin cortapisas y con precisión.
Cualquiera que obvie la sangre y los crímenes, podrá ver en las reuniones del Padrino un modelo para negociar efectivamente. Es más, me atrevería a sugerir el Padrino a quienquiera que tenga ambiciones de mando. Al fin y al cabo, El Padrino es sencillamente un hombre con poder. Lamentablemente su mundo criminal es menos civilizado de lo que parece en la película y muchos mafiosos cometen atrocidades peores que las mostradas en la película. El propio Pablo Escobar fue un ejemplo y cuando perdió la capacidad para manejar económicamente la violencia, sencillamente cayó.

Esa primera lectura del Padrino desde el poder pierde algo. Si se puede encontrar algo que hace maravilloso al Padrino es su componente humano. El Padrino es sencillamente un relato sobre la vida familiar. Si algo está todo el tiempo presente en esas maravillosas películas son las emociones familiares. Vito logra, con magnetismo personal y con una esposa más consecuente hacia su patriarcado, mantener cierto orden y felicidad en su entorno. Michael, menos simpático, sometido a enemigos más poderosos, unos hermanos desequilibrados y a una cónyugeinsumisa, termina confrontando la gran tragedia: en su deseo por ser duro y firme, se le escurre entre los dedos esa familia por la cual ha hecho tanto. Michael es el personaje más dramático de El Padrino: de joven, ha optado por servir a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y se proclama contrario a participar en el negocio familiar; es cuando percibe que ninguno de sus hermanos podrá salvar la vida de su padre Vito, quien yace convaleciente tras un atentado, que Michael se entrega al mundo mafioso y liquida por su propia mano al narcotraficante quien intenta exterminar a su padre. Un momento sublime en la película, que fue incluido por Coppola al estar ausente en la obra de Puzo, es cuando Vito confiesa a su hijo que nunca quiso esa vida para él y Michael le dice que ya llegará la hora en que los Corleone serán una familia legítima. Algo que al final nunca ocurrirá y Michael sufrirá traiciones recurrentes. Si algo impresiona en la Segunda Parte de El Padrino es la continua presión en negocios y familia a que está sometido Michael. Si un personaje encarna la soledad a que conduce el poder es precisamente Michael, el universitario quien acaba metido en la mafia por su familia y la acaba perdiendo.

Ha habido familias mafiosas en toda la historia universal.Puzzo legó como último relato una de origen española y en pleno Vaticano: Los Borgia. En el caso venezolano, lo más parecido fue la familia de Juan Vicente Gómez, el gran dictador andino. Lejos de ser un asunto estrictamente latino,hay un caso arquetípico en la historia estadounidense: Joseph Patrick “Joe” Kennedy. De raíces irlandesas y también católico como los Corleone, Joe personificó el sueño mafioso estadounidense. También traficó con alcohol cuando esta droga – probablemente la más peligrosa socialmente – era la cocaína de su época, inútilmente ilegalizada. Logró riqueza, mas en su mente había más que ese objetivo. Siguiendo a Edward Klein en A MALDIÇAO DOS KENNEDY (en inglés THE KENNEDY CURSE y traducido al portugués por EdiouroPublicaçoes en 2003), se tiene este perfil (traduzco al castellano):

Joseph Kennedy ansiaba poder y prestigio, tal como algunos hombres ansían alcohol y drogas. Afortunadamente para él, provenía de una determinada era de la historia estadounidense que recompensaba al infractor de las normas que fuese talentoso y ambicioso. Él estableció el apellido Kennedy a través del continente entero – de Wall Street a Hollywood, y hasta Washington. Sus impresionantes conquistas deberían haberle permitido una gran dosis de satisfacción y contento. En vez de eso, él hallaba que sus éxitos nunca eran suficientes.” (p. 102)

Igual que los Corleone, Joseph raramente bebía –“la bebida era para ser vendida, raramente ingerida” (p. 103)-, precisamente para mantener el control emocional. Exitoso en los negocios y trabajando luego para el gobierno – a él debemos las primeras exitosas reglamentaciones de la SEC para detener el fraude en mercados financieros -, se malogró su carrera al ver con miopía el peligro representado por Hitler y enfrentarse sobre tal asunto a Franklin Delano Roosevelt. La meta de Joe, ser presidente de Estados Unidos, tendría entonces que ser conseguida por sus hijos y ya sabemos el trágico resultado de este empeño paternal. Cual Michael, en su lucha por el poder Joe acaba perdiendo la familia: sus tres hijos mueren, siendo dos de ellos asesinados – John como Presidente y Robert como candidato.

La mayoría de los hombres anhelan poder, mas si algo es claro en estos relatos ficticios como El Padrino o historias reales como las de Joe Kennedy o Pablo Escobar, es que el poder demanda esfuerzos sobrehumanos para conseguirlo y para mantenerlo. Si esto ya consume tiempo, imagínese si el objetivo es hacer algo socialmente provechoso con ese poder. El poder es una responsabilidad dolorosa, si bien, como dice un personaje en la tercera entrega del Padrino, “sólo se cansa del poder quien no lo tiene”.
                                                      

Madrid, Septiembre de 2012
carlosurgente@yahoo.es
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