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Gabriela Calderón
El mito del gasto público
Según la Presidencia, en Ecuador entre el 2006 y 2007 el gasto social creció un 34%, "beneficiando a los más pobres". En realidad es solo la continuación del crecimiento del gasto público.
Actualizado 12 febrero 2008  
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Gabriela Calderón   
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El Premio Nobel de Economía, James Buchanan, nos enseñaba que en una democracia la toma de decisiones públicas está sujeta a la presión de grupos de intereses especiales, por ejemplo, los sindicatos, los empresarios que quieren protección estatal porque no quieren competir en el mercado internacional o los distintos ministerios que buscan acrecentar su presupuesto. Estos grupos, en su pelea por repartirse el pastel del presupuesto nacional, suelen valerse de la excusa más efectiva para lograrlo: el "gasto social que beneficiará a los más pobres".

Un gasto social mayor no significa menor pobreza. El economista mexicano Roberto Salinas León resume el mito del gasto social en dos puntos: (1) Aumentarlo no crea riqueza, solo la transfiere de un lugar a otro y para reducir la pobreza hay que crear riqueza. (2) El problema no es la cantidad de recursos sino el desperdicio de ellos por la mala gestión de las entidades públicas. Salinas León indica que en México el aparato estatal consume 75% del "gasto social" (debería llamarse "gasto burocrático").

Veamos por qué la administración más no la cantidad de los recursos es el problema: entre el 2003 y 2007 el "gasto social" en Ecuador creció en el 129,7%, en otras palabras, más que se duplicó en cuatro años. Si observamos por separado cada ministerio involucrado en este "gasto social" vemos que las tasas pueden ser aún más impresionantes: entre el 2004 y 2007 el presupuesto del Ministerio de Bienestar Social creció en el 431,7%, el de Desarrollo Urbano y Vivienda en el 214,3%, el de Educación en el 64,7%, el de Salud en el 76,8% y el de Trabajo en el 148,2%. Si consideramos al "gasto social" como una industria más, creo que es correcto aseverar que no hay ninguna otra industria en el país que haya experimentado un boom similar en los últimos años.

El primer año del mal llamado "gobierno de la revolución ciudadana" debería llamarse "gobierno de la revolución burocrática", ya que se ha acrecentado de manera considerable el gasto público sin mejorar los sistemas de rendición de cuentas. Lo peor de todo es que este incremento en el gasto no fue a los bolsillos de los más pobres sino de los asalariados en los distintos ministerios: por ejemplo, para junio del 2007 el Ministerio de Educación y el de Salud gastaron 74% y 50%, respectivamente, de su ingreso en personal.

Presentarles a los ecuatorianos cifras de lo que se ha gastado en lo "social" como un triunfo para los más pobres es una cruel broma. El triunfo en la gestión de un gobierno se debe medir con resultados concretos como: crecimiento económico, reducción de la pobreza, acceso a servicios básicos, acceso a una vivienda, etcétera. El Gobierno se limita a presentarnos con lo equivalente a un reporte de gastos. ¿Será que al momento de hacer el informe no tenían resultados positivos que mostrar?

Sin embargo, vemos que: Ecuador crece a un triste 2,65%, mientras que Perú creció en el 7% y Colombia en el 6,6%. También que el costo de bienes de consumo popular aumenta   sin que se aumenten simultáneamente las oportunidades para que los ecuatorianos ordinarios se saquen a sí mismos de la pobreza.

Fuente: Instituto Ecuatoriano de Economía Política.

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